Siete meses debió esperar la famila de Joane Florvil, la ciudadana haitiana que el año pasado falleció en extrañas circunstancias tras ser detenida por el supuesto abandono de su hija dos meses de vida, para recibir su cuerpo.

El miércoles 30 de agosto de 2017, Joane fue apresada y acusada de abandonar a su pequeña hija en la Oficina de Protección de Derechos (ODP) en Lo Prado. La mujer intentó explicar a los funcionarios de la 48va Comisaría de la Familia que había ido al lugar a pedir orientación tras sufrir un robo y que encargó el bebé a un guardia, mientras buscaba ayuda. Pero nadie le entendió. O nadie quiso escucharla.

La última fotografía de Joane en pie, fue tomada mientras era detenida, con su rostro bañado en lágrimas. Su última foto en vida, retrata su paso por el hospital. Entre una imagen y otra, la mujer sufrió tal nivel de discriminación e indiferencia al intentar defender su inocencia sobre el caso de su hija, que terminó falleciendo por “fallo hepático fulminante” en un confuso incidente mientras estaba bajo la custodia policial.

El caso estremeció al país y develó las injusticias en torno a los inmigrantes pobres en nuestro país. Pese a esto, la situación no cambió. Recién este martes 8 de mayo, el cuerpo de la madre haitiana será repatriado a Puerto Príncipe tras siete meses en el Servicio Médico Legal, cerrando uno de los capítulos de la lucha que su marido ha venido librando desde que Joane fue apresada.

El envío del cuerpo de la haitiana se logró tras una gestión del gobierno chileno y de la Misión en Chile de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), coordinada además por representantes de la familia y el viudo de la occisa.

“Junto con lamentar la muerte de Joane Florvil y el doloroso impacto para su familia y seres queridos en Chile y Haití, valoramos este esfuerzo conjunto (…) del cierre de la historia con un final largamente esperado, siendo este que descanse en paz en su tierra natal”, expresó la OIM en un comunicado

Este domingo, el cuerpo de Joane fue despedido en una ceremonia ecuménica en la Iglesia Metodista de Chile, ceremonia encabezada por el sacerdote José Tomás Vicuña, director del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM). “Ha sido muy profundo acompañar a estas personas que han sufrido mucho, pero no por rencor u odio, más bien desde el perdón buscan justicia”, dijo el cura.