Trabaja en blanco y negro, en fotografía análoga, imprime ella misma y colorea las fotos con acuarela. Las toma en puestas en escena con corazones y estrellas recortadas, peluches, calaveras, flores de plástico, personajes en poses sexuales o abyectas en una estética de estampa religiosa, con máscaras, maquillaje o disfraces, donde aparecen desde viejos pascueros decadentes, animales sexuados, monjas lésbicas hasta guaguas muertas mantenidas en formol en la Facultad de Medicina (lo que en su momento generó polémica). “Sentía que cuando tenía que desarrollar ejercicios fotográficos que tenían que ver con capturar el momento o instantes en la calle o retratos bien elaborados, no me quedaban bien. Me di cuenta que me gustaba partir de otras ideas que plasmaba en escritura y bocetos. Decir algo que también se podría decir con fotografía documental, pero a través de elementos simbólicos, con cuerpos y modelos”, dice Zaida, quien además de realizar su obra se dedica a dar clases y talleres.

Usa colores fuertes, contrastantes, cachureos y elementos que parecen comprados en la feria, pero no le gusta que su trabajo sea calificado como kitsch –concepto que ha designado al arte inauténtico, la copia, lo barato, los clichés de efecto sentimental y cursi, el arte que utiliza materiales que pretenden ser otra cosa–. Se inspira en lo que había de chica en su hogar o en casa de sus vecinos, sencillamente lo que estaba a mano. Partió sacando el molde de la estrella del árbol de navidad de su casa, compraba escarcha y recortaba pósters de cartón para ambientar. “No tenía plata para comprar las cosas”, explica. Lo define como estética popular latinoamericana.

Gata Cuchilla en la mesa. Serie Ni lágrimas Ni culpa. 2017. Autorretrato © Zaida González

Ha publicado 4 libros, más un tarot trans que hizo el año pasado y que viene en una caja. “Todo lo distribuyo yo”, dice. Los deja en la tienda Flach, la tienda Nacional y en Metales Pesados, o los vende ella misma. “La exposición se pierde muy rápido, se presenta un par de veces y es difícil moverla, es mucho esfuerzo. El libro puede recopilar ese trabajo, con un concepto de diseño y una visualidad distinta. Se puede dar a conocer mucho más, circula más, se puede enviar a otros países, y también se puede vender que es una de las formas en que uno puede generar un ingreso. Si uno expone nomás, no recibes nada, gastai”.

Para el tarot se inspiró en el tarot de Marsella, pero con modelos que escapan a la norma o que por su apariencia u opción podían ser juzgados o discriminados. En un principio serían solo transexuales, pero luego amplió el registro y convocó a modelos albinos, down, inmigrantes y una amplia variedad de personas para dar cuenta de los 22 arcanos, incluido su hermano Jorge, quien aparece como El Diablo.

En septiembre empacará el tarot y sus fotos y viajará el Festival de Landskrona en Suecia, donde expondrá junto a otros cinco fotógrafos chilenos bajo la curatoría de Rodrigo Gómez Rovira.

Y en el mes de la fotografía se vienen varias actividades. Partiendo este sábado 4 de agosto a las 18 horas en galería Flach, como parte del ciclo “Fotografía y disidencia sexual” dará una charla sobre su Tarot trans.

El 30 agosto participará en el Museo de Bellas Artes en la mesa Imaginarios y prácticas fotográficas contemporáneas como parte de las actividades por la retrospectiva de Paz Errázuriz, donde estará hablando de su obra (18.30 horas)

También dará talleres de coloreado fotográfico en su departamento en la calle Portugal.

Más información en: www.zaidagonzalez.cl

La Papisa, arcano II. Serie: El Juicio Final: Tarot Trans. 2017- modelo: Rocío Hormazabal (Artista visual, performance, fotógrafa y modelo) ©Zaida González

El Mago, arcano I. Serie: El Juicio Final: Tarot Trans. 2017- modelo: Maggie Lay (Artista maestra del burlesque, la última vedette del Bim Bam Bum) ©Zaida González