En el contexto de múltiples movimientos feministas en diversas casas de estudio, muchas convocatorias han sido exclusivamente a mujeres, con tomas que se desarrollan solo entre mujeres, con votaciones en las cuales solo se cuentan los votos de las mujeres y con decisiones políticas tomadas solo por ellas. Esto, ha levantado mucha resistencia entre hombres e incluso mujeres, aduciendo a que sólo se les separa de la lucha, mientras lo que se necesita es que sea un proceso convocante y de mayorías.

Sin embargo, si observamos cómo se desenvuelve este fenómeno, vemos que gran parte de los hombres que están interesados en la materia al interior de las universidades, han acatado sin problema las medidas y han encontrado formas de contribuir: han levantado guarderías, comedores comunes, votos simbólicos para alcanzar quorum e instancias paralelas para hablar de masculinidades y de la necesidad de deconstrucción de las dinámicas patriarcales.

Es importante que entendamos, que la existencia de determinados espacios exclusivos de mujeres no tienen como objetivo marginar a los hombres de esta lucha, sino que propiciar instancias de discusión y de deliberación en un ambiente de confianza, sororidad y complicidad que sería difícil de alcanzar en un espacio mixto, producto de los temas por abordar -violencia sexual y discriminación, testimonio y reflexiones- con especial atención a la distinta forma en que hemos sido socializadas y a los diferentes estereotipos de género a los que cada quien obedece.

Por otra parte, el apoyo y la incumbencia que los hombres pudieran tener en estos movimientos, no puede ni debe medirse en tanto asistan o no a una asamblea o toma, sino en cómo se vuelven aliados en un proceso liderado por quienes somos el sujeto histórico de esta lucha. Necesitamos hombres cuestionando sus privilegios y renunciando a ellos, hombres capaces de reflexionar sobre estereotipos y dejando de replicarlos, hombres dejando de exigir ser escuchados en una asamblea que se referirá a nuestra opresión, hombres que entiendan la necesidad de romper con la complicidad machista, hombres que se atrevan a disentir del mandato masculino del protagonismo, hombres entendiendo que su aporte será apoyando en espacios logísticos, de difusión y sobre todo de deconstrucción de prácticas arraigadas en nuestra cultura, y que nos han llevado a levantar estas banderas para exigir que no se nos siga violentando.

En definitiva, no se les está negando la posibilidad de participar sino que se está cuestionando la forma en la que puedan hacerlo, y que en este caso, se materializa precisamente dejando de participar del modo en el que siempre se ha entendido la presencia de los hombres, y empezando a hacerlo en los que se entienden como nuestros.

Hombre que creen en el feminismo: hoy tu mensaje se escucha más fuerte al guardar silencio, dándole espacio a nuestras palabras y haciéndote cargo de deconstruir tus propios yugos y los que por siglos nos han hecho padecer.


Francisca Millán Zapata es Abogada en DDHH y Género. Consejera Política Nacional por Frentes de Revolución Democrática y Daniela Carvacho es Militante de Revolución Democrática.