Hoy, catorce de mayo, ya pasado el mediodía, el candidato del independentismo catalán responde a sus contradictores unionistas, en la etapa final del pleno de investidura. En pocos minutos se realizará la votación y Quim Torra será elegido president del Govern de Catalunya. Para llegar a este punto, ha pasado mucha agua bajo el puente. Agua que arrastra prisión política, exilio, represión y persecución.

El camino hasta este punto ha resultado largo, tortuoso y por momentos, con acciones de parte del gobierno de Mariano Rajoy, que no se veían desde la época franquista y que ha puesto en serio entredicho a la democracia española.

Esta senda fija su punto de partida hace más de una década, en que se observa el agotamiento de la vía de profundización de la Autonomía de Catalunya, pero en lo inmediato el camino a la independencia tiene tres etapas claramente diferenciadas.

La primera fase del llamado “procés” que empuja a Catalunya hacia la independencia, se inicia formalmente con la conformación de una mayoría independentista y republicana, luego de las elecciones autonómicas del año 2015, que fueron asumidas como plebiscitarias, después de que el Estado rechazara un referéndum legal sobre la independencia. En esa ocasión, la Candidatura de Unidad Popular (CUP) forzó el reemplazo del cabeza de lista, Artur Mas, por Carles Puigdemont, quien fue investido presidente. El eje central del programa de Gobierno era la realización de ese referéndum en que el pueblo de Catalunya se pronunciaría sobre tan trascendental iniciativa.

Desde ese momento, hasta el día 1º de octubre del 2017, el Govern intentó por todos los medios pactar con el Gobierno central del Partido Popular (PP) la realización de esta consulta, frente a lo cual solo recibió un portazo. El 1º de octubre ambas fuerzas se desplegaron a lo largo y ancho del territorio catalán. Los independentistas con urnas y papeletas de voto clandestinas ocuparon los centros de votación e instalaron las mesas que tempranamente comenzaron a recibir a los electores. Por contrapartida, la Guardia Civil y la Policía Nacional intentando bloquear a los dos millones trescientos mil catalanes que salieron a la calle para pronunciarse. La represión fue indiscriminada y brutal, y las imágenes difundidas hablan por sí solas. Lo concreto es que participó el 43% del padrón electoral, pero en un clima de terror y criminalización por parte del Gobierno de Madrid. El resultado fue que un 90% de los electores se pronunció a favor de la independencia, en una jornada épica. Así, el 27 de octubre, fue proclamada la Independencia de Catalunya, el mismo día en que el senado español, con los votos de la derecha y el PSOE, aprobaba la aplicación del artículo 155 de la Constitución del 78, que implica la suspensión de la Autonomía y la intervención del Gobierno central.

La segunda etapa de este proceso tiene sus antecedentes en el periodo que va desde el 1º de octubre hasta la proclamación de la Independencia. En esa etapa Puigdemont intentó actuar en dos frentes: las gestiones frente al Gobierno en Madrid y en el seno de la Unión Europea. El primero resultó infructuoso, en tanto el PP había formado una alianza estrecha con Ciudadanos (C’s, el otro partido de derecha en España) y con el PSOE, lo que se explica por el hecho de que ambos, PP y PSOE, son los arquitectos del pacto del 78 y la Constitución resultante. Esa misma mayoría, reflejada en el parlamento europeo, bloqueó toda posibilidad de que la naciente república encontrara algún apoyo en Europa, a excepción de algunos sectores minoritarios de izquierda. La Europa de Juncker se opuso a cualquier iniciativa de promover un diálogo entre las partes.

La aplicación del 155 desató una potente ofensiva del Gobierno de Rajoy en contra de los independentistas, que incluso intentó en una acción efectista apresar al President Puigdemont, quien logró refugiarse con parte de su Govern en Bruselas. Los restantes dirigentes políticos y sociales fueron apresados y hasta el día de hoy se encuentran en distintas cárceles del territorio español.

El Govern catalán, ahora controlado desde Madrid, se ve enfrentado a la convocatoria a elecciones autonómicas para el día 21 de diciembre, en las cuales, y a pesar de las condiciones de excepción que se vivían, que implicaban que los dirigentes independentistas se encontraban en prisión o en el exilio, las fuerzas soberanistas alcanzaron nuevamente la mayoría parlamentaria, a pesar del triunfo individual de C’s. El paso siguiente fue el intentar formar Gobierno, lo cual enfrentó dos tipos de obstáculos. Por una parte, cerrar un pacto entre las distintas fuerzas independentistas que van desde la derecha de Junts per Catalunya (JxC) hasta la Izquierda de la CUP, pasando por Esquerra Republicana, lo que resultó infructuoso, dadas las diferencias tácticas entre las distintas fuerzas. Por otra parte, el sistema judicial actuó de la mano con el Gobierno del PP, encarcelando a los candidatos posibles o evitando que pudieran postular a la investidura.

La tercera etapa se ha iniciado hace pocas horas. Quim Torra, un político de segunda línea de JxC, y que por tanto no estuvo en la mira de la persecución judicial, con una tradición de radicalismo nacionalista, pero con un cierto aire conservador dentro de su partido, ha resultado electo president de la Generalitat de Catalunya, con los votos de JxC y Esquerra, y la abstención de la CUP.

Los desafíos fundamentales del nuevo Govern son dos. El primero es sobrevivir a la ofensiva política, policial y judicial que la derecha española ya prepara. Quim Torra no está imputado por delito alguno, en tanto no era una figura de primera línea en la etapa anterior, pero se mueve en la delgada cuerda floja que supone seguir avanzando hacia la independencia de su país, sin caer en alguna causal de inhabilitación o, si se da el caso, ser capaz de asumir la desobediencia, como pide la CUP. El segundo es lograr transformar la mayoría parlamentaria del independentismo en mayoría social. Actualmente, el porcentaje de diputados con que cuenta es del 51,9%, pero el porcentaje de votos recibidos es del 47,7%. Esto, como resultado del sistema electoral vigente. Si bien parte importante de la población manifiesta su reticencia a participar de una definición abierta sobre la independencia, si no es en un marco de acuerdo con el Gobierno central, y que podría engrosar el volumen de votos del independentismo, el alcanzar una mayoría de votos es una meta ineludible para las fuerzas que le siguen.

La tercera etapa de este largo camino se ha iniciado y Quim Torra, como presidente provisional, marcará sus derroteros. Deberá luchar por un programa de Estado social, por la normalización de las instituciones una vez que se levante el 155 y por el retorno del President en el exilio, Carles Puigdemont.

La tarea es grande, pero todo indica que la independencia de Catalunya es un camino sin retorno.


Economista