La historia con las negociaciones secretas que Chile sostuvo en los años 1930 con la Alemania nazi con el propósito de venderle la Isla de Pascua son parte de los episodios desconocidos de la isla que se revelan en el libro “Rapa Nui. Una herida en el océano” (Ediciones B), del escritor español Mario Amorós, que se presentará en Santiago el próximo 9 de agosto.

Si bien Isla de Pascua –reconocida por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad– pasó a ser parte del territorio chileno en 1888, recién en 1966 el Estado le reconoció los derechos civiles y políticos. De hecho, por esos años “para el Chile continental la isla era sobre todo un lugar marcado por el estigma de la lepra y para el poder político, un lugar lejano, cedido a la Armada y arrendado a una compañía privada, con muy escaso valor”, señala Amorós en el libro, según consigna El País.

En específico, las comunicaciones entre ambos países –que fueron tratadas como un secreto de Estado– se llevaron a cabo entre 1935 y 1939, cuando el gobierno chileno estaba liderado por Arturo Alessandri, y recientemente le había comprado al régimen de Hitler 36 aviones para la Fuerza Aérea “de manera arbitraria e incurriendo en prácticas corruptas”.

El Estado necesitaba el dinero para reforzar la defensa marítima del país, debido a que las Fuerzas Armadas temían una alianza militar en su contra que unía a Perú, Bolivia y Argentina. De hecho, la reciente contratación de la construcción por parte de Argentina de ocho barcos de guerra en el Reino Unido había despertado “la envidia” de Chile que, según detalla el libro, estaba decidido a reforzarse militarmente.

De este modo, Alessandri ofreció la venta de Isla de Pascua al mejor postor: a Estados Unidos, Japón, Reino Unido y la Alemania nazi, pero solo las primeras dos negociaciones eran conocidas hasta ahora. Además, el precio solicitado por la isla era de un millón de dólares.

Sin embargo, ninguna de las negociaciones secretas prosperó, aunque solo se conocen las razones del Estado británico: “Descartaron la compra de la isla porque consideraron que su valor, desde el punto de vista naval, era escaso. No obstante, tanto Londres como Washington estimaron que era conveniente que ni Japón, ni Alemania, ni tampoco Italia (las futuras potencias del Eje), se hicieran con la isla”, explica el libro.