Durante el pasado jueves, el presidente Sebastián Piñera estrenó su nuevo y lujoso auto en la ceremonia religiosa de despedida del cabo de Carabineros, Óscar Galindo.

El Mandatario llegó en un modelo de lujo Hyundai Génesis G90, producido en 2008 por el fabricante surcoreano, cuyo valor rodea los US$68.350, alrededor de 43 millones de pesos. Un vehículo de alto gama que fue creado para enfrentarse al Audi A6, al BMW Serie 5, al Infiniti M, al Lexus GS y al Mercedes-Benz Clase E.1.

El nuevo modelo de transporte presidencial le evitará a Piñera usar un auto propio, como había anunciado para dejar atrás la polémica del Lexus LS500, que rodeaba los 70 millones de pesos. Sin embargo, la comodidad del Mandatario podría verse obstaculizada por las aspiraciones del diputado Gabriel Ascencio, quien informó que recurrirá a la Contraloría General de la República por el costoso vehículo.

A juicio del parlamentario DC, es necesario investigar la entrega del vehículo, dados los vínculos de Hyundai con el conglomerado que protagonizó el mayor escándalo de corrupción en Sudamérica.

OAS es el que junto con Hyundai ganó la licitación para la construcción del puente sobre el Canal de Chacao y resulta que ahora lo tenemos pasándole en comodato un auto de alta gama al presidente de la República”, argumentó el diputado.

A la vez, Ascencio exigió que la Cámara de Diputados “investigue, sino que además la Contraloría emita un dictamen diciendo si corresponde o no que una empresa privada tan grande como Hyundai, le pase un vehículo al presidente. Imagínense cuántos contratos tendrá Hyundai en Chile”.

No es la primera vez un lujoso regalo le da problemas a la autoridad: en febrero del año pasado, el ex canciller Heraldo Muñoz tuvo que devolver un reloj Longines que le obsequió el embajador de Emiratos Árabes Unidos, Abdulla Mohamed Almaainah, luego de que la Contraloría estimara que “no puede considerarse como un donativo oficial o protocolar, ni tampoco cabe dentro de aquellos que autoriza la costumbre”.