Hace una semana, una niña de 15 años contó en su Facebook que había sido abusada sexualmente por un auxiliar de la empresa Cruzmar, mientras viajaba desde Tirúa con destino a Santiago.

Cerca de las 10 de la noche del 29 de mayo, su familia la acompañó hasta el terminal. La joven viajaba a la capital para realizarse exámenes médicos previos a una intervención. Se despidió de todos y el bus partió: en un comienzo, el asiento a su lado iba vacío, pero minutos más tarde, un joven se sentó junto a ella.

A Carla -como la llamamos para proteger su verdadera identidad- le extrañó que el auxiliar tomó sus datos pero no los del pasajero que acababa de sentarse junto a ella. De hecho, según relata, el sujeto bromeó unos minutos con el trabajador del bus y luego continuó el viaje.

“Él iba al lado mío y se hacía el dormido. No tenía pasajes ni nada. Cerca de las 2 de la mañana despierto porque este tipo me estaba tocando la falda. Empezó a bajar y a bajar y empezó a tocar mi trasero. Luego buscaba con su mano como si quisiera tocar mi vagina, la cosa es que lo hizo finalmente. Empezaba a moverse como si estuviera teniendo relaciones conmigo“, detalló la joven a El Desconcierto.

Con el miedo invadiéndola, Carla no pudo gritar: “Pensaba qué pasa si tiene un arma, qué pasa si me mata o me amenaza”, relató. Pero el sujeto continuó: “Me bajó el cierre del pantalón y me metió la mano dentro y su otra mano me la puso en el pecho. No me aguanté más y le dije ‘qué estai haciendo, qué te pasa’. Él se empezó a tapar y me dice ‘qué pasa, estás loca, yo estoy durmiendo'”.

Desesperada, Carla comenzó a levantar la voz y le gritó que era un imbécil. Entonces se acercó un hombre de edad, el segundo chofer del bus, que le preguntó qué pasaba. Tras escuchar a la joven, su única reacción fue decirle: “Párate y ándate al fondo. Nada más”.

Pese a la angustia de Carla, ninguno de los pasajeros a su alrededor le tendió una mano: “Adelante mío una persona mayor, al lado izquierdo otra persona que estaba durmiendo. Cuando grité, se despertó, miró y se hizo el sordo, ciego y mudo. No hizo nada. Atrás mío iba un señor con su hijo y también un profesor que me conocía a mí y a mi mamá no hizo nada. Una señora iba dos puestos más adelante, me escuchó llorar y me preguntó”.

Fue la única pasajera que reaccionó ante la denuncia: a la altura de San Fernando, la mujer comenzó a pedir que detuvieran el bus para ir a realizar la denuncia ante Carabineros y los trabajadores a cargo se negaron. Una y otra vez le preguntaron a Carla si estaba segura de denunciar.

“Ella me acompañó en todo momento y alegó tanto que tuvieron que parar. Ellos querían que hiciera la denuncia donde yo vivía, para lo que faltaban cinco horas. Lo único que hicieron es que vino otro auxiliar, me preguntó si iba a denunciar y se fue”, relató la adolescente.

“Sé que no soy la primera”

Después de negarse a parar en San Fernando, avanzando más de 200 kilómetros respecto al momento en que Carla increpó al auxiliar, finalmente el bus se detuvo para hacer la denuncia en una comisaría en la ruta de Chillán.

En el lugar, la adolescente comenzó a ser interrogada, mientras que el auxiliar fue esposado y llevado a otra sala. Ahí descubrió su nombre y su edad: Jordan Arturo Arce Muñoz, 21 años. Luego la trasladaron a un hospital para constatar lesiones y de vuelta a la comisaría, donde por fin llamaron a su madre, Valeria Becerra.

Desde que ocurrió el incidente, la familia no ha tenido contacto con Cruzmar, la empresa de bus a cargo. No les han ofrecido ni asesoría legal ni disculpas por lo ocurrido. Arce, en tanto, quedó en prisión preventiva por tres meses, a la espera de lo que determine la investigación.

Carla es enfática: “El tipo tiene que pagar porque sé que no soy la primera”. Su madre, Valeria Becerra, cuenta que otras mamás la han llamado y le comentan que ellas también, por situaciones personales, han tenido que enviar a sus hijos en un bus a la capital. “Una se preocupa de que alguien la espere en el terminal y no te imaginas que en el trayecto del bus le pueda pasar algo”, explica.

A juicio de Valeria, la empresa Cruzmar no activó el protocolo necesario para enfrentar el caso: primero, por no haberse detenido en San Fernando a hacer la denuncia, luego por haber dejado a su hija sola “con el tipo persuadiéndola que no denunciara e incluso diciéndole que se bajara y fuera ella sola a un retén a hacer la denuncia. Si eso hubiese sucedido, este chico no hubiese estado preso porque no hubiésemos sabido cómo se llamaba. No aparece en la lista de pasajeros al lado de la Carla”.

El fiscal Pablo Fritz Osses de Chillán fue designado para liderar la investigación: primero, la adolescente deberá acudir a una red de protección de menores para los peritajes psicológicos respectivos, que evidencien las consecuencias del abuso sexual. A su favor, la joven cuenta con el relato de la mujer -la única que la ayudó- quien prestó declaración.

“Aunque Arce no tenía antecedentes penales, había una testigo en su contra. Una persona entre 41 fue capaz de dejar testimonio”, consignó Valeria, quien señala que “esto deja un aprendizaje, ya que la mayoría de las veces es necesario contar con testigos que puedan ayudar a que esto no quede impune”.

Becerra, además, pretende iniciar una demanda civil contra la empresa, ya que sin la ayuda de la pasajera que auxilió a Carla no habrían logrado denunciar. Hoy esperan que la justicia condene a Jordan Arce por abuso sexual, cuya pena va desde los 3 a 5 años y un día.

La mujer enfatiza que admira la valentía su hija al denunciar el caso y que buscan que esta situación no sea vivida por otra mujer o niña. Ambas no sabían que alguien más ya había experimentado el acoso de Jordan Arce.

Acosando a oscuras

Paulina Azúa (28) viajaba desde Villarrica a Santiago en febrero pasado. En el asiento del lado no había nadie, el boleto no estaba vendido. Cerca de la 1 de la madrugada se quedó dormida, pero dos horas después despertó sintiendo que una mano se deslizaba por su muslo hacia su entrepierna.

“Me despierto asustada y al lado estaba este sujeto, Jordan Arce. Yo lo miro, lo reconozco como el auxiliar del bus y él se hace el dormido. En ese momento no entendía bien si se le había caído la mano porque estaba durmiendo o quiso tocarme de forma intencional. Me puse muy nerviosa, me quedé helada y no le dije nada. Puse el beneficio de la duda finalmente”, relató la mujer.

Mientras seguía pensando en lo ocurrido, Paulina notó que el auxiliar del bus la miraba constantemente y comenzó a mover una de sus manos debajo de la manta con la que estaba tapado. Ella se preguntó si se estaba tocando o rascando y cuando lo sintió moverse, en medio de la incertidumbre, optó por reclinar su asiento sin más y encender la luz sobre su cabeza.

“Me puse a hacer como que leía porque estaba tan nerviosa que no atiné a nada. Él se empieza a acercar y le digo si se puede correr. Entonces me queda mirando como si estuviera loca o fuera grave. Luego él se para del asiento y al momento en que él baja la escalera a mí se me apaga la luz. Intento encenderla de nuevo y no prendía”, contó.

Paulina estaba confundida y asustada. Sin poder dormir, pensó en pedir ayuda ante la situación que estaba viviendo, pero no supo cómo decirlo. Se sentía en peligro, mientras alrededor suyo la gente dormía a oscuras. Cerca de las 5 de la mañana, el auxiliar subió nuevamente y le dijo con voz desafiante: “Ahora podís prender la luz de nuevo”. Con un hilo de voz, ella agradeció y encendió la luz de su asiento para simular que seguiría leyendo. El viaje entero a la capital fue una tortura.

“Yo creo que él notó que percibí su intención”, reflexiona Paulina. Al llegar a su casa, vio que Jordan Arce Muñoz, el mismo que habría abusado de una niña de 15 años hace una semana, le había enviado una solicitud de amistad en Facebook.

La joven lloró de rabia e impotencia. Sentía que el sujeto se había burlado de ella, asumiendo que la había acosado todo el viaje de forma planificada. Se decidió a escribir un correo extenso a la empresa, detallando que él “se aprovechó de la oscuridad de la noche, del dominio que siente sobre el bus y quiso hacer algo totalmente pervertido y enfermo”.

También los advirtió: “Se puede aprovechar de cualquier otra mujer que viaje sola: hay dos irregularidades, que se siente al lado de una pasajera para tocarle la entrepierna y acosarla y lo segundo es que él usó los datos del viaje para mandarme una solicitud en Facebook”.

La empresa Andesmar respondió con los días a su reclamo, asegurando que tomarían acciones ante el caso y que dicha actitud no los representaba como empresa. No especificaron si Jordan Arce había sido despedido.

“Después de eso tiré la toalla, no pensé que me iban a responder”, confiesa Paulina, quien quedó en shock al leer hace unos días que una niña había sido abusada sexualmente por la misma persona: “Fue como volver a vivir esa noche, donde lo único que yo quería era bajarme del bus. Me sentí realmente enojada y frustrada de que efectivamente este sujeto siguió haciendo lo que quiso y mi mayor temor era que a otra mujer le pudiera pasar lo mismo y fuera más grave”, confesó Paulina.

La joven está decidida a colaborar con su testimonio en la causa de Carla: “No podemos seguir naturalizando situaciones en que las mujeres tenemos miedo porque los hombres creen que pueden tocarnos o acosarnos por ser mujeres”.

Ni Andesmar ni Cruzmar respondieron a las denuncias

El Desconcierto contactó a la empresa Cruzmar en dos ocasiones: en la primera, anunciaron que “no vamos a dar ninguna declaración al respecto, esto lo está viendo la empresa de forma interna con la familia” y cortaron el teléfono. En la segunda oportunidad, una trabajadora que se negó a identificarse repitió que no se pronunciarían y le bajó el perfil a la responsabilidad de la compañía ante lo ocurrido.

“Lamento que no podamos entregarte ninguna información, pero no lo vamos a hacer“, indicó, agregando que “la empresa no tiene responsabilidad en esto, porque eso lo hizo un joven, entonces no tiene responsabilidad con lo que pueda hacer una persona”.

Tampoco aclararon si ya se elaboró un protocolo que les permita enfrentar este tipo de hechos de forma correcta. En tanto, desde Andesmar se comprometieron a responder en breve si despidieron a Arce tras la denuncia realizada por Paulina y qué medidas tomaron al respecto, pero al cierre de este artículo, pese a la insistencia, no hubo respuesta.

“La empresa no le brindará información a usted, que no es la damnificada. En caso de haber una denuncia, se continuará mediante el proceso legal que corresponde”, fue la única respuesta que entregaron por Facebook.

La denuncia pública que hizo Carla desde su Facebook estuvo repleta de comentarios. Algunos la apoyaron y empatizaron con su situación y otros cuestionaron a sus padres por permitirle viajar sola. La cuestionaron a ella, incluso, por no reaccionar apenas el sujeto comenzó a tocarla.

A Paulina Azúa le indignó leer esas opiniones: “Acá lo importante es que hay un pervertido que trabaja de auxiliar de bus, que se aprovecha de la noche y de su trabajo para abusar de mujeres. Ese es el problema. Me parece mal que el foco no esté puesto en este hombre que es un degenerado”, cuestionó.

Aunque ella vivió el acoso sexual a bordo de un bus Andesmar y no Cruzmar -la empresa a cargo de la máquina en donde Carla fue abusada sexualmente- Azúa asegura que ellos también son responsables: “Hasta el día de hoy no sé si lo despidieron tras mi denuncia”, cierra.