El 6 de junio se conmemoró el 178° aniversario de la muerte de Marcelino Champagnat, fundador de los Hermanos Maristas. Con ocasión de este acontecimiento, la semana pasada se celebró la denominada Semana Champagnat en todas las obras maristas de Chile y el mundo.

Una semana de paradojas y contradicciones, porque se conmemora al fundador con alianzas, juegos, fiestas y misas, pero también se alza la fuerte voz de los “sobrevivientes” y de otras víctimas, advirtiendo que esta congregación ha encarnado prácticas mafiosas y conductas ilícitas de abuso sexual y laboral con sus estudiantes, docentes y funcionarios.

La Semana Champagnat es relevante para recordar los horribles casos de pedofilia y abuso sexual, cometidos por los Hermanos Maristas con niños y niñas de sus establecimientos educacionales, pero también para desvelar otro foco de abusos que no ha sido tan comentado, el abuso sexual y laboral dirigido a funcionarias y a profesoras.

En efecto, los Hermanos Maristas siguen sumando razones para ser acusados, sin lugar a dudas, como uno de los mayores abusadores, encubridores, facilitadores y victimarios de la iglesia católica chilena, violentando a profesoras y funcionarias.

Nuevamente aparece como un espacio propicio para este tipo de situaciones el Instituto Alonso de Ercilla. Como recuerda una profesora del establecimiento en la década del 2000, que quiso mantener su identidad bajo reserva.

Era sabido entre las colegas que el Hermano José Luis Rabanal, entonces tesorero del colegio, se sobrepasaba en el trato a las profesoras, volteando la cara cuando lo saludaban -propiciando situaciones en las que el saludo de beso estuviera al filo de un saludo de labios-, agarrando la cintura, “pasando a llevar” sus zonas íntimas y apretándolas, cada vez que tenía ocasión.

En uno de los episodios que le tocó vivenciar, la profesora relata: “Fui a la oficina de Rabanal a solicitar dinero para la compra de materiales para una actividad que iba a realizar con mi curso. Él, luego de entregarme el dinero, se me acerca y me toca intencionadamente justo debajo de la axila, para tocar por el costado uno de mis pechos. Yo quedé paralizada, con una sensación de impotencia tremenda y no supe qué decir ni qué hacer, sólo me retiré y, a partir de este hecho, cada vez que tuve que ir a pedirle plata para alguna actividad, procuraba hacerlo acompañada con otra profesora, para evitar este tipo de conductas abusivas”.

La profesora reconoce que éste no fue un evento aislado de parte de Rabanal. Las primeras veces en que ocurrieron estas conductas impropias, las tomó como accidentales y consideró que era un error pensar que el Hermano José Luis quería aprovecharse de su persona.

Sin embargo, con el correr del tiempo, y al tomar conciencia que situaciones similares ocurrían en cada momento que le tocaba ir a su oficina para retirar algún dinero, se fue dando cuenta que estas conductas no eran casuales, sino que buscadas y propiciadas por el tesorero.

Hermano José Luis Rabanal, miembro de la comunidad de hermanos del Instituto O’Higgins de Rancagua

Otro de los abusos que se cometieron en los establecimientos maristas tiene que ver con el Mobbing o acoso laboral, vale decir, el trato hostil o vejatorio al que es sometida una persona en el ámbito laboral de forma sistemática, que le provoca problemas psicológicos y profesionales.

En esta línea, quien fuera funcionaria del Colegio Champagnat de Villa Alemana, Carmen Jofré Elkins, relata que “fui testigo de mobbing ejercido a compañeras, a las cuales se obligaba a digitar cajas y cajas de material inservible e impropio de la labor colegial, generalmente porque venían llegando de un postnatal. También se ejerció esta práctica con docentes, atendiendo a su salud incompatible con el cargo, como le llamaban al hecho de caer con licencia médica. Se les castigaba con disminuciones de horario, hasta llegar al despido. Vi a quienes se les tuvo un año marcando horario y privado de sus funciones, ignorados por completo”.

Sumadas a estas malas prácticas, Jofré cuenta que incluso ella alcanzó a tener una jornada laboral de 15 horas diarias promedio, incluyendo fines de semana, ya que era imposible cumplir con todo lo solicitado por sus superiores. Llegó a acumular hasta 10.000 horas extra, las que no fueron reconocidas ni pagadas como tales. Al poco tiempo, su salud comenzó a deteriorarse y la situación se hizo cada vez más insostenible.

La ex funcionaria cuenta que “no tomaba vacaciones, todas mis licencias médicas las trabajé desde mi cama, con pleno y cabal conocimiento de mis superiores. Cada vez eran mayores mis enfermedades y mayores mis gastos en médicos y remedios. El sueldo ya no me alcanzaba, caí en un círculo vicioso y no encontraba escapatoria. Entonces, el religioso y presidente del directorio me reprocha mi mala salud y me dice que, si me enfermo nuevamente, me va a despedir”.

El presidente del directorio del colegio Champagnat de Villa Alemana, al que hace alusión Carmen en su relato, era el Hermano Cruz Alberdi, quien, junto a Enrique Ahumada (hoy contador auditor provincial de los Hermanos Maristas) se encargaron de hostigarla e intimidarla en el trabajo.

Hermano Cruz Alberdi, presidente de los directorios de las fundaciones educacionales de los colegios Marcelino Champagnat de la Pintana y Santa María de Limache

Luego, el 2006, tras asumir como nuevo rector del colegio Champagnat de Villa Alemana el señor Claudio Castillo Faúndez, se dieron una serie de situaciones adicionales de mobbing, protagonizadas por su persona.

Jofré acusa que cada visita del rector a su oficina era para decirle frases, como: “Tu futuro laboral depende de mí”, tú no puedes vivir sin este trabajo, con lo que te pago puedo contratar dos o tres personas iguales o mejores que tú”.

Además, la ex funcionaria agregó que “me estigmatizaba como inestable emocional. En esto participaban mis subordinados, quienes disponían de tiempo libre para reunirse y burlarse de mi persona, diciendo: “La Carmen peina la muñeca”. Se me acosaba psicológicamente, me ignoraban para trabajos propios del cargo, a cambio de asignarme labores muy por debajo de mis capacidades, marginándome de las reuniones habituales de trabajo y de la toma de decisiones, lo que motivó que mis subordinados dejaran de respetarme y se entendieran todos directamente con el rector”, concluye.

Claudio Castillo Faúndez, rector del Instituto Chacabuco de Los Andes

Estas situaciones se extendieron hasta el 2008, año en que la funcionaria fue despedida. Sin embargo, las secuelas de estas condenables prácticas siguen hasta el día de hoy, con un listado de enfermedades y síntomas diagnosticados que incluye, entre otros, fatiga crónica, depresión mayor asociada a fibromialgia, pérdida de la memoria reciente, síndrome de burnout, deterioro cognitivo, crisis de ansiedad, pánico y angustia, pérdida visual, y declaración de invalidez por enfermedad común e incapacidad parcial el 2013, y de 78% de incapacidad total el 2016.

Actualmente se están investigando otros casos de abuso sexual y laboral en los Hermanos Maristas, lo que indica que este tipo de prácticas son recurrentes dentro de la organización.