1. El desierto ya no está sólo en el Norte

El investigador postdoctoral del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) de la U. de Chile, Raúl Valenzuela, indica que “en el centro y sur del país ya se ve un proceso de secamiento de los territorios, una señal ya presente, que se ha desarrollado desde los ’80, tanto por factores naturales como por la mano del hombre”. Esto lo reafirma Juan Pablo Boisier, investigador del mismo centro, quien además pone la atención sobre el alargamiento del verano “que es una señal que podemos ver en regiones incluso del sur del país”. Esto se suma a la situación del norte que, pese a ciclos como el del invierno boliviano, en general se enfrentan a largas temporadas secas.

2. En el norte las lluvias son más intensas que en el sur

En estudios hechos para analizar eventos extremos, Raúl Valenzuela indica que “podemos ver que el 10 por ciento más intenso en eventos extremos en La Serena se ubica en el orden de los 29,5 mm, en tanto que en Puerto Montt esto baja a 20,6 mm, lo que permite decir que en el norte y centro es más posible la prevalencia de fenómenos críticos, es decir, con interrupción del funcionamiento normal de la ciudad, que en el sur donde las precipitaciones son más parejas”.

Los científicos indican que la intensidad de un fenómeno deriva de cuántos milímetros caen en un margen de horas, más allá del total de mms en un frente climático, y así por ejemplo, un temporal donde caen 100 mm en dos días será menos intenso que uno donde caen 50 mm en dos o tres horas.

3. En Santiago, menos lluvia esta temporada pero más intensa

Las proyecciones para la capital del país cifran en 200 mm las aguas lluvias que caerán en el año, siendo un 40 por ciento menor a lo esperado en 12 meses normales, pero estas precipitaciones caerían casi exclusivamente en eventos extremos, de intensidad alta y que probablemente afectarán el quehacer normal de la ciudad.

4. Eventos extremos se concentran en zona centro

Aunque acumulan más aguas caídas, las regiones del sur no tienen episodios de alta intensidad como sí abundan en las regiones del Bio-Bio y del Maule, donde los sistemas frontales se concentran gracias al efecto de la Cordillera. “Como el aire caliente sube y el frío se mantiene abajo, la cordillera termina generando una barrera que hace que el sistema se mantenga en un mismo lugar y sea más fuerte, en vez de disolverse y ser menos intenso como ocurriría en espacios abiertos”, indica Raúl Valenzuela.

5. Es más probable un anegamiento en Santiago que en Punta Arenas

Aunque en un año denominado como normal llueven unos 420 mm en la capital de la región más austral del país, ningún mes de precipitaciones en Punta Arenas sobrepasa los indicadores de la cuenca santiaguina, donde en el mes que en promedio es el más lluvioso -junio- caen unos 86 mm, casi doblando la cifra de mayo, mes de más aguas caídas en Magallanes con unos 48 mm.

6. El cambio climático es real

Puede verse como una cifra mínima, pero sus implicancias pueden ser catastróficas. Por cada grado celsius que aumenta la temperatura del planeta, las precipitaciones suben entre un 3 y un 5 por ciento, dependiendo de qué científico proyecta el escenario. Importante es que no todas las precipitaciones caen como lluvias en la tierra, sino que muchas se concentran en territorios plenamente marítimos, o en cadenas montañosas como nieve que después puede generar aluviones en vez de meras lluvias.

7. Argentina y Chile, opuestos como lados del espejo

Debido al efecto de la Cordillera de Los Andes, se puede observar que el extremo austral del país vecino es muy húmedo, a diferencia de su zona más central por el lado de la pampa que es muy seco y frío. Esto ocurre porque, debido a la altitud de la Cordillera, no pueden pasar los frentes de altas o bajas presiones que se manifiestan en Chile hacia territorio argentino.

8. Hay más que “el Niño” y “la Niña”

Mucho se habla de estos fenómenos como aquellos que definen cómo y cuánto llueve en nuestro país, pero no sólo se le puede atribuir la carencia o exceso de precipitaciones al Niño (definido como el calentamiento del Pacífico oriental ecuatorial) y la Niña (fase fría que aminora la temperatura del Pacífico), sino a fenómenos más lentos, como indica Juan Pablo Boisier, “tales como la oscilación del canal del Pacífico, que funciona como una fase fría, pero que opera de forma más paulatina, como un proceso largo que podemos observar en nuestras investigaciones en los últimos 40 años”.

9. El balance llegará en algún momento

Los investigadores concuerdan en que Chile está pasando por años secos, pero “la Tierra busca siempre un balance de energía y por ello no sería extraño que pasemos posteriormente por un periodo húmedo, que equilibre lo que hemos visto en estas últimas décadas”, considerando además que un ciclo lluvioso es esperable como parte de las consecuencias del cambio climático, algo que se anticipa que no será mediante condiciones normales, sino que mediante episodios intensos.

10. La Capa de Ozono todavía afecta al sur de Chile

Pese a que las medidas para mitigar los gases invernadero que destruyen la capa de ozono han permitido que su agujero se vaya cerrando, aún está principalmente encima de territorio chileno, algo que afecta más a las regiones de Los Ríos, Los Lagos, y al sector patagónico en general en Chile y Argentina, por lo que aún se puede esperar que exista un déficit de precipitaciones en estos territorios.