Que el trabajo es una mercancía lo sabemos desde Smith.

Ahora, que tenga que ser la más barata posible lo van a confirmar -con sudor y lágrimas- los más jóvenes de nuestros trabajadores.

Estamos en plenos tiempos mejores.

¿Qué propone Piñera en sus tiempos para los jóvenes chilenos?

Precisamente eso. Que son una mercancía y que mientras más barata mejor.

De hecho, no ha perdido tiempo. Presuroso -como quien arranca de algo- ha presentado un proyecto de ley para el trabajo juvenil que ya se habría querido Augusto.

Y es que en sus oscuros días -con José Piñera de ideólogo- Pinochet excluía de la aplicación de cualquier derecho laboral a los trabajadores que tuvieran la calidad de estudiante práctica.

Exclusión que por décadas ha sido fuentes de abusos laborales y de fraudes, de empresas que prácticamente han funcionado en base a alumnos “en práctica”, sin tener que pagar salarios, ni descansos ni esas minucias que suelen entorpecer el emprendimiento. Sí colación y movilización porque de lo contrario sería lo que parece: esclavitud.

Pero faltaba completar la obra. Y Piñera ha decidido hacerlo.

Propone para los jóvenes de 18 a 24 años un contrato de trabajo para estudiantes de estudios superiores que apenas merecerá ser llamado como tal.

Entre otras joyas regulatorias se contempla:

-Que los trabajadores sometidos a este nuevo contrato de trabajo “no podrán impetrarse las indemnizaciones establecidas en los artículos 161 y 163 de este Código”. O sea, ni corto ni perezoso “los tiempos mejores” dejan a estos trabajadores sin un derecho histórico: la indemnización por termino de contrato por decisión empresarial. Un derecho histórico de los trabajadores de un plumazo en el tacho de la basura.

Pocas dudas caben que el gobierno de Piñera pretende hacer en este caso una operación de sondaje del que -a las luces de sus mandantes empresariales- es en realidad un objetivo acariciado por años: echar mano a la indemnización por termino de contrato de trabajo de todos los trabajadores. Y reemplazarlo por un deslucido e irrelevante seguro de desempleo como el ya vigente en Chile.

-Que los trabajadores de este tipo podrán ser contratados “a plazo” al infinito y no se producirá el efecto previsto en la ley vigente de transformarlo en indefinido a partir de su segunda renovación. Se trata de la mas descarada forma de “legalizar” lo que en el Código del Trabajo es considerado un fraude: esconder la relación laboral indefinida en contratos a plazo sucesivos entre las mismas partes.

Así, por ejemplo, para graficar de que estamos hablando, un trabajador que inicio su vida laboral a los 18 años, a los 24 podría haber enganchado según el proyecto de Piñera, 72 contratos a plazo fijo de un mes. Y no se transformará en contrato indefinido, ni de lugar a indemnización por termino de contrato. Flor de fraude.

Y como los “tiempos mejores” no son austeros cuando de recorte de derechos se trata, eso no es todo. Se pretende dejar sin fuera maternal a las trabajadoras que se desempeñen bajo las reglas de su proyecto de ley. Y es que ese fuero -que protege al que esta por nacer- se terminaría automáticamente -propone Piñera- con el vencimiento del plazo del contrato, sin necesidad de recurrir a la autorización judicial, como ocurre hoy con la ley vigente.

Todo muy pro-vida, como se ve.

En resumen, se expropia a los trabajadores afectados a este “estatuto de la precariedad” de derechos laborales históricamente construidos para proteger al más débil de la relación laboral, para dejar las cosas en sentido inverso: proteger al más fuerte.

La justificación será el lugar-común de siempre: el empleo. Sin datos relevantes, por supuesto, que avalen esa conexión tan popular entre nuestros neoliberales criollos: menos derechos, más empleos. El efecto que si sabemos que se producirá será que trabajadores jóvenes que hoy tienen esos derechos, verán sus ya sus precarias condiciones empeoradas.

Al fin, hemos descubierto al fin de que se tratan los tiempos mejores.

No era un slogan vacío de un publicista pelmazo.

Los” tiempos mejores” tienen aroma a pasado.

A siglos atrás. Antes que se aceptará que el trabajo es mercancía, pero también dignidad.

Porque nos guste o no, detrás de la mercancía hay indefectiblemente una persona.


Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad de Chile. Doctor en Derecho del Trabajo, Universidad de Salamanca. Académico de la Facultad de Derecho UDP