Los 34 obispos chilenos que fueron citados al Vaticano, en el marco del caso Karadima, recibieron para su lectura y reflexión el pasado martes 15 un documento de 10 carillas de manos del papa Francisco. Una lectura que sin duda fue compleja, ya que contiene un duro diagnóstico del momento que vive actualmente la Iglesia Católica en Chile.

La misiva, cuyo contenido trascendió durante esta jornada, parte refiriéndose a la “misión especial” que llevó a cabo el arzobispo de Malta Charles Scicluna en el mes de febrero, la cual según el Sumo Pontífice buscaba ayudar “a tratar adecuadamente una herida abierta, dolorosa y compleja que desde hace mucho tiempo no deja de sangrar en la vida de muchas personas”.

Según publicó T13.cl, el documento afirma que la Iglesia chilena “se ensimismó de tal forma que las consecuencias de todo este proceso tuvieron un precio muy elevado: su pecado se volvió el centro de atención. La dolorosa y vergonzosa constatación de abusos sexuales a menores, de abusos de poder y de conciencia por parte de ministros de la Iglesia, así como la forma en que estas situaciones han sido abordadas, deja en evidencia este ‘cambio de centro eclesial’”.

“Es sintomático notar en el informe presentado por la ‘Misión especial’ que todos los declarantes, incluso los miembros del Consejo Nacional para la Prevención del Abuso de Menores de Edad y Acompañamiento de las Víctimas, han señalado la insuficiente atención pastoral prestada hasta el momento a todos los que se han visto envueltos, de un modo u otro, en una causa canónica de delicta graviora (delitos graves)”, continúa la carta.

Respecto a la solución de estos problemas, el Sumo Pontífice sostiene que ello no se logra “solamente abordando los casos concretos y reduciéndolos a remoción de personas; esto –y lo digo claramente- hay que hacerlo, pero no es suficiente, hay que ir más allá”.

“Confesar el pecado es necesario, buscar remediarlo es urgente, conocer las raíces del mismo es sabiduría para el presente-futuro. Sería grave omisión de nuestra parte no ahondar en las raíces. Es más, creer que sólo la remoción de las personas, sin más, generaría la salud del cuerpo es una gran falacia”, agrega el texto papal.

El informe del arzobispo Scicluna

El documento contiene además parte de las conclusiones del informe realizado por el arzobispo de Malta y el sacerdote español Jordi Bertomeu, tras su visita a Chile.

“Mis enviados han podido confirmar que algunos religiosos expulsados de su orden a causa de la inmoralidad de su conducta y tras haberse minimizado la absoluta gravedad de sus hechos delictivos atribuyéndolos a simple debilidad o falta moral, habrían sido acogidos en otras diócesis e incluso, en modo más que imprudente, se les habrían confiado cargos diocesanos o parroquiales que implican un contacto cotidiano y directo con menores de edad”, señala el Papa.

A renglón seguido, expone que la investigación “demuestra que existen graves defectos en el modo de gestionar los casos de delicta graviora que corroboran algunos datos preocupantes que comenzaron a saberse en algunos Dicasterios romanos. Especialmente en el modo de recibir las denuncias o notitae criminis, pues en no pocos casos han sido calificados muy superficialmente como inverosímiles lo que eran graves indicios de un efectivo delito”.

El papa Francisco dijo sentir vergüenza por las declaraciones que “certifican presiones ejercidas sobre aquellos que debían llevar adelante la instrucción de los procesos penales o incluso la destrucción de documentos comprometedores por parte de encargados de archivos eclesiásticos, evidenciando así una absoluta falta de respeto por el procedimiento canónico y, más aún, unas prácticas reprobables que deberán ser evitadas en el futuro”.

Puede leer el documento íntegro en este link.