Señora Directora:

Hace pocos días se dio a conocer el último estudio sobre el índice de calidad de vida urbana (ICVU) que llevaron a cabo la Facultad de Arquitectura de la UC y la Cámara Chilena de la Construcción (CChC). Dicho estudio es encabezado por la comuna de Providencia, sin embargo llama la atención el alza experimentada por la comuna de San Miguel, la cual subió del lugar 40 al lugar 5. En una primera lectura este resultado es sorprendente considerando lo abrupto del ascenso (35 lugares) y que aquella percepción no se ve reflejada en el día a día de quienes vivimos en la comuna.

Tal fue el impacto de esta alza que el ministro de Vivienda, Cristian Monckeberg, calificó a la comuna como “un buen ejemplo de la regeneración urbana, modelo que el gobierno pretende implementar”. No obstante aquello, y cotejando el mencionado estudio con el mismo que se realizó hace un año, podemos identificar otras razones que explican el lugar ocupado en el ránking, y dicen relación con las variables utilizadas.

El mayor salto experimentado por la comuna dice relación con la dimensión “conectividad y movilidad” en la cual se subió del 38,7 el 2017 a un 90,6 el 2018. Este abrupto incremento se explica en buena parte por la omisión de variables que en el estudio del año pasado se consideraban, como por ejemplo la percepción de la ciudadanía en relación al estado de las calles, de las veredas y de la congestión vehicular, además del porcentaje de habitantes que trabaja en la misma comuna en la que reside. Otro salto importante se dio en la dimensión “vivienda y entorno”, en el cual se subió de un 39,7 el 2017 a un 54,2 el 2018. En este ítem se omitió también la percepción ciudadana considerada el año anterior en relación a la calidad de sedes o lugares para el encuentro, la sensación de seguridad y presencia de perros vagos.

En síntesis, lo que se intentó mostrar con el cambio en la ponderación de variables de un año a otro es la “cara bonita” del progreso, metiendo bajo la alfombra las externalidades negativas que la nula planificación urbana conlleva. El boom inmobiliario ha permitido que lleguen a vivir nuevas personas a la comuna, pero ha afectado la calidad de vida de gran parte de la población de San Miguel, toda vez que las grandes torres tapan el sol en varios sectores, el sistema de alcantarillado se encuentra colapsado. Existen problemas de presión de agua, congestión vehicular y saturación de servicios producto de un crecimiento que se dejó al arbitrio del mercado y no fue en ningún caso planificado.

Sí. San Miguel, pese a todo, sigue siendo un buen lugar para vivir. Pero lo es por su gente, por su historia, por su patrimonio material e inmaterial y no por un mal entendido progreso, ni porque los intereses inmobiliarios que están detrás de este estudio quieran posicionarnos para así atraer compradores para sus proyectos.