Desde el año 1552 la Plaza de la República de Valdivia ha estado en el mismo lugar. Al ser una ciudad fundada por los españoles obedece a la lógica de un diseño urbanístico y arquitectónico que se contiene en el ampliamente conocido “Plano hipodinámico” o “Trazado del Damero”, instrumento de diseño que constituye los primeros atisbos del urbanismo colonial y cuya particularidad radica precisamente en que la plaza de armas, se constituye en el eje central del proceso constructivo, de la vida y el poder cívico de la ciudad, pues frente a ella se levantan los edificios de la Intendencia, la Iglesia, los juzgados y las casas de las respectivas autoridades de la época. Este diseño se expandió por toda América Latina en el proceso de conquista española, simbolizando una visión material del poder temporal de la corona frente al ciudadano que se congrega en estos espacios públicos.

Otro dato histórico de este espacio público radica en el año 1820, cuando nuestra plaza de armas adquiere el nombre de “Plaza de la República” ya que luego de la hazaña de Lord Cochrane de capturar e incorporar nuestra ciudad a la naciente república chilena, pasa a denominarla como plaza de “La república”, única plaza con esa denominación en Chile. Así, no cabe duda que nuestra plaza posee un valor incalculable para nuestro patrimonio e historia locales ya que en sus más de 400 años ha sido punto neurálgico de la construcción de nuestra cultura local y de la sociedad valdiviana.

Pero últimamente este punto icónico y simbólico de Valdivia, se ha visto amenazado por la reactivación de un proyecto de estacionamientos subterráneos a construirse bajo la Plaza de República, siendo aprobado este proyecto por la revisión de la Comisión de Evaluación Ambiental de Los Ríos, pese a un alto rechazo de la ciudadanía valdiviana, que comienza a organizarse al respecto en el movimiento “Ciudad Defiende” iniciándose un proceso de concientización ciudadana y exposición de los antecedentes de esta idea, exponiendo así detalles que sorprenden absolutamente por la evidente falta de visión, adecuación a los tiempos, contextualización y beneficio finalmente para la ciudad y la mayoría de sus ciudadanos.

¿Qué cosas llamativas y absurdas apreciamos en este proyecto?, en primer lugar la relación patrimonial con el espacio, pues este proyecto que ya ha sido detenido en varias oportunidades anteriores por afectar directamente al yacimiento arqueológico más importante de la ciudad, va a construirse en el mismo lugar que originalmente ya fue rechazado. Curiosamente Monumentos Nacionales cambia de criterio patrimonial con el arribo de la nueva administración y sin mediar alguna razón de real peso (las escasas justificaciones pueden ser revisadas sin problemas en el sitio web del SEA Los Ríos), se acepta el mismo proyecto que anteriormente se había rechazado, lo cual demuestra la inexistencia de criterios normativos o siquiera coherencia en el razonamiento de lo público, mostrando al gobierno de Chile como una mera agencia de visaje de proyectos de inversión privada, de escasa relevancia social y profundos márgenes de ganancias privadas.

Otro asunto llamativo ha resultado constatar el proceso de concesión de los estacionamientos públicos, ya que se han hecho circular los montos que la administración municipal considera como un precio justo para utilizar el espacio público y ahora finalmente, derrumbar, construir y alterar completamente nuestra plaza; así estos intereses públicos se satisfacen en la exorbitante suma de $500.000 mensuales al erario municipal, suma que comparada con las utilidades que recibe el empresario nos determinan a realizar una carcajada monumental.

Finalmente, se comprobó que son solo 300 estacionamientos ofrecidos como una solución al tráfico de Valdivia, pero que tomando en cuenta que el parque automotriz de la ciudad asciende a más de 40.000 vehículos, resulta absurdo de analizar que tipo de impacto real pueda tener este estacionamiento subterráneo, por lo que un proyecto que primero, se instalará en un espacio que patrimonialmente es importante para la comunidad y que contiene potencialmente antecedentes respecto a todas las épocas de nuestra historia, que ofrece un beneficio económico mínimo al municipio y que finalmente unido a la construcción de mega obras inmobiliarias en el centro, auguran un desastre en la planificación urbana de una de las ciudades con mayor potencial cultural y turístico del sur de Chile. La fiebre de la inversión privada y el carácter siempre servil de nuestras autoridades locales con ciertos actores de la escena privada, determinan a Valdivia a sufrir los embates de inversiones que no pueden ser consideradas como sostenibles, o vinculadas con el medio y ni siquiera proyectables bajo criterios arquitectónicos que determinen la utilidad de sacrificar espacios públicos con alto valor patrimonial, por obras de cierto valor o siquiera nivel.

Demás está señalar que el mundo desarrollado va en otras direcciones, abrazando la idea de peatonizar los centros de las ciudades, hacerlos caminables y disfrutables a escala humana, creando boulevares, cerrando calles y sacando a los autos de algunos espacios claves con el fin de crear un relato de ciudad más amigable y más vivible desde la experiencia sensorial. Europa, Canadá y el norte de Estados Unidos son ejemplo de ello, recuerdo los titulares de ciertas comitivas locales que visitaron dichos lugares, pero al parecer no se aprendió nada. Quizás no han visto el centro sin automóviles en Valdivia, por esa razón los invito a eventos ciudadanos como el denominado “Entre 4 y 20” que se desarrolla en el mes de octubre ya por varios años fomentando los espacios para personas y la inclusión en la ciudad, con singular éxito en contenidos y convocatoria, demostrando que Valdivia puede avanzar y pensarse de otras maneras.


Abogado