¿Cómo luchas contra el feminicidio y el acoso sexual hacia las mujeres y las niñas si no te pronuncias y actúas contra los linchamientos de migrantes o los encarcelamientos de hombres mapuche?

El odio social popularizado contra el pobre, el indio, el negro, el migrante, es odio contra la india, la pobre, la negra, la migrante, mujeres racializadas, o sea interpretadas como parte de una “raza” por ser parte de pueblos vencidos, colonizados, esclavizados, perseguidos.

Es parecido a como hemos sido inventadas “mujeres” por ser parte de una clase de humanas reproductoras y fuerza de trabajo que sirve al sostenimiento del capitalismo neoliberal.

De poco sirve que te dejen… -o en realidad, que dejen a otras- entrar a las “agendas” gobiernistas, a los parlamentos, a los partidos (masculinos todos), a las gerencias (que no son para las pobres), si todo cambia para que nada cambie. Si el capital trasnacional, la oligarquía terrateniente, el Estado y sus gobiernos siguen controlando nuestras vidas colectivas y particulares.

Habitamos –oficialmente- un país patriota (racista) con memoria impune de Tortura institucionalizada. Un país que alaba a los que torturan migrantes en la cárcel (o en la calle) y a los que pudiendo evitarlo y pudiendo haberlo previsto, utilizando los poderes que ostentan, los entregaron como objeto de escarnio público.

Los Brutos

Hombres presos racistas, machistas y violentos, torturando a otros hombres presos femicidas, machistas y violentos. Todos pobres (los burgueses violadores, misóginos, ladrones y golpistas, no van a la cárcel o van a cárceles cinco estrellas). Pero ¡Ah!, los torturados son pobres y migrantes, lucen indios, ahí está la diferencia entre hombres pobres que se pelean entre sí. El arribismo racista chileno se organiza para legitimar la tortura y el crimen de lesa humanidad, una vez más.

Con este espectáculo mediático, los hijos de la población que creen que “son blancos”, comprenden (más todavía) que es posible matar mujeres, violarlas, robarles, acosar y abusar niñas, pero que luego pueden redimirse torturando a un indio migrante, mostrando patriotismo carcelario (o callejero). Porque el indio, el negro, aquí no tienen bandera ni nacionalidad ni permiso de actuar y existir dignamente.

Justo ahora le molesta “a la opinión pública” que unos hombres maten mujeres. Y eso que hombres chilenos matan mujeres una vez por semana y ninguno de esos femicidas son señalados públicamente como merecedores de tortura.

Lo que sí pasa en Chile, es que se exponen las vidas de las mujeres asesinadas; los hombres familiares que las sobreviven, hacen discursos no sexistas por la tele, toman la bandera de leyes con el nombre de las mujeres muertas a las que se refieren como a “sus” mujeres, y quedan como reyes otra vez gozando de sus privilegios.

Son hombres blanqueados, educados, de capas pujantes de la sociedad chilena.

Por otra parte, el marido negro y migrante de Joane Florvil, también negra y migrante, muerta en el hospital luego de haber sido detenida por Carabineros de Chile y de que las instituciones del Estado chileno le quitaran su guagua “por mala madre”, no tuvo ese mismo sitial privilegiado en los medios, aunque sea hombre… ¡Ah, pero haitiano!

 Gente de farándula chilena, mujeres y hombres con sueldos millonarios y muy patriotas –claro-, celebraron mediáticamente que Chávez y Romero sean torturados en Santiago 1, grabados y expuestos. Es que son ecuatorianos, migrantes, morenos y brutales. “¿No tienen madres?”… “¿Es su cultura así de bestial?”, se preguntan marcando el tono racista nacional con publicidad.

Las acosadas

La cultura desarrollada, civilizada, blanqueada define a los hombres pobres como “bestiales”, a los indios como “salvajes” y a las “mujeres”… “¿Quién las entiende?”. Son neuróticas, trastornadas, “raras” como animales, “andan en celo” “como los indios que se pintan cuando quieren guerra”, y otras veces “andan con la regla”… Pero “hay que amarlas”, que en clave masculina es “acosarlas”, “seducirlas”, “conquistarlas”, abusarlas, violarlas.

Conquistarlas como a indios y esperar a que entren al juego del poder. Un juego que no es igual para todas. (Ni lo imagines). Aquellas a las que los hijos de la burguesía y los hijos de los pobres -por igual- nombran en Chile como “peladas” o “cochinas”, esas no tienen acceso al mismo poder que las que parecen blancas. Por muy vestidas de seda que vayan, no tienen esperanza de movilidad social y seguirán siendo su chiste callejero, de “humor” de festival y shows.

En clave masculina (desclasada o burguesa) las “limpiecitas” son las que parecen blancas, las jóvenes y bonitas, modelos y actrices, pero de buenas familias. Por ejemplo de familias con presidentes de la República, casadas con hijos de políticos, en fin. También las de clase media pujante, mujeres con movilidad social. El reconocimiento masculino de su abuso patriarcal al que nombran “acoso”, llega hasta esas mujeres.

¡Y qué coincidencia! Justo después del “Me too” de la Industria del Cine Europeo y Norteamericano, la incluyente sociedad chilena acepta, a regañadientes, que ya no se trata de “piropo”, sino de acoso y juzga algo menos a mujeres que denuncian y lucen blancas. (Las otras, probablemente, seguirán siendo objeto de un intercambio sexual laboral con hombres que confían en su plata y poder para realizar abusos machistas –y cómo no- si hasta pueden contratar abogadas señaladas como  “feministas” gracias al dinero de sus familias y sus negocios).

Qué “mujeres”

Negra, india, pobre, asalariada, pobladora, campesina, huasa bruta, lesbiana, marimacha, lela, puta, pelá, trava, amujerá, medio mujeres… A las que se  viola y se alecciona, a cambio de nada y muy poco; unas monedas, un papelillo de pasta, unos billetes para la comida de hoy…

Se las mata, se las explota, se las esclaviza, se las tortura como a los negros, a los migrantes, a los indios porque también son unas brutas.

En la definición “mujer” se omite la memoria histórica y material de la brutalización, el abuso, la deshumanización de todas las demás[1], dice la feminista María Lugones, pampeana (Argentina).

Di “mujer” a secas y el colonizado colonizador, imaginará a la víctima perfecta en tribunales: blanca, criolla, femenina (la mujer seleccionada). “Mujer” es también heterosexual, ciudadana, urbana, pujante socialmente.

Una Historia colonizada de seis siglos y capitalista de poco más de dos, nos ha impreso en la piel y los rasgos, la mirada del colonizador.

Di Altiplano y pastora, y de sólo verle sus polleras y oírle su silencio en español, el juez va a prescribirle “una conducta anómala para una madre” y a condenarla por infanticida como a Gabriela Blas (2011), pastora aymara que en la pampa (comuna de General Lagos, provincia de Parinacota en el Estado de Chile) perdió a su hijo un día y luego lo halló muerto.

La historia no es pasado es ahora, todo lo que pasa hoy tiene que ver con el proceso de la memoria y la biografía colectiva. Las brutas son las que cocinan y asean ajeno, las que cuidan hijos de otras. Las brutas son (somos) también las que no cocinan, no asean, no paren, no sirven, no se acuestan con hombres, no se portan como deben y pueden ser juzgadas, humilladas, culpabilizadas y asesinadas.

Las brutas son humanas exiliadas, migrantes negras, indias desplazadas de su territorio. Y mientras más viejas somos, más brutalizadas.

Justa, Lucía y Luciana Quispe Cardozo, hermanas colla, (del collasuyo, tiempo incaico del Altiplano) fueron rescatadas del anonimato de las mujeres brutalizadas en plena dictadura por un hombre trabajador que nunca había pasado por la Universidad, autodidacta y escritor, Juan Radrigán, en la obra “Las Brutas” (estrenada el año 80 en Santiago). Eran pastoras que en 1974, al interior de Copiapó, en el Estado de Chile, en la zona cordillerana, se suicidaron o fueron asesinadas junto a las cabras y a los perros que las acompañaban.

Dicen que “un helicóptero del Ejército estuvo ahí…”, que “las mataron porque las niñas…daban facilidad a los comunistas para que se arrancaran para la Argentina”.

hombres colla como ellas las llamaban “niñas” aunque eran adultas, porque nunca se casaron: sin hombres ni hijos. “Analfabetas” porque no escribían en el idioma del colonizador. El Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) les exigía inscribir a sus animales y también las querían llevar a ellas mismas al Registro Civil chileno para empadronarlas como ciudadanas… Feminicidio o suicidio fueron humanas colla brutalizadas que resistían al sistema.

No te fragmentas

¿Cómo separas territorio, clase y género en la vivencia cotidiana de una lesbiana joven hija de madre sola, estudiando en un instituto técnico, en un pueblo que no es la capital (la historia de Nicole en Quillota)?

¿Cómo separas acoso sexual y racismo contra las migrantes negras, contra las travas negras migrantes, contra las mujeres de acentos distintos en la urbe chilena?

¿Cómo separas abuso sexual, burla misógina, clasismo y racismo contra jóvenes pobres accediendo a la farándula chilena?

¿Cómo separas racismo trasnacional representado por el estado chileno contra mujeres mapuche, del racismo trasnacional representado por el mismo estado contra hombres mapuche?

Para la feminista negra Angela Davis, autodefinida como marxista en los 70, la estrategia era la lucha feminista articulada contra el racismo, sexismo y capitalismo. Para la feminista africana Oyèrónkẹ́ Oyěwùmí, las mujeres somos una “invención” del patriarcado. La lesbiana feminista separatista del Bronx, de los 80, Joan Nestle, nos advierte que “el colonizador siempre cree que sabe lo que ve”, pero no lo sabe porque no es su vivencia.

Acoso, violación, abuso sexual, obligación de parir, explotación doméstica en el trabajo, explotación doméstica en la Familia, en el convento, en el Partido y en el Movimiento social, son opresión que capitaliza el trabajo y las energías de las mujeres.

Las marchas y acciones contra el Femicidio organizadas por Ni Una Menos, la ola feminista de paros y tomas contra el sexismo, el acoso y el abuso sexual del movimiento estudiantil de mujeres feministas, es la acumulación de una lucha feminista de más de un siglo en estos territorios confrontando al capital y al patriarcado, con una memoria de autonomía, separatismo y resistencias, con prácticas antisistema particulares, dando puntadas hacia definiciones propias, asumiendo autonomías políticas, territoriales, administrativas, sociales, culturales, educativas. No es un feminismo neutral ni universal, sino todo lo contrario.

Ha sido sin dios, ni marido ni partido, ha sido por la emancipación, ha sido de mujeres revolucionarias de la UP, ha sido popular y en lucha contra la Dictadura, ha sido autónomo, anticapitalista; es antirracista, autogestionario, anticolonial y decolonial en esta post-dictadura. El sistema neoliberal, que a decir de la feminista Socialista Alejandra Castillo, absorbe las luchas antisistémicas está ahora contabilizando linealmente las “olas feministas”, para borrar la memoria política ya bastante velada, urge entonces revelarla con todo su energía de clase y territorial.


Terapeuta, escritora, lesbiana feminista wallmapu