Con la crisis general que viven Venezuela y Nicaragua, el cambio en Ecuador y la nueva ola de gobiernos derechistas encabezados por empresarios, Evo Morales Ayma parece encarnar la soledad de la izquierda en América Latina.

Tras 12 años de gobierno, surgen muchas preguntas acerca de la realidad democrática de Bolivia y por el Proceso de Cambio encabezado por Morales y el Movimiento al Socialismo (MAS). Tras ser invitada a nuestro país por el Observatorio de Historia Reciente de Chile y América Latina de la Escuela de Historia de la Universidad Diego Portales, María Teresa Zegada, socióloga de la Universidad Mayor de San Andrés, ofrece su diagnóstico.

En Chile generalmente se observa al presidente Evo con muchos prejuicios y estereotipos, prácticamente como un vecino que pide insistentemente mar ¿Qué significa la figura Evo para la democracia boliviana?

– Él es muy relevante, quizá es de los elementos más importantes de este proceso, porque somos un país y somos una región latinoamericana, con una fuerte presencia del caudillismo y del personalismo. En verdad, la política no pasa tanto por los partidos, sino que, por las personas, tenemos un montón de partidos que han muerto cuando han fallecido sus liderazgos principales. Pero sí, definitivamente, en Bolivia es muy fuerte la presencia de Evo.

La llegada Evo Morales significó un momento democratizador, usted ha dicho que es un proceso en donde confluyeron distintos tipos de democracia, sin embargo, antes de Evo también había democracia ¿Cómo era esa Bolivia?

– Si miramos las diversas democracias que hay en Bolivia y que existen en muchos lugares, pero no se les suele visibilizar por la academia, ya que tú te limitas a observar la democracia electoral que obviamente es la que define el poder público, pero que no por eso no existen otras formas de ejercicio político ¿No? Quizás Bolivia es el país de América Latina donde ha habido una mayor participación de lo social en lo político porque no tenemos una larga tradición de historia partidista como ustedes en Chile, las mediaciones han sido más bien ausentes. Lo que hemos tenido partidos de la oligarquía que eran absolutamente elitistas y más adelante algunos más diversos, como de líneas más nacionalistas, comunistas.

Como el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR)…

– Claro, el MNR fue el más fuerte por la Revolución de 1952, pero también el Partido Comunista, los trotskistas, la falange socialista, y otros partidos que estuvieron allí, manteniendo una presencia. Pero en realidad, nuestra historia de democracia partidista comienza en 1982, es entonces cuando se consolida un sistema de partidos, que era plural, excesivamente plural en un principio, había como 70 partidos políticos inscritos en la corte electoral, pero después hubo muchas normas y se reguló tanto que terminó en 6 partidos consolidados que se repartían el poder. Entonces, la lectura de la democracia se limitaba a ese mundo institucional, pero que era muy débil porque si te fijas, es una historia corta, 35 años de esa democracia. Pero hay que mirar que no solo existe ese tipo de democracia, en Bolivia hay una gran tradición de democracia directa, no me refiero a referendos, sino que del tipo participacionista, cuando ves a una sociedad activa, por ejemplo, la Central Obrera Boliviana (COB) ha sido capaz de destituir gobiernos, impulsar políticas, porque no había partidos políticos que eran capaces de hacer esas mediaciones. Por otro lado, también tienes la democracia comunitaria, que tienen formas absolutamente organizadas de ejercicio del poder y que no tienen nada que ver con esta otra democracia. Pero en el curso del tiempo, en la historia reciente, se han ido encontrando, las autoridades tradicionales con el poder municipal y ya se produce una hibridación, los mismos pasa con los modelos sindicales-campesinos. Hoy día no se puede hablar de formas puras, pero no por ello no existen, existen, tienen un sentido muy importante para algunas regiones y le han dado un sello muy importante al país, se han visibilizado con la idea de la plurinacionalidad.

– Desde el Proceso de Cambio se refieren a esa época como tiempos de un neoliberalismo muy oscuro ¿No corresponderá aquello a los últimos años de la antigua democracia?

– Hay una tendencia muy fuerte en el actual al gobierno de descalificar, pero con todo, a lo previo. Es más, ya se han empezado a escribir libros de historia escolares, donde más o menos ves que la historia comienza con la llegada de Evo. O sea que lo de antes era prehistoria, colonial y que no merece ser contada. Yo creo que esa democracia no fue mala, pero era muy limitada. Ha sido buena porque ha permitido el pluralismo, la participación, ha permitido sentar las bases de un sistema institucional que no existía en Bolivia, se reformó la constitución, se mejoró el sistema electoral y se hicieron muchas cosas también positivas, pero los partidos estaban muy encriptados en sí mismos, no eran realmente representativos de la sociedad y este divorcio, provocó esta efervescencia como la Guerra del Agua y la Guerra del Gas de principios de siglo y el malestar se estrella contra estos partidos.

– Morales responde a las insuficiencias de la antigua democracia boliviana, pero también surge en un contexto latinoamericano en donde había una mayoría de gobiernos de izquierdas ¿Ese contexto latinoamericano pueden entenderse como una de las causas del gobierno del presidente Evo?

– Yo creo que, como todo en América Latina, normalmente los ciclos políticos van en un acompañamiento,derrotamos a nuestras oligarquías al mismo tiempo, las dictaduras han llegado al mismo tiempo, las democracias también, ustedes han tardado un poco más jaja. Piensos que estos gobiernos, abrieron una ruta esperanzadora para nuestros países, pero lamentablemente ha durado muy poco. Hoy día tienes a un Evo Morales en un aislamiento, Maduro está en una crisis total, Lenín Moreno ha dado un giro de 180 grados, Nicaragua es indefendible como está, Macri ganó en Argentina. Todo el giro a la izquierda se ha debilitado muy rápido y ha quedado Morales un poco aislado, si me preguntas si esto es grave, creo que siempre es mejor que estar acompañado, sin embargo, el hecho que Evo siga de pie, le da más visibilidad, le puede dar fortaleza.

¿Qué particularidades tiene el caso boliviano con los otros gobiernos de esta oleada progresista?

– La diferencia es que Bolivia es un país con un fuerte componente indígena, a diferencia de Venezuela, por ejemplo. El tema de la inclusión social, de la plurinacionalidad, por lo menos en la Constitución y en algunos aspectos de la vida cotidiana ha sido lo que ha marcado la diferencia con los otros, porque en lo demás al igual que los otros, el Evo ha tenido políticas muy redistributivas, discursos muy populares el tema del caudillismo, todos estos rasgos de tal vez más neo-nacionalismo popular más que izquierdismo o socialismo.

Pero en 2009 Silvia Rivera Cusicanqui y su grupo se salieron del gobierno precisamente por eso, denunció la inclusión indígena como una cuestión vacía. ¿Aún se puede entender el gobierno del presidente Evo Morales como uno por y para los pueblos indígenas?

– Lamentablemente, la realidad ha ido demostrando que no, hay una distancia entre este discurso y la realidad. Primero, hay una tendencia muy fuerte en el gobierno por los proyectos extractivistas y eso es en muchos lugares del país un atentado flagrante contra comunidades indígenas. Porque los lugares de extracción petrolera están en el corazón de los pueblos, por ejemplo, hoy día un gran debate porque el gobierno ya tiene aprobado un proyecto de represa en La Amazonía, llamado el Chepete y el Bala, que está en el Parque Nacional Madidi, que es nuestro lugar de mayor riqueza biodiversa. Por otro lado, a casi 10 años de la Constitución, uno se pregunta qué tanto se ha avanzado con la inclusión indígena y en verdad, no se ha adelantado prácticamente nada, tenemos 36 pueblos indígenas, pero sólo tienen 7 curules en nuestro parlamento.

– ¿Los espacios autonómicos indígenas no están funcionando?

– En el tema de autonomía indígenas concretamente, o sea son 8 años de la ley del tema, pero hay tantos obstáculos para el avance de las autonomías, que en muy pocos casos se han logrado consolidar. En Bolivia hay 3 autonomías consolidadas, y hay unos 5 más que van en camino. Entonces, uno no ve una voluntad política del gobierno para impulsar esto, tienen todos los poderes para impulsar un salto en esta materia. Pero la descentralización significa desconcentración del poder, esto no le conviene al gobierno, entonces están en esa pulsión constantemente entre control y empoderamiento real, lo que provoca que el proceso no fluye.

Habiendo un proceso relativo de inclusión autonómica y de pueblos indígenas, uno se pregunta por otras inclusiones necesarias. ¿El gobierno de Evo Morales ha impulsado la participación política de las mujeres?

– En el caso de género es muy interesante lo que pasa, se ha avanzado mucho, se ha incorporado en la Constitución la equivalencia de género, ese es un precepto clave. Segundo, en la misma la Constitución se sugiere que exista una paridad del 50% en los cargos del ejecutivo y esto también se ha aprobado para los cargos de elección popular. Es decir, a nivel normativo se ha consolidado una demanda que empezó en los 90 con la petición de la cuota de 30%. Pero el gran problema está en la práctica, en el ejercicio fáctico de la política, ahí tenemos mucho por recorrer, si bien hay mujeres que acceden a cargos, sin embargo, no las dejan hablar, las critican, en la cultura aún no se rompe con los cánones patriarcales y las ideas conservadoras, creo que todo eso será parte de un cambio más de largo plazo.

– Pero igual están participando “Las Bartolinas” y movimientos afines, ¿no es así?

– Claro, ha habido cuestiones muy contradictorias, por ejemplo, en la anterior administración se les invitó a gobernar y dijeron que no estaban preparadas, pero es una contradicción muy compleja de entender, hay mucha distancia entre un avance discursivo y legal con lo que sucede en la realidad, persisten ideas muy conservadoras, incluso en las propias mujeres. Eso sí, muchas de estas mujeres tienen influencia política, algunas son parte del círculo cercano del presidente Evo, la propia Nemesia Achacollo, hay ciertas mujeres con influencia política, pero eso no quiere decir que eso signifique un cambio en general, en la sociedad. Otra cosa positiva, es que ahora se empezado a revelar con mucha mayor fluidez los casos de acoso político, son capaces de denunciar, la ciudadanía se ha activado mucho con estos temas.

¿Cree usted que sería sano para la democracia boliviana una nueva reelección del presidente Evo?

– No es tanto que Evo se quede o deje de quedarse. En la Constitución hay un escrito claro al respecto, irse en contra de tus propias normas es complicado. Segundo, ha habido un referéndum convocado por el propio gobierno, en que la gente le ha dicho que no y ese es un mandato institucional democrático, debe respetarse. Pero meses después aprueban este fallo constitucional forzado, pero notoriamente forzado y todo esto se ve como una afrenta contra la parte institucional de la democracia. Eso se confronta contra el discurso más oficialista de que hay un Evo en 200 años, de que cómo lo vamos a desperdiciar, pero eso significa un caudillismo muy fuerte. Por otro lado, Evo dice yo me puedo ir, pero el pueblo no quiere que me vaya y como yo mando obedeciendo al pueblo, tengo que hacerles caso a mis bases.

– Pero se señala por parte del gobierno que el contexto del referéndum estuvo marcado por que al presidente se la haya inventado una hija, se haya quemado la Alcaldía de El Alto y se haya destapado el caso de corrupción del Fondo Indígena. ¿Esto no influyó?

– Pero más allá de eso, la gente no es una masa ignorante, la gente también supo discernir. Después, lamentablemente lo del Fondo Indígena se comprobó, que fue una de las cosas más malas que le ha pasado a este gobierno. La gente ha votado, al final ese voto, ¿cuenta o no cuenta? ¿De qué democracia estamos hablando? Si él hubiese ganado por dos puntos, haría eso valer eso, pero como ley, por qué no hace valer como ley si ha salido como lo contrario. O sea, estas son las reglas de la democracia.

– El Movimiento Al Socialismo (MAS) es un partido político novedoso, compuesto por distintos movimientos sociales, ya lleva 12 años a cargo de un gobierno ¿Cómo se ha institucionalizado la diversidad del MAS?

– Es un discurso con una diversidad tal que a 12 años de gobierno te parece muy contradictorio, te parece incoherente. El gobierno al principio anunciaba el socialismo comunitarista, el vivir bien como del nuevo horizonte político y todos estos discursos muy fundantes se han ido relativizando en el tiempo porque el propio gobierno ha ido viendo que sus intereses políticos no estaban tan en sintonía con un discurso radical. Si bien sus discursos parecían tomar la línea del nuevo Estado, hoy han perdido su valor. Hoy hablan del empresario patriótico, etc. También hay un juego electoral que deben ganar. Incluso, si la Constitución fuese la institucionalización de ese nuevo discurso, el propio gobierno ha violado muchas veces la Constitución. Lo dice el propio Boaventura de Sousa, él dice que ve un proceso de des-constitucionalización en Bolivia, entonces es todo muy contradictorio.

– Al parecer esas contradicciones no eran evidentes en un comienzo, usted ha escrito sobre la consolidación hegemónica del MAS en 2008, el vicepresidente Álvaro García Linera ha llegado a decir que el MAS es el nuevo centro político. Pero ya estamos en 2018, ¿en qué pie que ha quedado la idea de esta nueva hegemonía boliviana?

– El problema más grave en el caso del MAS es que si bien es que logró una hegemonía incompleta en un inicio, después de ese proceso, ha venido un resquebrajamiento interno, se han dividido las organizaciones, ahora en Bolivia en casi todas las organizaciones hay dos dirigencias paralelas, a raíz de la carretera del Tipnis y conflictos similares se han dividido las organizaciones, excepto las dirigencias campesinas. Por ejemplo, este año la COB se puso al frente del gobierno ¡y han descabezado al dirigente! O sea, son estrategias muy críticas para afirmar la cohesión, a ratos muy artificial. Ahora, el resquebrajamiento más fuerte ha venido por ese lado porque no es tanto que la oposición sea una amenaza, la oposición no existe, el imperio tampoco, o sea está ahí digamos, pero esos son discursos. De adentro ha venido esta ruptura, por el 21F, por las políticas desacertadas, porque dentro del propio MAS ha faltado regeneración, ellos podrían haber formado otro líder alternativo y no lo han hecho, entonces todos estos aspectos los han afectado mucho.