A partir del próximo 13 de junio, el Congreso argentino votará el proyecto de ley que despenaliza el aborto sin causales hasta la semana 14 de gestación. El debate parlamentario ha estado acompañado de una intensa discusión pública al respecto y una de las más viralizadas, en las últimas horas, surgió de una médica católica.

“Mi nombre es Cecilia Ousset. Soy católica, médica, especialista en tocoginecología, madre de cuatros hijos. Trabajo actualmente en el Sistema de Salud privado, aunque me formé y trabajé en el Sistema Público en la Ciudad de Mendoza”, así se presentó la mujer en una publicación en Facebook que ya suma más de 44 mil reacciones.

Aunque anticipa que nunca estuvo ni estará de acuerdo con el aborto -misma razón por la que dice no practicarlo a nadie- la mujer relató su experiencia cotidiana como trabajadora de la salud: “Vi morir mujeres (a veces madres de varios chicos), que pasaron lamentablemente sus últimos minutos lúcidas conmigo y una policía preguntándole ‘quién le había realizado el aborto porque era un delito’. Sinceramente, nunca jamás escuché a alguna decir el nombre del que o la que había cobrado por sus inexpertos servicios”.

“Esas mujeres que ingresaban mintiendo que ‘habían levantado un fuentón con la ropa de los chicos’ y habían empezado a sangrar, eran para mí y mis compañeros de guardia , el inicio de una jornada violenta, y la suma de esas jornadas deben haber herido mi alma profundamente: Abortos con perejil, con agujas de tejer, con permanganato de potasio, con Oxaprost en cantidades insuficientes. Todos servicios pagados en la medida de las paupérrimas posibilidades al inexperto o inexperta del barrio. La mayoría eran mujeres jóvenes, pobres, algunas con otros hijos; que llevaron el dolor, la fiebre, el olor a podrido y el secreto del nombre del ‘abortero’ hasta la tumba”, describió Ousset.

La especialista aseguró que es la primera vez que cuenta estas cosas y continuó: “Esas chicas fueron objeto. En todo momento fueron deshumanizadas y juzgadas. Como lo que habían hecho era ilegal, eran repudiadas desde que entraban al hospital hasta que se iban (vivas, muertas o con una causa judicial)”. Y confesó: “Estoy tan arrepentida de no haberlas comprendido, de no haberlas amado, de no haberlas acompañado amorosamente en un momento tan terrible”.

Cecilia aseguró estar arrepentida de “haber tenido mi cerebro y mi alma tan limitada decidiendo quién tenía más o menos moral y quién merecía más o menos mi respeto. Estoy tan arrepentida que siento que las palabras para expresarme todavía no se inventaron”.

Tras iniciar su práctica privada, la médica comenzó a ver la otra cara de la moneda: “Las chicas que me pedían un aborto ‘porque mi mamá me va a matar’, ‘porque quiero terminar mis estudios’, ‘porque se borró mi novio’, ‘porque me van a correr del trabajo y mi marido se fue de la casa’, ‘porque soy catequista y esto es inadmisible'”, explicó.

Ousset sostuvo que ella intentaba que siguieran adelante con sus embarazos, pero que finalmente se iban “a cualquier otro médico que les practique un aborto seguro en una clínica que les permite después seguir vivas para llorar, confesarse, y tener más hijos con una pareja continente o en una mejor situación emocional o económica. Lo sé porque a esos partos yo misma los asisto”.

Tras dieciocho años en la práctica ginecológica, siendo católica, la mujer sostuvo que abandonó la hipocresía: “QUIERO ABORTO LEGAL, SEGURO Y GRATUITO para todas las mujeres que se encuentren en una situación desesperante e íntima”, escribió.

A juicio de la especialista, la discusión que dará en pocos días el Congreso argentino se trata de “si esta sociedad desea que entre las mujeres que indefectiblemente se van a practicar un aborto, se pueden lograr las mismas seguridades clínicas para hacerlo. Para que las pobres no sean mujeres de segunda o tercera categoría”, argumentó.

Lee a continuación su carta completa: