Ninguna de las víctimas de Fernando Karadima escondió su alegría al enterarse esta mañana de la noticia. El papa Francisco aceptó la renuncia de Juan Barros, obispo de Osorno y uno de los principales encubridores de los abusos sexuales que cometió el ex párroco de El Bosque.

Después de su ajetreada venida a Chile -que tuvo a Barros como principal protagonista- y las investigaciones que encargó para conocer los casos de abuso sexual al interior de la Iglesia chilena, Bergoglio finalmente aceptó al dimisión del obispo de Osorno, junto a Cristián Caro y Gonzalo Duarte, quienes mantenían el mismo puesto en Puerto Montt y Valparaíso.

“Empieza un nuevo día en la Iglesia Católica de Chile. Se van tres obispos corruptos y seguirán más”, publicó Juan Carlos Cruz en su cuenta de Twitter. “Emocionante por tantos que han luchado para ver este día. La banda de obispos delincuentes se empieza a desintegrar hoy!”, agregó.

La organización Laicos de Osorno, opositora a Barros desde su designación también celebraron la decisión. “Hoy se cierra un capítulo y comienza otro”, afirmó el vocero Juan Carlos Claret, quien además llamó a una “reconciliación” en la ciudad.

“Se necesita empezar a trabajar un proceso de reconciliación en base a la verdad. Pero no se trata de conocer los hechos para que nosotros los sepamos, simplemente, sino que se trata de ponerlos a la justicia (…) no puede haber nunca más un obispo impuesto. Que no puede haber nunca más un obispo encubridor o miembro de una cultura del abuso o del encubrimiento”, aseguró Claret a La Tercera.

El vocero de los Laicos especificó que no fue el Papa quien tomó la decisión, sino que esta vino producto de la constante presión que ejercieron en Osorno en contra de Barros y “gracias al coraje de las víctimas” de Fernando Karadima.

Por su parte, José Andrés Murillo apuntó que la salida de los tres obispos tiene que ver directamente con “que han estado implicado en abuso directamente o en encubrimiento”.

“Esperamos que este mecanismo pueda ir repitiéndose en distintos lugares del mundo hasta transformarse en una manera de actuar. La estructura de la Iglesia debe cambiar, desde una que favorece el abuso y el encubrimiento a una que lo previene, lo detecta e interviene de manera efectiva y eficaz”, agregó.