Desde hace décadas que hay diversas organizaciones sociales que están luchando por una protección integral de los niños y niñas en Chile. A pesar de la ratificación de la convención de los derechos del niño -14 de agosto, 1990- en nuestro país, hemos visto como se ha generado una vulneración sistemática a los derechos de los mismos, siendo la crisis de SENAME la punta del iceberg de una realidad lamentablemente latente.

Los niños, las niñas y los adolescentes de Chile han sido desplazados y desplazadas históricamente. Fue hasta hace poco que se comenzaron a impulsar diferentes herramientas legislativas que buscan regular la situación de protección de los derechos humanos de niños, niñas y adolescentes, muchas de las cuales descansan en el parlamento. En este proceso un factor fundamental lo ha tenido el Bloque por la infancia, que reúne a diferentes agrupaciones que tienen una gran trayectoria respecto a la temática, muchas de ellas que trabajan desde antes de la creación de la convención.  Por otro lado, hay una transversalidad actual respecto al diagnostico.

El día miércoles 23 de mayo, en el programa llegó tu hora, por lo menos tres de los panelistas hicieron preguntas sobre infancia; la primera mesa de acuerdos nacionales impulsada por el gobierno, es la mesa por la infancia, son múltiples los lugares comunes donde podemos encontrar desde el discurso, la infancia como prioridad.  Hay cierto doloroso consenso en que lo que está pasando es catastrófico, pero las voluntades al parecer no van de la mano. La mesa por la infancia fue escogida a dedo por el gobierno, donde es claro, en una temática tan frágil, no había oportunidad de no aceptar y tener la posibilidad de incidir, pero nuevamente quedaron fuera los niños y las niñas, las organizaciones de la sociedad civil, incluyendo al bloque (solo tuvieron la oportunidad de exponer en una ocasión) al movilizándonos y a tanto trabajador y trabajadora experto por trayectoria y/o estudios en la temática.  Entonces, ¿en qué momento están los niños primero?, si la primera señal es dejarles fuera del debate, si nuevamente se limita su participación a la calle, cuando estudiantes secundarias están alzando la voz contra una educación que vulnera sus derechos.

Ese momento al parecer aún no ha llegado. El eslogan “Los niños primero” fracasó. Fracasó per se, cuando las compañeras en las calles están luchando por una educación y una sociedad no sexista, y el eslogan se es excluyente, dejando fuera nuevamente a las niñas, que lamentablemente, sufren más vulneraciones solo por ser mujer.  Fracasó cuando solo se pone sobre la mesa la crisis de SENAME, aunque claro que es urgente, pero son aprox. Cuatro millones de niños y niñas en Chile, y piensan que la van a solucionar con un sistema que abarca solo un 5% de la niñez y que ni siquiera da el ancho. Fracasó cuando el gobierno no partió pidiendo perdón, por que quien lo encabeza ya estuvo ahí con anterioridad, y fue parte de la profundización de esta crisis, de cientos de muertes dentro y fuera del Servicio nacional de menores.

Me pregunto ahora ¿Dónde están las voluntades? ¿El estado está cumpliendo su compromiso de proteger a los niños y las niñas en su totalidad?  Claro que no. Es fácil identificar algunos de los derechos que son vulnerados desde el estado y nadie se hace cargo, el artículo 31 de la CDN nos encontramos con que “Los Estados Partes reconocen el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes.” Y frente a ello tenemos una jornada escolar completa que nos instala como uno de los países donde menos horas de juego y recreación, que al mismo tiempo genera un agobio con tanta tarea para la casa que ni en sus hogares permiten los momentos de recreación y por último y super relevante, las niñas y los niños no pueden salir a disfrutar de los espacios públicos, porque las plazas son de traficantes y consumidores, y las calles corren balas a diario, hasta con metralletas son ahora los funerales.

Un agravante a esto ha sido la tremenda vulneración sufrida por los niños del instituto nacional, y por el niño que fue estrangulado por carabineros, donde la subsecretaria y la defensora de la niñez guardan un silencio cómplice. De la mano con lo anterior está la vulneración al derecho a la educación, donde el mayor vulnerador, paradójicamente, es nuestro sistema educativo, que educa para la competitividad, cual radiografía del capitalismo. Que educa para un sistema de evaluación perverso que tiene atados de manos a los colegios que quieren avanzar en una educación integral (SIMCE), porque si fallan los cierran; un sistema educativo, que no educa para “Preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia, igualdad de los sexos y amistad entre todos los pueblos, grupos étnicos, nacionales y religiosos y personas de origen indígena”.

Uno de los tantos objetivos educativos de la convención, sino que educa de manera discriminatoria, con educación para ricos y educación para pobres. Luego se espantan que hablemos de lucha de clase.  Por último y tan importante como lo antes mencionado, es que el estado vulnera fuertemente a los niños y niñas mapuche, en Temucuicui cuando entran con lacrimógenas a un jardín infantil, en Ercilla cuando niños son obligados desvestirse, con abusos de autoridad increíbles, entre tantas otras lamentables situaciones. Para el gobierno hoy los niños y las niñas no están primero, hoy lo que está primero es lavar su imagen.

Entonces, ¿Está todo perdido? Si bien la contienda es desigual, aún queda esperanza. Hoy hay innumerables organizaciones trabajando por los niños y las niñas. Agrupaciones como el Movilizándonos, ONG’s, corporaciones, clubes deportivos, juntas vecinales, entre muchas otras, que aunque tenemos matices; aunque hayan algunas diferencias, debemos más que nunca estar articulados. Debemos más que nunca poner en frente la opinión de los niños y las niñas, y mostrarles para nosotros y nosotras si es importante.  Nuestra tarea es pararnos, cambiar miradas desde nuestros territorios y al mismo tiempo empujar a la institucionalidad, estar en cada espacio y lograr incidir para poder conseguir los cambios sustanciales que Chile, que  las niñas y niños que habitan su territorio, tanto necesitan.


Coordinador de Colonias Urbanas Albantú