Un grupo de peritos del Servicio Médico Legal (SML) llegaron la mañana de este viernes 8 hasta el Mausoleo Militar del Cementerio General. Iban acompañados del juez Mario Carroza y con una misión clara: exhumar el cadáver del general Augusto Lutz.

Según reporta un artículo de The Clinic, lo anterior ocurre a propósito de una querella interpuesta por la abogada e hija de Lutz, María Olga, quien busca esclarecer si hubo participación de terceras personas en la muerte de su padre. A partir de ello, Carroza inició una investigación en noviembre pasado.

De acuerdo a la información oficial que manejan los militares, la causa de la muerte del general fue una septicemia ncontraída en el Hospital Militar mientras era tratado por una úlcera. Su familia, sin embargo, tiene serias dudas respecto a la veracidad de dicho informe, por lo que a la diligencia de esta mañana, junto a María Olga, llegaron los otros hijos de Lutz: Alejandro y Patricia.

Una áspera relación con Pinochet

“Hubo una relación con Augusto Pinochet que fue compleja, especialmente luego del golpe militar. En aquella época hubo una verdadera purga (al interior de las Fuerzas Armadas). Hay que ver lo que ocurrió con el general Bachelet y otros miembros que fueron víctimas de la represión por su conducta más bien constitucionalista”, dice el abogado de la familia Lutz respecto al caso.

Augusto Lutz murió el 28 de noviembre de 1974, poco más de un año después del golpe de Estado que instauró la dictadura militar en Chile. Y si bien Lutz fue uno de los militares que conjuró para derrocar a Salvador Allende y la Unidad Popular -para el 11 de septiembre ostentaba el cargo de jefe del Servicio Militar del Ejército-, en los meses siguientes comenzó a tener roces con Pinochet por el creciente poder que estaba adquiriendo un coronel llamado Manuel Contreras dentro de la inteligencia militar y los métodos de represión que éste utilizaba.

Según narra su hija Patricia en el libro “Años de viento sucio”, su padre tuvo un duro encuentro con el jefe de la Junta de Gobierno durante una reunión de generales convocada por el Alto Mando. En dicha cita, Lutz se presentó con una grabadora escondida en su chaqueta y registró el áspero diálogo que tuvo allí cuando mencionó los apremios y delitos efectuados por la DINA, entonces controlada por el coronel Contreras.

—¡Señores, la DINA soy yo! ¿Alguien más quiere pedir la palabra? —gritó Pinochet en esa ocasión, mientras golpeaba la mesa. La suerte de Lutz, declararía su hija años después, se sentenció en ese momento.

El malestar físico de Lutz comenzó luego de un banquete ofrecido por Pinochet durante un viaje a Punta Arenas. En la ocasión, fue llevado al hospital de la zona donde le diagnosticaron várices esofágicas. La familia siempre sospechó de esta versión, puesto que dicha enfermedad suele afectar a personas alcohólicas, pero ellos saben que su padre era abstemio.

Luego de ser trasladado al Hospital Militar de Santiago, fue operado por el mismo médico que atendió a Eduardo Frei 12 años después. Tras 20 días de hospitalización, Augusto Lutz murió.