Conocido es el momento por el que pasa una de las comunas mejor localizadas de la capital. Hablar de guettos verticales se transformó en un lugar común, donde más de una autoridad ha usado el término para referirse a una realidad sociocultural que oculta una cruel verdad; o más bien, que describe un país donde el mercado segrega y fragmenta el tejido social, a cambio de la acumulación de renta y la especulación inmobiliaria.

Hace un par de semanas nos enteramos de la aprobación del plan seccional con el que la municipalidad de Estación Central modifica 260 hectáreas de su Plan Regulador Comunal. Este instrumento, a diferencia de la mayoría de sus vecinos del área metropolitana, no tiene su origen en el mismo municipio, si no en el de Santiago, lo que explica, en parte, la pasividad con que han actuado sus autoridades en torno a la planificación territorial y el desarrollo urbano de este sector de la ciudad.

Históricamente Estación Central ha sido la puerta de entrada a la capital. Cruzada por una vía férrea que se extiende hacia el sur, su carácter fue forjado al ritmo de oleadas migratorias dieron forma a una revolución agro-industrial en pleno siglo XX. Tener en contexto aquello es fundamental, porque a medida que la migración campo-ciudad fue mutando, la comuna se nutrió de diversas expresiones culturales y sociopolíticas que marcaron a pulso el estilo de vida de sus habitantes.

Una muestra de lo anterior son los numerosos barrios que componen la comuna. ¿Qué más emblemático que poblaciones y villas como Chuchunco, Nogales, Portales, Santiago, Francia o Alessandri? Éstas, con la impronta del movimiento obrero, dieron vida a una comuna llena de hitos, que hoy son olvidados cuando hablamos de conservación del patrimonio, o, sobre todo, cuando proponemos que la participación ciudadana sea la piedra angular de toda política pública que implique desarrollo y bienestar para la población.

Bajo este escenario, ¿qué pasó con dicho plan seccional? ¿la comunidad incidió en su elaboración? Según el Decreto Alcaldicio N°366, del pasado 19 de abril, así fue. Pero lo que sabemos, más allá de las formalidades, es que esta participación se redujo a exposiciones y a audiencias públicas (realizadas a mediados de 2017) en las que participaron no más de 53 personas en promedio. Si bien el decreto señala la consulta al COSOC, tampoco se sabe si este órgano representativo de la comunidad ingresó indicaciones relevantes, ello además de la disminución de alturas en el eje Alameda Poniente y Sector ex-Quinta Normal, éstas, propuestas por SECPLA en 2016.

Entonces, ¿qué pasó realmente considerando la premura del municipio por corregir su propia indolencia ante la avanzada de los intereses inmobiliarios en la comuna? ¿por qué no se dió inicio a una Plan Regulador Comunal que efectivamente normara los usos de suelo de toda la comuna, y no sólo de un sector que ya fue depredado? Sin duda el esfuerzo realizado para la elaboración de esta modificación debe ser valorado, pero luego de tanta pasividad, ¿no sería hora de hacerse cargo de todo el territorio? Esto es fundamental pensando en la urgencia de revertir la exclusión de los sectores vulnerables, pues a través de la promoción de servicios de calidad y prestaciones que hagan más accesible la ciudad, es posible concebir ésta como un derecho y no un privilegio. Veamos si la actual administración está a la altura y posee voluntad política para promover una gestión que hagan de Estación Central una comuna modelo a nivel nacional en lo que a planificación urbana se refiere.

 Jazmín Aguilar Ortiz, Consejera Regional RM.

Rodrigo Martínez Hermosilla, Coordinador RD Estación Central.

Stefano Baeza Alarcón, Sociólogo y Planificador Urbano