Cuando este viernes en la cuenta pública el presidente Sebastián Piñera empezó a recitar el apartado titulado “Nuestros Valores y Principios” dijo que “el progreso de una nación depende de la imaginación, la creatividad y el esfuerzo de individuos libres y responsables, familias sanas y fuertes (…)”. Luego, en uno de los momentos álgidos de su discurso enfatizó: “¡Digámoslo con claridad! Necesitamos familias fuertes y sanas para cumplir con su insustituible y valioso rol en nuestra sociedad”.

Hasta en 28 oportunidades distintas Piñera repitió la palabra “familia”, que se convirtió en una ancla del mensaje presidencial entregado esta mañana, una palabra que incluso se llegó a ocupar como sinónimo de “ciudadanía”, “pueblo”, o “chilenos y chilenas”, una intencionalidad clara en colocar este concepto al centro de su retórica.

“La familia” fue una de las ideas más repetidas a lo largo de las dos horas de intervención del mandatario. Aunque el único anuncio concreto sobre el tema fue el cambio de nombre del Ministerio de Desarrollo Social a Ministerio de la Familia y Desarrollo Social, Piñera ocupó el concepto para hablar de derechos de los niños, de la agenda de mujer, de educación, seguridad y crecimiento económico.

“Vincula la idea de progreso a la familia. El progreso es un concepto de principios del siglo XX, cuando se pensaba que todas las sociedades no europeas eran atrasadas, primitivas y se buscaba alcanzar un ideal social moderno”, explica María Elena Acuña, académica del Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, quien asegura que en su discurso está la intención de “instalar una noción de sociedad y de familia”.

Según ella, el mandatario “englobó todo lo que tiene que ver con derechos de las mujeres bajo esta idea de familia”, pero no consideró que muchas veces las familias son espacios donde se vulneran los derechos de las personas. “Lo hemos visto muchas veces en los casos de violencia contra mujeres o en el abuso sexual infantil”, apunta la experta. Acuña se mostró “preocupada” porque los derechos de las mujeres “no se presentan disociados de su instalación en la familia” ya que -dice- las mujeres requieren de autonomía y protección de sus derechos más allá de estos espacios, “que las políticas públicas las reconozcan como sujetos autónomos por sí mismos, no dentro de un marco familiar”, reitera.

Otro punto que olvidó el presidente es que de modelos de familia no existe sólo uno. En su exposición, las referencias se enfocaron exclusivamente a los estándares tradicionales de familia heterosexual, constituida por una pareja de hombre y mujer. “Desconoce otras formas que existen en la práctica como las mujeres solas con sus hijos, que se hizo un gran esfuerzo para visibilizar durante los 90, y tampoco habló de familias constituidas por parejas del mismo sexo“, lamenta Acuña.

¿Sanos o enfermos?

Pero, sin duda, el momento que se llevó el bronce de toda la intervención de Piñera fue cuando manifestó su preocupación por aquellas parejas que, por decisión propia, optan por no tener hijos. “Una sociedad en que las familias no quieren tener hijos es una sociedad enferma”, dijo el presidente, al hablar de políticas de promoción de la natalidad. “¿A quién llamamos la atención con esto?” se pregunta María Elena Acuña. “A las mujeres”, se responde ella misma, argumentando que “es una manera de culpabilizar a las mujeres por un estado de la sociedad”.

Sebastián Piñera no pensó, mientras pronunciaba su discurso, que muchas personas -hombres y mujeres- hoy eligen no tener hijos o hijas por el costo que supone mantenerlos. Un coste que recae por completo sobre las espaldas de las familias. “Es un costo particular porque la sociedad como soporte social y de solidaridad respecto a los niños no existe y en este discurso tampoco aparecen políticas públicas que apunten a eso”, asevera la académica.

Desde el Observatorio de Género y Equidad, Tatiana Hernández, critica duramente la afirmación del presidente: “Quiere decir que las mujeres que no quieren tener hijos somos personas desgraciadas”, se pregunta. Lo mismo le pasó a la diputada del Frente Amplio, Maite Orsini, quien respondió al mandatario a través de su cuenta de Twitter: “Cuando el presidente dice que si una familia no quiere tener hijos, estamos en una sociedad enferma, una vez más desconoce el derecho de las mujeres a autodeterminación de sus vidas y de sus cuerpos. Somos personas, no incubadoras“.

En conversación con El Desconcierto, la parlamentaria expresó que “las mujeres que no queremos ser madres o que queremos hacer de nuestra vida algo distinto tenemos que ser tan valoradas y respetadas como las que si lo quieren hacer”. Según ella, “la cuenta pública es excluyente en lenguaje porque excluye a quienes libremente, y en el ejercicio de su autonomía, deciden poner en el centro de su vida algo distinto que la familia, a quienes deciden que el centro esté en su trabajo o en sí mismos, lo que también es una decisión autónoma que se debe respetar y valorar”, precisó. “No se puede tratar de enfermas a las personas que deciden, de manera autodeterminada, hacer algo distinto con su vida a tener una familia”, añadió.

Detrás de la polémica frase, existe una preocupación del mandatario (que en absoluto justifica sus dichos) por las bajas cifras de natalidad de nuestro país. Sin embargo, la antropóloga María Elena Acuña explica que la preocupación por la diminución de los hijos no es nueva y que se remonta incluso a la Comisión Ortúzar en dictadura, que tuvo por finalidad preparar el anteproyecto de la Constitución de 1980. “Ahí también hubo mucha preocupación por eso. De hecho, leí un libro de Claudio Lagos donde había mucha preocupación por la disminución de natalidad en Chile en esa época y los militares que asistían a la Comisión estaban preocupados por ver de donde saldrían los soldados que tenían que proteger el país”, recuerda la experta.

La tradición como bandera

“Hacer de Chile un gran país para nacer, crecer, educarse, trabajar, formar familia, tener hijos y envejecer. En palabras simples: realizarnos en plenitud”, verbalizó al inicio de su discurso Sebastián Piñera. Unas palabras que, encadenadas, ponen en evidencia “un sustrato ideológico claramente tradicional que sigue atribuyendo a las mujeres las responsabilidades del cuidado y la reproducción”. En esta línea, Tatiana Hernández se muestra contraria a la idea expresada por Piñera de que “la plenitud la conseguimos hombres y mujeres a través de la familia tradicional” y “sosteniendo la la división sexual del trabajo”.

Otro ejemplo de eso es que las medidas que ha propuesto el presidente para su agenda de género pasan por entregar más tiempo a las mujeres para que puedan conciliar de mejor forma su vida laboral con su vida familiar, comenta la activista. Sin embargo, se plantea cuánto de eso transforma los imaginarios colectivos sobre los que se sustenta el patriarcado. Según ella, se trata de “transformaciones en el uso del tiempo” en las que pasa a ser el Estado quien se hace cargo puntualmente del trabajo atribuido a las mujeres, pero no lo hace la sociedad en su conjunto.

Lo triste es que mientras el enfoque de gobernantes y autoridades siga siendo como el que se escuchó hoy en el Salón de Honor, la sociedad chilena tardará mucho en hacerse cargo de las demandas relacionadas con los derechos efectivos de las mujeres. Le llegó mucha pega al feminismo este viernes.