Lamento que el señor Flavio Dalmazzo haya criticado mi columnaValpo esta matando Valparaíso sin hacerse cargo de los argumentos ni la tesis que sostenía, y que haya optado por el camino corto de la descalificación personal, con insultos incluidos, además de un intento por desacreditar una postura inventando una intencionalidad política.

Vamos por partes. Mi columna no busca iluminar a nadie, sino que plantear una paradoja entre la visión idealizada de Valparaíso (“Valpo”), que proviene básicamente de Santiago y una elite local autocomplaciente, versus la compleja situación de deterioro, pobreza e informalidad que presenta la ciudad real (“Valparaíso”). Dalmazzo pareciera estar de acuerdo, pero le molesta un asunto tan obvio para un “porteño”, sea refrendado por un afuerino, desde un pedestal que el mismo construyó para subirme arriba.

Pero lo más complicado es que me atribuya cosas que no he dicho. En mi columna nunca adjudiqué al alcalde Jorge Sharp el Valpo idealizado, ni tampoco el Valparaíso real que percibo deteriorado y con muchos problemas sociales. Y mal podría hacerlo considerando que el alcalde lleva menos de dos años y aún no tiene nada muy concreto que mostrar en uno u otro lado.

Quizás este invento es funcional a su intención de destacar todas las virtudes del alcalde, con una devoción tan intensa, que creo traicionó el ego de Jorge Sharp, quien recomendó la columna de Dalmazzo por redes sociales, pese a sus descalificaciones, inventos e insultos.

No es necesario que nadie me recuerde la triste gestión de alcaldes pasados que conocí y he criticado en varias oportunidades, especialmente en el caso de Jorge Castro, y es curioso que me acuse de “maniqueísmo” siendo que su columna es por esencia maniquea. Esta basada en comparar las gestiones pasadas, donde me mete como cómplice pasivo, con la actual administración municipal. Con un discurso sin términos medios. Que va de blanco a negro. Buenos contra malos. Corruptos contra honestos.

Luego Dalmazzo apela a esa suerte de chovinismo porteñista que invalida a cualquier persona que no vive en Valparaiso como interlocutor o analista. Con ello destruye de un plumazo, una de las bases de cualquier ejercicio académico o intelectual, que es comparar casos y mirar experiencias que puedan ser replicadas o descartadas. Pero incluso acá se equivoca. Asume que conozco la ciudad de pasada, o en “visitas a terreno”, lo que no es efectivo ya que estudie en ella, viví en ella y he realizado al menos 10 investigaciones con diagnósticos y propuestas para los cerros, el plan y borde costero.

Quisiera saber cuantas investigaciones tiene Dalmazzo para objetar lo que digo o hablar con propiedad de la “ciudad real”, y espero que el argumento no sea ser “porteño”, como una suerte de licencia para opinar sin argumentos, datos o antecedentes.

También me trata de “asesor laguista”, cuestión que si es efectiva y me llena de orgullo. Quizás el porteñismo de Dalmazzo le entrega licencias para hablar de la ciudad sin fundamentos, pero no para reescribir su historia reciente. Si se informa podrá saber que fue con Lagos, y la Concertación que detesta, que se ejecutaron las últimas obras relevantes para el desarrollo de Valparaíso, como el camino La Pólvora, el Acceso sur al puerto o el Metro Regional (Merval).

A diferencia de aquellos que solo acumulan discursos y promesas incumplidas, Lagos si abrió el borde costero con el Muelle Barón y el paseo Wheelwright. En su gobierno Valparaíso fue declarado Patrimonio de la Humanidad y se gestionó un préstamo de USD 76 millones para implementar obras de mejoramiento patrimonial, dando inicio el parque Cultural de la ex Cárcel.

Sería bueno comparar estas acciones con algún programa o idea que Dalmazzo defienda para criticar a Lagos, más allá de la retórica del “partido del Orden”, que en cualquier caso es mejor que su antítesis, que sería el algo similar al partido del Despelote.

Por último, Dalmazzo se atreve a sacarme la madre apelando a un graffiti contra las torres de Placeres o Barón que he criticado también en varias oportunidades. Y acá cruza un límite. Porque es posible que una replica me atribuya intenciones políticas, invente argumentos, desconozca la historia, pero es inaceptable que se caiga en este tipo de insultos por dos razones a lo menos. La primera es el respeto que merece la familia de cualquiera y la segunda razón, es que un insulto así solo puede ser contestado en persona lo que es imposible en un intercambio epistolar.

Así que le propongo lo siguiente señor Dalmazzo. Yo voy seguido a Valparaíso. De hecho estaré el 25 de Julio en un seminario que promoveremos en redes sociales cuando tengamos clara la dirección. Por este medio lo invitó a que asista y haga un esfuerzo por elaborar argumentos, entregar antecedentes y tener un apego mínimo con la realidad actual de Valparaíso y su historia reciente. Y si quiere cruzar nuevamente el límite de los insultos personales, lo invito a resolverlos como se hace cuando te sacan la madre. De frente y en persona.


Arquitecto, Magister en Desarrollo Urbano. Profesor Universidad Católica.