Soy titulada de Comunicación Audiovisual. Me ha parecido sorprendente ver lo que ha pasado este año y ese es mi gran motivo por el cual deseo escribirles. Una de las principales implicadas en las denuncias es Isabel Troncoso, yo doy fe de que ella ha obrado erróneamente durante varias generaciones al igual que el profesor Pruneda. Cuando entré a la universidad, lo hice gracias a la beca talento joven; esto me proporcionó el 50% de mi arancel gratuito. De esta forma, siempre traté de llevarme bien con todas las personas. Mi beca era lo más importante. No recuerdo si fue en segundo o tercer año de la carrera donde me encontré con Álvaro Pruneda, era profesor de fotografía. Me parecía muy interesante y todo. Siempre era buena onda conmigo y de hecho yo hice mi examen ese año con una de sus cámaras. Cuando fui a buscar la cámara, tuve algo de desconfianza y fui acompañada de mi papá. Siempre que me pedía que fuera al departamento por sus cosas puse un límite bien claro y creo que él lo notaba. Salimos una vez “en la buena onda” a tomarnos algo durante la semana de fiestas patrias. Después de eso noté cómo Álvaro Pruneda me lanzaba indirectas como “¿cuándo me vas a dar la pasá?”. Yo nunca lo tomé en cuenta y me hacía la loca con estos comentarios hasta que desaparecieron.

Algo que creo un poco inaceptable es que los profesores usen su posición superior para lograr algo. No digo que el amor no pueda surgir entre un profesor y una alumna o viceversa; el tema va en que esta clase de conductas generan serios problemas y conflictos de intereses. Por eso siempre he creído que el actuar de los profesores en Uniacc es bastante libertino en ese aspecto. Muchas veces me comentaron cómo eran los viajes a Valdivia -al Festival de Cine-, la gente que iba de Uniacc consumía drogas, profesores tenían relaciones con alumnos y nada de esto era visto como algo “malo”. Desde antes de que yo entrara me di cuenta que existía un ambiente extraño y erotizado detrás de la fachada pseudo liberal que representa la Uniacc como universidad “se las comunicaciones”. También siempre se discriminó a “la cola loca”.

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Con Isabel Troncoso la historia fue complicada. Ella imparte un ramo que según todos en Audiovisual es de los más “complejos” y “nadie puede pasarlo solo”. Yo lo pasé en completa soledad, mi compañera de trabajo esa vez se salió de la carrera por desencanto y me dejó con un trabajo a cuestas. Yo completé mi parte y aún así Isabel me puso el primer 1.0 que dejó endeble mi beca. Cuando logré pasar el ramo me sentí en paz, creí que ya había pasado todo. Al volver al segundo semestre, Isabel me llamó a su oficina para gritarme acusándome de plagio y nombrando gente con la que no hablaba -que según ella- yo les pagué para que me hicieran el trabajo. Solo porque en un momento busqué sinónimos para distintas palabras ella decía “que esa no era mi mano para escribir”. Desde esa instancia comenzaron los problemas. Me pedía que le fuera a comprar -quien le dijera que no se merecía penas del infierno y su completo desprecio-, yo aceptaba en esas ocasiones para poder despejarme un rato. Siempre traté de tener una postura lo mayormente políticamente correcta. Una vez recuerdo cómo Isabel me dio un manotazo, yo me enojé mucho. Si nunca aguanté que mis padres me pusieran una mano encima, ¿por qué iba aguantarle a ella? Fui a vicerrectoria, fui con Anita Reeves y nunca nadie logró darme una solución. Isabel siempre fue muy autoritaria con los alumnos, profesores mayores me contaban cómo les había quemado los trabajos. En clases -si podía- disfrutaba humillando a las personas. Otros se reían como queriendo decir “es normal aquí”. Otras veces vi cómo daba cortos jalones de pelo a alguno de mis compañeros. Tenía un humor sumamente cambiante y si no la encontrabas de buenas era capaz de hacerte la vida imposible en la universidad.

Volviendo con el punto anterior, recuerdo una vez que hubo una fiesta en Bellavista, esta fiesta era para los audiovisuales y gente -sobre todo- de la especialidad de guion. Para mí, en ese momento, me parecía genial que los profesores y los alumnos carretearan juntos; lo encontraba “choro” por parte de ellos hacia nosotros. Ahora, más grande, considero que esas cosas no deberían volver a suceder ya que se presta para situaciones donde la delgada línea de la confianza se ve desdibujada. En el local estaba también Isabel y varios profesores de Audiovisual en Uniacc, nunca voy a olvidar cuando se me pasó la borrachera de golpe, cuando le escuché gritarle a la secretaria “si igual estái entera rica”. Otra chica que era un año mayor y yo escuchamos eso, nos miramos con la misma cara de impresión.

Todos los que pasaban por guiones me comentaban lo que opinaban de Isabel. Muchos decían que su deseo materno frustrado lo volcaba sobre los alumnos y los que no quisieran corresponder a ello eran juzgados. A veces las personas buscan explicar de forma compleja el actuar de una persona, yo nunca consideré que este fuese el caso. Solo por lo que vi, considero que las personas en Uniacc son en mayoría apitutados. Si uno busca casos en otras carreras los encontrará, por ejemplo en Publicidad. Chacón -por lo que me comentaban compañeras en aquel entonces- era alguien sumamente invasivo con las alumnas. No sé si era él u otro profesor de la carrera de Publicidad que tomó por pareja a una alumna, la favoreció dándole trabajo en Mccann. Isabel es de esas personas que se siente endiosada por el poder que tiene. Esa es la única explicación que hay.

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Cuando tuve mi oportunidad de ser alumna ayudante me sentí de gran ánimo. El profesor me reconoció por mis esfuerzos en aquel ramo, había obtenido un promedio 7.0 a punta de gran esfuerzo y pedirle bastante material al profesor -no quiero decir su nombre ya que no quiero perjudicarle-. El profesor preguntó hace dos años si yo podía ser su ayudante y le dio un rotundo no, aludiendo a que no había dinero en la universidad para ello. Las personas que quedaban de alumnos ayudantes eran siempre personas dentro de su círculo de cercanos, sino pertenecías a ellos te dejaban fuera. Estos mismos son los que después se convertían en profesores dentro de la escuela de guiones. Algunos sí se lo merecían, eran bastante buenos en lo que hacían; otros no. Finalmente no pude ejercer como ayudante. Hoy en día, me he topado con el profesor varias veces y siempre me dice que “debería estar yo impartiendo clases”. Nunca voy a olvidar como con un simple “no” alguien le puede cortar oportunidades a alguien.

A pesar de todo, la universidad ha sido la mejor etapa de mi vida y situaciones como estas te dan fuerzas para salir adelante a pesar de todo. Cuando estaba terminando mi defensa de tesis, Isabel era de las personas que se presentó a juzgar el trabajo. Para un momento solemne como ese, el comentario que ella dijo hasta el día de hoy me queda dando vueltas en la cabeza: “Yo les quería poner baja nota, pero este otro par de viejas mientras yo les bajaba más las notas ellas se las subían más”. Sin respeto por sus colegas y sin respeto por mi compañero ni por mí. En distintas ocasiones he visitado Uniacc y las veces que me he topado con Isabel he tratado de ser sumamente cortés y amable, pero al leer que se le está acusando como una de las principales abusadoras me impulsó a escribir estas palabras. Como yo, existieron varias personas que se sintieron vulneradas por los abusos de poder que ejercía Isabel Troncoso. Varias de las situaciones que vi y que viví, considero que no deberían ser parte del trato que debe tener un docente hacia un alumno. Ahora estoy en una universidad del Estado y el trato es completamente distinto a lo que viví en Uniacc.