Desde su primera manifestación multitudinaria bajo el lema #NiUnaMenos en junio de 2015, la lucha de las mujeres se tomó la agenda pública en Argentina. Primero visibilizaron los feminicidios y la violencia constante hacia las mujeres y luego reabrieron el debate por la despenalización del aborto.

En los años siguientes, miles de personas han mantenido la movilización en alza y la última expresión de aquello ocurrió el pasado lunes, cuando miles de manifestantes tiñeron las calles de verde, con las pañoletas que identifica la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito. 

Se trata de un momento histórico y las mujeres así lo han hecho sentir: una a una, han expuesto ante el Congreso argentino los motivos por los cuales defienden el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos. Han explicado acerca de los peligros a los que condena el aborto clandestino y han ilustrado -casi con peras y manzanas- que la interrupción del embarazo seguirá ocurriendo con o sin autorización legal.

La avenida de Mayo de Buenos Aires se repletó de gente caminando hacia el Congreso, al ritmo del canto “aborto legal en el hospital”. El próximo 13 de junio, los parlamentarios se reunirán a votar la iniciativa que busca despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo en todas sus causales hasta las 14 semanas de gestación.

La cuarta movilización convocada por #NiUnaMenos comenzó en medio del apoyo de una serie de organizaciones feministas, entre las que se encontraban las Abuelas de Mayo: “Por aquellas que en todos los rincones del planeta se revelan, somos las mujeres, trans, afrodescendientes, villeras y más. No queremos ser explotadas, vinimos a decir que no nos van a disciplinar más”, arengó Laura Omegas, de la organización Matamba Afrodescendientes.

Ni la llovizna ni el frío aplacaron las ganas de las manifestantes de alzar la voz también contra la violencia: según datos de la Corte Suprema de Justicia, en 2017 se registraron 251 feminicidios en todo el país. Se estima que el 93% de los acusados incluidos en causas judiciales de todo el territorio argentino eran hombres, con quienes las víctimas tenían vínculo o conocimiento previo y cerca del 60% de los agresores eran sus parejas o ex parejas.

“Hemos convertido el grito contra la violencia machista en un grito transversal que atraviesa partidos políticos, sindicatos, centros de estudiantes, en las casas, en los barrios, en las escuelas, en todos lados este grito que es contraseña en contra de la violencia machista ha crecido”, aseguró Marta Dillon, una de las vocera de NiUnaMenos.