Azul Azul SA declara a la prensa que no es responsabilidad suya la seguridad de la hinchada azul que acudió a visitar el CDA por hechos que puedan ocurrirle fuera del perímetro del recinto de entrenamiento. Claro, Azul Azul SA tiene en su poder los derechos federativos del Club Universidad de Chile, o más bien, de la Corporación de Fútbol Universidad de Chile, la quebrada Corfuch. No tiene concesionado el Club propiamente tal, tiene el poder sobre el plantel, sobre el cuerpo técnico, sobre las series menores y la rama femenina de fútbol. No tiene conexión, más que clientelar, con la base social del Club.

Si quiero ser justo, no me extraña que Azul Azul SA no quiera hacerse parte de un desafío social mayor, como es el bienestar de la hinchada de la U. de Chile. ¿Por qué? Porque dicho objetivo no tiene nada de rentable, no tiene retorno monetario en el corto plazo, no es un asunto financiero; entonces con qué argumento se podría esperar que una sociedad anónima sí se haga parte de un problema que no es capaz de ver, pues solo ve lo valorizable en el mercado.

Entonces, observemos de lo que sí, bajo todos los supuestos razonables, debe hacerse cargo Azul Azul SA. Pues bien, nuevamente estamos en una semana de vergüenzas, de decepciones, de lamentos y de dolor, y me refiero a las noticias que atañen al primer equipo. Luego de la seguidilla de papelones que desembocaron en la salida de Ángel Guillermo Hoyos, hoy estamos observando cómo nuestro plantel perdió a su mejor volante central, su mejor volante de salida, su mejor centrodelantero, y sin reemplazos.

La frustrada salida de Mauricio Pinilla hizo volar el imaginario y las especulaciones, pues no se iba a un Club mayor a la “U”, ni menos uno que disputara copas internacionales a corto plazo. Alguna razón distinta al ascenso en la carrera o a la economía de Pinilla tenía que haber. Además, volvemos al campeonato nacional con un empate de local y una goleada 4-0 de visita. El plantel mostró un rendimiento muy pobre, tibio y sin reacción, sin tesón, sin fuerza y fue sobrepasado por un plantel inferior.

Cuando la crisis se hace repetitiva, cuando la crisis aflora independientemente del DT, cuando la crisis se sostiene con varios planteles distintos, cuando la crisis es anticipable cada semestre cuando se viene el superclásico, cuando estamos siempre en o al borde de la crisis, es que no se trata solo de una crisis, sino de una crónica, de un mal sostenido, de una causa que sigue actuando y llevando a las consecuencias de dolor en las que está nuestro equipo hoy, estuvo antes, y volverá inexorablemente a estar mientras dure esa causa.

El equipo es el resultado del trabajo del Club. Ojo con la diferencia. El Club tiene muchas componentes, una de las cuales es el primer equipo, el plantel profesional masculino es solo una de las partes del Club. Sin duda es la parte más valiosa, entre el valor de los jugadores y el de los derechos federativos, es decir, el derecho a participar de las competencias de la ANFP y de la Conmebol, pero el equipo no está aislado del resto de las componentes del Club. Así, debemos analizar nuestro problema, aparentemente crónico, en dos dimensiones al menos: interna al plantel, y externa al plantel.

A la interna del plantel, debo decirle que evidentemente no conozco su situación, no puedo dar una evaluación certera pues no sé de los detalles de lo que allí ocurre. No sé bien cuál es el pacto que internamente han realizado, si se trata de defender los colores, de buscar el éxito en la cancha, o qué, no conozco sus componentes. Pero para ser justo, hubo una época en que sí se conocía a cabalidad lo que el plantel tenía por encima, sus objetivos máximos, sus primicias, sus principios y valores. Cuando me crié como hincha, en los 90, era evidente que el Club tenía un compromiso enorme con la camiseta y los colores, por sobre las carreras personales. Antes, el capitán de la “U” era necesariamente un jugador formado en el Club, y en esa formación, aunque tal vez era menos exquisita en lo técnico y lo táctico que nuestro fútbol actual, tal vez llevada en una infraestructura pobre y deficiente, en esa formación sí sabíamos, teníamos la certeza que el espíritu estaba. Hoy no lo sé. No quiero decir que no está, tienen el beneficio de la duda.

¿Qué les diría entonces? Lo siguiente: creo que vale la pena revisar ese pacto interno, esa definición de grupo, de equipo, sobre la cual deben trabajar. No me refiero a los objetivos que la administración (Azul Azul SA) pone por delante, o les propone conseguir tanto individual como colectivamente. Me refiero a ese código de camarín, a esa identidad que los hace portadores de la camiseta de la “U”. Si necesitan nutrirse de lo que es la “U”, bueno, muévanse por conseguirlo, tenemos grandes valores azules aun vivos como para invitarlos y compartir, consultar con ellos, abrir la puerta a una transmisión del espíritu de lucha y resiliencia que ha hecho levantarse a este equipo cuando ha tocado fondo.

A la externa, a la administración de Azul Azul SA… qué decirles. Puedo decirles que debemos separar la gestión propiamente tal del modelo administrativo. Estoy muy en contra del modelo administrativo, para mí ni siquiera la gestión de un equipo de fútbol profesional es compatible con una Sociedad Anónima, así que puedo decirles que mis expectativas para con su trabajo son prácticamente nulas. Y aún así logran decepcionarme. ¿Por qué? Porque es cierto que si la billetera es tan grande, si vamos a jugar al juego de invertir y vender, entonces sería esperable que demuestren expertise en eso. Se espera que una empresa con tan altos empresarios y ejecutivos sea capaz de llevar una gestión ejemplar, innovadora, ambiciosa, aunque todo ello vaya en contra de lo que es la U. de Chile. Aún así, fallan. Claro, es algo que todos quienes no creemos en las SA en el deporte observamos con el dolor del despojo, con la tristeza de la certeza en que se están haciendo las cosas mal, con la melancolía de una época donde podíamos participar y velar por el proyecto deportivo de la U. de Chile.

Les diría, a ustedes exU16, que quizás tuvieron buenas intenciones, tal vez hicieron lo que hicieron de buena fe, o creyendo que saben llevar los destinos de la “U” desde ese modelo, hecho a la medida de sus creencias y necesidades, pero fallaron, su hipótesis es falsa, no lo lograron y no lo lograrán. Por mientras, están destruyendo a la “U”. Sépanlo.

Al resto, a quienes nos importa la “U”, les digo que si queremos que la “U” exprese su esencia, entonces debemos estar preocupados de la cantera, les diría que la partida de Araos tiene que ver con que no se lo convenció de un proyecto a dos años en la “U”, sino que probablemente se le concedió que ante la primera oferta saliera. Les diría que Pinilla no adquirió un compromiso mayor con el Club, y es por ello que lo vemos en TV antes que luchando por sacar delanteros centro de primera categoría desde nuestras inferiores. Les diría que cuando pensemos en el bien del Club lo hagamos como debe ser, al reflejo del proyecto del Ballet Azul, con una visión humanista y educacional, y sobre todo, no-rentista, ni menos cortoplacista.

Todo aquello pasa por transformar completamente la relación entre la administración del Club, hoy alienada en una concesión a una Sociedad Anónima de mal cometido, y el resto del Club, donde sí estamos todas y todos los hinchas. Desgraciadamente, la tarea es difícil. Algunas y algunos de nosotros hemos entendido que no podremos abandonar el sentimiento que nos liga a la “U”, y que, bajo esa base, lo correcto es dar la pelea por volver a hacerla grande. Recuperemos el derecho a participar, y no vía acciones. Recuperemos la Corfuch para poder aspirar a incidir como personas organizadas en una institución de personas. Recuperemos la incidencia de la Corfuch en el Club, para así recuperar el espacio de las personas en un Club que hoy es manejado por acciones.

Volvamos a ser libres, para que las desgracias que nos hace vivir Azul Azul SA no parezcan como una inevitable consecuencia de nuestra total marginalidad del manejo de nuestro Club.


Presidente de la Asociación de Hinchas Azules