Son las ocho de la noche y el ambiente de la sala Bunster de M100 contrasta con los 14ºC que hay en las calles de Santiago: el lugar repleto, los ánimos encendidos, el aire denso y un mosh en el centro que no para de saltar y bailar mientras arriba, en el escenario, las chicas tocan sus guitarras con fuerza y, entre melodías pegajosas, cantan que quieren ver esconder su timidez.

En su segunda venida a Chile, el paso de Las Ligas Menores fue arrollador: agendaron cuatro presentaciones entre Santiago y Valparaíso, agotaron las entradas hace casi un mes atrás, y en cada una se encontraron con locales llenos y un público ávido.

Con siete años de trayectoria, la banda argentina integrada por Anabella Cartolano (voz y guitarra), María “Luli” Zamtlefer (voz y bajo), Micaela García (batería), Nina Carrara (teclados, percusión y coros) y Pablo Kemper (voz y guitarra) ha logrado hacerse un espacio como uno de los nombres más destacados y prometedores del circuito indie argentino. Por estos días, su carrera va en alza con el lanzamiento de “Fuego Artificial” (Discos Laptra), su más reciente disco, el 10 de mayo pasado.

En la mañana más fría de lo que va del año, abrigados con chalecos y bufandas, y mientras toman desayuno, los integrantes de Las Ligas Menores repasan su primera visita a Chile en 2016 –en el contexto del Festival Huracán, en Espacio San Diego–, cómo se han ido los estrechando los lazos con el público chileno y cómo ven su trayectoria ahora que ya están en la barrera de los treinta años.

– ¿Cómo se han sentido esta vez?

Luli: Por ahí es raro. Las canciones nuevas ya se las sabían, ha pasado menos de un mes desde que salió el disco y, al mismo tiempo, se nota el entusiasmo de que quieren y esperan las anteriores.

Anabella: En Valparaíso estuvo muy energética también, más que ayer incluso. Pensábamos que iba a ser una fecha más tranquila, porque cuando tocamos en Santiago en 2016 fue una euforia total, y sin embargo, nos sorprendió. Se movía la valla, el lugar era más chiquito, habían unas 200 personas, y bueno, también había cerveza. Nos dijeron que el carrete de Valparaíso es peligroso.

– ¿Cómo comparan esta visita con la de la vez anterior? 

Anabella: La diferencia se siente más en nuestras sensaciones, como que la primera vez no podíamos creer porque no sabíamos que había tenido tanta repercusión el disco acá, y es como que ahora ya veníamos advertidos, tenemos un poco una relación más formada. Ayer por ejemplo se notó que hubo emoción en los temas del disco anterior.

Pablo: Además, antes de empezar a tocar en M100, unos chicos se nos acercaron y nos contaron que nos fueron a ver en Valparaíso, que nos verían ese día y que luego nos seguirían viendo en las fechas que quedan.

La incertidumbre de tener 30 en Argentina

“La idea era que este disco fuera más oscuro y que marcara diferencia con respecto al anterior. Hemos ganado mucha confianza en los últimos años, no tocamos de la misma forma y queríamos que eso se notara”, cuenta Anabella sobre “Fuego Artificial”.

Desde sus inicios como unos jóvenes “de veintipocos” años, la carrera de Las Ligas Menores no ha dejado de conducir hacia arriba: a pocos meses de su formación fueron fichados por el sello Discos Laptra, el más emblemático del indie argentino y que además tiene entre sus filas a nombres como Él Mató a Un Policía Motorizado, Bestia Bebé y 107 Faunos, grabaron un EP –en una jornada maratónica de una noche– y dos discos, pasaron de tocar en pequeños locales bonaerenses a espacios como Konex y Niceto Club, y en 2017 dieron el salto a los festivales BUE (Buenos Aires) y Coachella (California, Estados Unidos).

Al igual que la mayoría de las bandas de Laptra, en sus melodías hay links evidentes a bandas estadounidenses de rock alternativo como Pavement, Guided By Voices y Galaxie 50o –incluso su nombre se debe a la canción “Major Leagues” de Pavement–, lo que ha definido un sonido marcado por las guitarras enérgicas, pedales, bajos intensos y voces dulces.

“Si lo vuelvo a intentar y sale mal, no voy a mentir, me voy a defraudar”, dice parte de “Peces en el mar”, el tema que abre “Fuego Artificial”, disco producido por Tom Quintans (Bestia Bebé) y que se caracteriza por letras que hablan del mundo interior y lo cotidiano, desilusiones, desamor, frustración e incertidumbre, y que contrastan con los ánimos de protesta que hoy se viven en Argentina por el alza en las tarifas del gas y la energía y la discusión en torno a la legalización del aborto.

– ¿Fue una decisión las temáticas que tocan sus letras o fue algo que se dio?

Luli: Nosotros no somos tan literales o no hablamos directamente de cuestiones sociales o culturales de lo que está pasando, pero hablamos muy en primera persona de cosas que te pasan y que tienen que ver con la realidad de un joven de 30 años que vive en Argentina y hay un montón de cosas en las letras, que si las escuchás con cierta atención, también hablan de eso. De los miedos, de la ansiedad, de la inseguridad, de desesperanza quizás, del quiebre económico. Hay mucho de la incertidumbre, no me dan las cuentas, veremos cómo me va.

Anabella: Por ahí no es tan literal como “abajo este gobierno”. Pero claro, hablamos harto de la incertidumbre.

Luli: Eso también pasa con bandas de Laptra. Por ejemplo, hay una letra de 107 Faunos, la canción se llama “John Henry” y para mí en un punto es mucho más política que un montón de canciones que se supone que son políticas, porque habla de eso, de “todos mis amigos están fracasando aunque sean los mejores en lo que hacen”. Yo creo que eso es una pintura perfecta de lo que pasa hoy generacionalmente, no importa si sos bueno o sos malo, importan los contactos. Te puede ir bien si sos bueno en lo que hacés, pero la realidad es que hay un montón de otros factores que te condicionan y de alguna forma te limitan. Yo creo que es algo re generacional que nos pasa a todos nosotros, que es muy difícil, el que tiene una posición privilegiada se siente en todo lo que hace y el que no, lo mismo. Es luchar contra una estructura muy rígida.

Pablo: Por otro lado, en lo autogestionado de la banda se puede ver también una búsqueda de algo diferente.

Nina: Sí, a mí me parece que en la forma en que hacemos las cosas, que es bastante autogestionada, eso también demuestra la situación en que estamos. No le podemos pagar a alguien que se encargue de hacernos remeras o pins, así que tenemos amigos que nos ayudan, con el tiempo hemos generado toda una red. Eso también habla de un momento del país, no es que tenemos unos recursos ilimitados pero lo hacemos igual.

– Todos ustedes además ejercen sus profesiones. Anabella es diseñadora, Luli y Nina son arquitectas, Mica es psicóloga y Pablo geógrafo. ¿Cómo hacen para lidiar con la vida de la música y la profesional? ¿Tienen alguna reflexión sobre ese tema?  

Nina: La mayoría somos trabajadores independientes, entonces podemos ir manejando los horarios. Como nosotras (con Luli) trabajamos juntas, somos nuestras propias jefas.

Pablo: También tuvimos algunos, como yo, que renunciar a algunos trabajos y hacer algo más independiente para que todos los proyectos puedan calzar.

Anabella: Creo que todos tuvimos que decidir. Para poder sostener este proyecto como lo estamos haciendo ahora, que está creciendo y teniendo más proyección, de alguna forma tenés que asumir que hay cosas en tu carrera profesional que no vas a poder hacer, por lo menos en este momento. Creo que todos decidimos aprovechar y disfrutar lo que está pasando con la banda también. Para ganar también hay que perder.

Pablo: También con la banda ha pasado que desde que empezó nos fueron pasando cosas buenas, no hubo un momento en que haya mucho desánimo, que a veces si empieza a haber desánimo quizás debamos parar el proyecto.

Ana: De hecho me pasó al revés. Me pasó de estar en un trabajo de estudio de nueve horas, que me ofrezcan un viaje por la banda a Estados Unidos, pregunté y me dijeron que no porque acababa de entrar. Al final dijimos que no por una cuestión económica, pero dije “qué cagada, tuve que decir que no a una oportunidad de viaje con la banda por un trabajo y no quiero eso”. Y renuncié.

Luli: De alguna forma todos estamos tratando de encontrar la vuelta, porque es un proyecto que trae muchas cosas positivas.

“Hay un preconcepto de que un grupo de mujeres es algo muy difícil de manejar”

Los lazos de Las Ligas Menores se remontan a varios años atrás: Luli, Mica y Pablo eran compañeros y amigos en la secundaria, mientras que Nina y Anabella conocieron a Luli en la época universitaria. En medio de las tostadas con palta y pasteles del desayuno recuerdan cómo aprendieron a tocar instrumentos –Nina cuenta que su primera incursión fue con el clarinete– las primeras bandas que tuvieron y que imitaban a grupos como Blink 182, e incluso Luli comenta: “Yo me re acuerdo que Mica en la secundaria todo el tiempo decía que quería estudiar la batería”.

“Mi vieja me decía ‘ché, ¿vas a tocar sola la batería? Tocá un instrumento que podás tocar sola, sin acompañamiento’ y ahí me mandaron a piano. Cuando ya era más grande, ya trabajaba, tenía mi plata, y ahorré hasta que me compré mi batería”, responde ella.

– Tanto acá en Chile como Argentina durante los últimos años ha habido un fenómeno de bandas medias indie, con guitarras, pedales, bajos fuertes y pegajosas. ¿Cuáles son las que más les gustan a ustedes?

Luli: Las del sello siempre. Tienen un estilo muy marcado que es justo el que nos gusta y se parece a lo que nosotros hacemos. También Mi Amigo Invencible, Valentín y los Volcanes, Julen y la gente sola y Prietto viaja al Cosmos son algunos de los que me recuerdo ahora, además de todo lo que está pasando en Córdoba.

Anabella: En Chile calzamos y nos gustaron mucho Los Valentina, El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco y Chini and the Technicians, que nos gustaron mucho, pero la verdad es que en Argentina no llega mucha música chilena. Lo que pasa es que los argentinos somos medio conservadores y autorreferentes. Miramos mucho más a nosotros y lo que pasa en Estados Unidos o Europa.

Pablo: Pasa también que cuando nosotros empezamos, también habían bandas que nos gustaban mucho pero que se fueron quedando en el camino.

Luli: Sí, es que además ahora hay toda una nueva generación de veintipoquitos que tocan otras cosas. A nosotros todavía nos gustan mucho muchas bandas de los ’90, que siguen tocando todavía como 2 minutos o Eterna Inocencia.

– Claro, cada cierto tiempo vuelven a surgir personajes que tienen influencias súper marcadas de Fito Páez, Charly o Spinetta. Pasa por ejemplo con el Luca Bocci.

Anabella: Es que es muy loco lo que está pasando, a mí me sorprende. Cuando nosotros empezamos, las bandas que nos rodeaban o que veíamos que estaban creciendo eran del mismo estilo que nosotros y ahora están todas estas bandas que tienen influencias como de Mac Demarco, por un lado, y el rock nacional tradicional. Y es muy loco, es como “aaaah, volvió, ¡noooo!” (risas).

Pablo: O sea, nos gusta lo nacional pero no es lo que elegimos hacer. Nos gustan más las bandas que enfrentaron ese rock nacional, que los cuestionaron, a nosotros nos parece interesante. Está bueno cuando existen las dos cosas, el problema es cuando hay una única forma de hacer, que eso es una mierda, siempre nos opusimos a eso.

– Lo último, vi que un tema con el que han tenido que lidiar harto es con que las etiqueten como “banda de chicas” y que se les aborde desde ahí. ¿Cómo ven eso ahora?

Anabella: Antes era re común que a Pablo le dijeran “ay una banda con cuatro chicas, uuh pobre” y ahora ya no. Ya ni siquiera le preguntan porque está más en el tapete el tema y todos se cuidan poco.

Luli: Pero para nosotros también fue un cambio cultural, estamos todos viviendo este cambio. A nosotros nos decían “las chicas” y decíamos “por qué, está también Pablo” pero al mismo tiempo decir “los” cuando la mayoría es mujer… una se empieza a cuestionar cosas. Pero sí nos pasaba harto que decían “lo vuelven loco”, “que sentís”.

Pablo: Además era como “pobre, está solo, no tiene con quién hablar”.

Mica: Es como que hay un preconcepto de que un grupo de mujeres es algo muy difícil de manejar, de controlar, que nos peleamos, que no sé qué. Y en este tema también está esto de que hay hombres que dicen “una mujer que quiere tocar música” y se te acercan como “ven, yo te enseño”.

Luli: Yo creo que al principio te genera más inseguridad, porque efectivamente no teníamos la confianza que tenemos ahora, porque ahora se te acerca un hombre diciéndote yo te explico creo que un poco nos lo reímos en la cara.

Nina: Sí, y cuando te vas a comprar cosas a casas de música. Ese es el lugar más misógino que existe.

Anabella: Hay lugares que medio te ponen a prueba: “cuánto sabes, qué pedal querés, ¿sabés qué modelo hay?”. O te pasan el instrumento y te miran “a ver probalo, mostrame tu virtuosismo”.