En Huechuraba los niños esperaban a los poetas susurrándoles poemas de Violeta Parra. En La Pincoya hubo un almuerzo. En la Escuela el Mañio de Quilicura se trabajó con migrantes y profesores.

Siguiendo los lineamientos del Festival Internacional de Poesía de Medellín, que en sus 27 años de vida ha buscado generar cambios sociales a través del poder transformador de la poesía, el festival organizado por el poeta Oscar Saavedra junto a escritores, profesores y organizaciones comunitarias, llevó la poesía a diferentes escuelas y puso a dialogar a poetas de distintas generaciones, poniendo al mismo nivel a creadores consagrados y a niños y niñas que recién comienzan a experimentar en las letras. “Esto tomó vuelo”, dice Saavedra, quien desde el 2008 comenzó con el movimiento Descentralización poética, generando encuentros en diversos lugares del país, en la idea de sacar los eventos literarios de las instituciones oficiales. “Si llegábamos a la instituciones era para llevar a pobladores y poetas mapuches, para romper esta cosa hegemónica, el canon, y siempre buscando la forma de acercar a las personas a la poesía”, dice el también profesor de creación literaria en escuelas y centros sociales.

Trabajando con niños se dio cuenta que sus voces estaban invisibilizadas y que se los veía como agentes pasivos en la lectura. También le pareció que la creatividad se daba más en la periferia, ante lo cual sintió que los escritores no podían quedar indiferentes. “A los niños y niñas los ven como consumidores de literatura, no como creadores. Queremos echar abajo eso. La editorial que tengo se llama Andesgraund  y tenemos una colección, El país de la infancia, donde publicamos a niños, niñas y adultos mayores. Los denomino escrituras desplazadas”, explica Oscar.

En Antogafasta, Caldera, Coquimbo, La Serena, Andacollo, Valparaíso, Parral, Chillán, Concepción, Puerto Montt, y varias comunas de la Región Metropolitana se desarrolló simultáneamente el festival. En Caldera leyeron en botes, en Chillán en la casa de Gonzalo Rojas y en Valparaíso en La Sebastiana, entre otros lugares. “Hubo autogestión, queremos demostrar que se puede. Los niños viajaron con aportes míos y de amigos, y mucha voluntad de los escritores participantes. Soledad Fariña y Erick Polhammer fueron a Caldera, y en la distintas comunidades educativas participaron niños poetas, también jóvenes y adultos mayores. Fue una cosa transversal, sin hegemonías, pero con valor literario. Los niños son buenos poetas, lo han demostrado”.

El próximo gran paso es el Festival Internacional de poesía de Chile.cl, que cuenta con el apadrinamiento del festival de Medellín. La idea es replicar algo similar a lo que sucede en Colombia, donde la poesía de los invitados internacionales consagrados y desconocidos llega masivamente a espacios poco convencionales y la gente desayuna, almuerza y cena poesía.

Aunque el Festival de Poesía en las Escuelas concluyó el viernes pasado, la última actividad se pospuso y se realizará el martes 26 de junio: el lanzamiento del libro Mi Casmot juega con el tiempo de la luna de la niña Anahy Ruiz Armijo, de 11 años. Lo presentarán la poeta Alejandra del Río y la académica Paula Miranda en la Escuela Mercedes Fontecilla de Quilicura. Después los poemas de la pequeña Anahy serán traducidos al chino.

Aquí un poema del libro:

Yo soy un pantalón, luego un short y una falda.

He aquí mi vida viajando al planeta Marte

Hasta el domingo.

Rara sensación de ir a navegar en la galaxia

Donde puedo ser yo misma hasta el viernes.

Mi vida está hecha de maletas.

Yo no sé si mi tía falda me caerá muy bien,

Pero si sé que mi sobrino pantalón es muy ajustado.

Mi mamá es la camisa que nunca tuve.

Nunca me falta llevar los zapatos

Porque son suaves como la piel de un bebé.

El bebé que derrama tinta de sus ojos para yo

Seguir escribiendo.

Yo sé que la vida es una, pero yo tengo tantas

Que me reciclan por tres.

Yo soy un pantalón, luego un short y una falda.

Mi dueño no tiene límites. Mi familia tampoco.