El movimiento feminista debería hacer cargo de un hecho gravísimo: policías que se comportan como bestias con niñas estudiantes que hacen uso de su derecho a manifestarse.

Y, más aún, con la fuerza de lo emergente que tiene el movimiento que se propone reivindicar derechos de la mujer, debieran interponer recursos que obliguen a las mujeres carabineras que torturan niñas como parte de su cometido funcionario, a que sean revisadas psiquiátricamente e internadas. No pueden ser personas sanas.

Y, más allá aún, las mujeres que se toman las universidades y liceos debería proponer una ofensiva para revisar el trato que las instituciones de las Fuerzas Armadas dan a las mujeres que tienen la idea de hacer una carrera laboral en ellas.

Se sabe de la naturaleza inhumana e irracional que cofunde la valentía con la crueldad.  Y de lo enfermo que resulta creer que por la vía del castigo y el sufrimiento extremo se puede modelar un valer militar. De esas academias solo saldrán cobardes que van a confundir la rudeza de lo castrense con la maldad pura.

Los que estuvimos en manos de esos valientes soldados sabemos lo que hace esa concepción de la gallardía.

Cualquiera que haya pasado por los centros secretos de detención sabe lo especialmente duros que fueron esos sicarios con las mujeres. Y las mujeres agentes de esas policías genocidas fueron extremadamente crueles con sus propias congéneres.

Una iniciativa del movimiento feminista debe ser la reivindicación de esas mujeres torturadas de las formas más extremas y asesinadas cobardemente por uniformados que ahora son considerados pobres viejitos enfermos.

Quizás si el movimiento femenino que se alza con tomas y desfiles se detiene en estos hechos que son por mucho, los peores ejemplos de violencia contra las mujeres.

Se ha sabido de los abusos a los que fueron sometidas niñas estudiantes de doce años. Tocaciones aleves, manoseos cobardes, golpes inhumanos, trato cruel, inhumano y degradante, amenazas de muerte.

¿Qué harán las empecinadas mujeres ante esas denuncias que nos muestran la peor cara del abuso, de la violencia policial en contra de mujeres que recién se alzan sobre la adolescencia?

Hace no mucho las imágenes nos mostraban mujeres de torso denudo abrazando a sus congéneres carabineras en un gesto que a muchos nos inundó una comprensible rabia.

¿Se puede entender apropiada de su conciencia de género a una mujer que eligió, ya sea por salir de la pobreza o por un malentendido servicio a la comunidad, ser policía que en breve mostrará una crueldad irracional para demostrar eficacia en su cometido golpeando niñas?

¿Recordamos a la paca que de una patada hizo abortar a una mujer?

Una paca renunció a su rol de mujer al momento de elegir un oficio que se resume en golpear a personas desarmadas e inermes. No puede ser sano. Ni puede naturalizarse por la vía de hacer como si fuera parte del paisaje y solo critiquemos al que lanza un piropo y denunciemos al marido que golpea.

Esto es peor.

Ahora se abre una buena opción para el movimiento feminista. Tomar, por ejemplo, el caso de Mariana de doce años del liceo Carmela Carvajal, sometida a las peores vejaciones y amenazas. “Las fotografiaron y grabaron carabineros con celulares personales diciéndoles ‘ahora maracas no se ríen, ríanse'”, testimonia su madre.

¿Qué hará el movimiento feminista?