El comunicador y académico Cristián Warnken escribió una columna analizando al movimiento feminista y cómo puede llegar a influir en la libertad de cátedra dentro de los planteles universitarios.

A juicio del profesor de literatura, el movimiento de mujeres plantea la necesidad de instaurar protocolos que aseguren una buena convivencia, pero su gran objetivo es un cambio cultural, que en sus palabras “podría ser muy necesario y positivo, pero, como toda ‘revolución’, entraña peligros”.

La supuesta “protocolización excesiva de todo” es uno de los peligros que advierte Warnken: “No es sensato pasar de la ausencia de normas, y reglamentos que protejan a los abusados, a una maraña que pretenda regular cada acción, movimiento o expresión donde pudiera sospecharse una pulsión ‘sexista’ o machista”

“No todo puede ni debe ser protocolizado: la vida es mucho más compleja, cambiante, libre, que lo que un conjunto de reglamentos puede dictar. Eso en las universidades es particularmente sensible: el exceso de formalización, de metodologías, de objetivos, ha asfixiado la necesaria libertad de cátedra, que debe siempre nutrirse del entusiasmo, la creatividad, lo inesperado”, argumentó el comunicador.

Además, en su columna publicada en El Mercurio enfatizó que la vida universitaria podría convertirse en un espacio “higienizado pero muerto”. 

Warnken también mencionó los talleres de deconstrucción a los que son invitados los estudiantes, asegurando que le parece “bien generar estos espacios de reflexión”, pero aseguró que “el lenguaje usado para convocar a estos ‘talleres’ me recuerda mucho el concepto de reeducación aplicado en dictaduras totalitarias (en la China de la revolución cultural de Mao, o en Cuba) que buscaban ‘extirpar’ cualquier atisbo contrarrevolucionario en las personas”.

Por último, el académico aseguró que la invitación a repensar lo femenino y lo masculino requiere de mayor profundidad y menos eslóganes: “Sería una lástimas que esta ‘primavera’ feminista terminara en inquisición y resentimiento, sin espacios para la crítica ni el humor”, cerró.