El pasado martes 31 de julio, el colectivo La Rebelión del Cuerpo cumplió un año de trabajo. Fieles a su estilo y con sus colores institucionales, negro y amarillo, hicieron, a través de redes sociales, una celebración sobria, con datos y frases potentes creadas para inspirar a las mujeres a tomar el poder de sus vidas combatiendo la primera forma de violencia, la violencia simbólica, que nos obliga a avergonzarnos de nuestros cuerpos y que los gringos han bautizado como body shaming.

Este movimiento social busca educar sobre los efectos negativos que tienen los estereotipos de género sobre nuestras niñas y adolescentes, basados en una encuesta realizada el 2016 en Chile (Adimark – Unilever – ONU mujeres), que afirma que una de cada dos niñas en chile siente presión por su imagen física y casi el 40% de nuestras niñas entre 10 y 17 años ha dejado de hacer alguna actividad pública que le gustaba porque no se siente segura de cómo se ve físicamente ni de si proyecta la imagen “deseada”.

“Ha sido un año de muchas sorpresa, nunca me imaginé que una inquietud tan personal, una rabia tan personal de sentir injusto lo que nos hacen sentir y creer respecto a nuestro cuerpo, se convertiría en algo tan político, tan púbico, de democratizar el poder que siempre han tenido los medios de comunicación y la publicidad y aterrizarlo a la opinión pública en que pudiesen sacar la voz y opinar sobre algo en lo que no había espacio específico donde decir aquello que nos parecía injusto respecto a cómo nos muestran que las mujeres deben verse y ser”, reflexiona Nerea de Ugarte, fundadora del colectivo.

Y claro, en este año la Rebelión del Cuerpo se ha colado en las calles, en las universidades, en los colegios. ¿Cómo? A través de distintos tipos de charlas, seminarios, conversatorios y diplomados. Pero también a través de stickers que han aparecido pegados en lugares, como un grifo, un refrigerador o el espejo del baño. “Vales mucho, que una talla no te haga dudar de eso”; “lo que vales como mujer, no está determinado por la talla que te cabe”; o “en una sociedad que lucra con tu inseguridad, gustarte es un acto de protesta”, se viralizaron en distintas ciudades del país.

 

“Eso me pone feliz, muy feliz. El hecho de haber logrado un lugar de pertenencia para mujeres que aún no se definían como feministas, pero que se sienten muy parte de este colectivo, al ser una temática tan transversal y tan arraigada culturalmente que todas la hemos vivido, que todas la hemos sentido. Y haber logrado este lugar de encuentro de tantas historias y tantos testimonios, que me ha hecho convencerme cada día, más desde mi profesión como sicóloga también, que el poder del testimonio es gigante y eso es lo que hizo que la rebelión creciera y se hiciera tan pública. El hecho de que compartimos el testimonio de mujeres reales, que contaban lo que han pasado, lo que han sufrido, lo que han vivido respecto a cómo nos han desapropiado de la posibilidad de gustarnos”, cuenta Nerea. Y agrega: “Hemos logrado reivindicar la autoestima como un espacio político, en donde nos merecemos recuperar el poder que nos han quitado de gustarnos”.

Camila Mella es la directora de contenidos del movimiento y ella nos habla sobre la manera que han encontrado para entregar su mensaje y qué le ha pasado en este año leyendo los cientos testimonios, que les han llegado. “Mantenemos la identidad de la escritora en el anonimato -si ella lo desea se hace público- y existe referato ciego dentro del equipo de contenidos para la edición, yo soy la única con acceso directo a la escritora”, explica Camila. “Lo que me ha pasado recibiendo, leyendo, editando, y comentando testimonios es una mezcla de sentimientos y pensamientos. Paso desde la sorpresa, a la pena, al amor, pienso cómo ayudar, cómo cambiar, siento identificación, sororidad, impotencia. Por un lado, creo que nos ha servido para practicar la sororidad desde el respeto absoluto, crear una comunidad en torno a la misma causa y como La Rebelión del Cuerpo. Por otro lado, creo que también nos ha servido para robustecer nuestra perspectiva que utiliza tanto datos cuantitativos (encuestas, estudios) como cualitativos (testimonios, encuentros) para demostrar (educar, informar, intervenir) sobre cómo los estereotipos de género y de belleza nos limitan”.

Aquí compartimos algunos de los testimonios que se hicieron públicos, donde aparecen desde la escritora June García a la activista de la comida saludable, Connie Achurra, pero sobre todo mujeres reales, que tuvieron la valentía de compartir sus historias.

 

“Me he pasado el último tiempo pensando en la cantidad de veces que suelo atacarme al día, porque mi cuerpo no es tan perfecto, ¿cómo se puede ser feliz con tanta presión? Y hoy pensé, ¿han visto alguna vez a un muerto? Es impresionante, una cáscara inerte media grisácea, un cuerpo, solo un cuerpo, que en seis días se descompone. ¿Saben que queda? Las risas que regalamos, los abrazos que nos damos, los besos que robamos, queda la vida que vivimos. Quitémonos el peso de la violencia diaria, seamos compasivas con nosotras mismas y dejemos de hablar de potos, tetas, dietas y temas incómodos, hueones y frívolos que pueden hacer doler a nosotras mismas y a quienes tenemos al lado”, @eldiaquemesalieronalas

 

“Nadie habla de los TCA. Los trastornos de la conducta alimentaria. Nadie habla de ellos. Nadie habla de la obsesión, del miedo, de la angustia, de la ansiedad, la inseguridad, la tozudez, la ira, las lágrimas y las falsas mentiras que unxs se creen. Nadie habla del miedo a engordar, del miedo a la báscula, del miedo a mirarse al espejo, del temor a comprar ropa. Nadie habla de la anorexia, la bulimia, del trastorno por atracón, la vigorexia y muchos más. Nadie habla de ellos. A veces parece como si no existieran, como si la gente no se diera cuenta. Nadie habla de lo que generan, de los cortes en la piel, de las autolesiones, de esa angustia interna, del sentirte la cosa más pequeña del mundo, del querer desaparecer, de la soledad que se siente. Nadie habla de los trastornos de la conducta alimentaria y… todxs somos responsables. Cada trastorno tiene una historia, y cada persona una historia en él”, @zinteta

 

“De niña siempre tuve problemas por la cantidad de pelos que tenía en mis brazos, mucha veces fue un complejo, obstáculo o algo que me causó mucha vergüenza; somos malos e hirientes como sociedad. Hoy decidí nunca más depilar mis brazos con cera, las mujeres que tienen los brazos como yo sabemos el dolor que significa, incluso hay veces que sangran por lo largo. (…) Estoy segurísima que un poco de pelos en los brazos no me hará ni menos mujer, ni menos linda, ni menos persona. Creo en una mujer empoderada y valiente, y esta es una decisión que llevo años pensando, es parte de mi visión de esa mujer. Mujer linda, mujer libre”, @paulipardow.

”Siempre veo fotos de mujeres con poca ropa y orgullosas mostrando sus pechugas y potos parados y firmes, sus guatas con calugas, sus brazos y piernas marcados y sus caras con facciones perfectas y sin arrugas que son los estándares de belleza que siempre se nos han impuesto y que pareciera que son la única verdad en lo que a imagen se refiere y los únicos cuerpos que nos deberían hacer sentir orgullosas… Yo no tengo ninguno de esos atributos físicos, tengo brazos gruesos, pechugas grandes que han ido reaccionando a la fuerza de gravedad, lo mismo que la guata, tengo celulitis y se me hacen rollos debajo del sostén y subo esta foto que me encanta que me tomó el seco @nachonal como un mensaje para todas las mujeres de todas las edades, tallas y colores que al igual que yo no calzan en ese modelo de belleza impuesta y que sienten que su valor y su validación depende de como se ven, que todos los días sufren sintiendo que no son los suficientemente lindas ni flacas como la sociedad se los exige… abajo los estereotipos, todas somos perfectas, únicas y hermosas con nuestras diferencias, que nadie nos diga como debemos ser o como debemos vernos!!!”, @connieachurra.

“Inspirada por #larebeliondelcuerpo subo esta foto. Yo y mis manchas en su máxima expresión ☺!! Hace 4 años descubrí que tenía vitiligo, lo cual me llevo a un largo camino de aceptación y crecimiento personal que siento que no termina todavia.. pero hoy soy capaz de decir que cada dia quiero mas mis manchas y valoro mi cuerpo con todo lo que tiene 🙆. Gracias a @larebeliondelcuerpo por despertar almas y crear conciencia. Espero que todas empecemos el camino de querernos y aceptarnos como somos!”, @marilencorrea.

“Me encuentro hermosa, pero no siempre fue así. Fueron años de calcular calorías, de pesarme todas las mañanas, de sentirme triste y fea, de necesitar validarme solo por mi apariencia. También fueron años de entender que el problema no era yo, era la sociedad, era el patriarcado en la publicidad, en mis ídolas, en mi familia, que día a día me recordaban que no encajaba en la idea de mujer perfecta, porque se me forman rollitos en todas partes, porque tengo los ojos chicos, las piernas con estrías y celulitis, y mis pechugas son pequeñas. La wea es que ¿y qué tanto? Así es mi cuerpo, cambia a veces, pero lo trato de querer siempre (aunque cuesta, lo sé)”, @junegarcia_.

“Este es un “secreto” que he guardado por casi 10 años y si lo cuento por una red social tiene un gran propósito y razón: Rebelarme contra mí misma y el mundo. Me llego la regla cuando tenía 10 años. La pubertad avanzó a pasos agigantados, bajé de peso y me detectaron acné severo en gran parte de mi piel. Curiosamente la piel es el órgano más grande del cuerpo y separa/cubre todo nuestro interior con el exterior. Es la primera capa de contacto con el mundo y la mía estaba totalmente dañada. Durante mi enseñanza básica, comencé a recibir comentarios sobre mi cuerpo que me fueron atormentando día a día, compañeras de curso me decían: “¿Podrías lavarte la cara? La tienes super grasa y te miro y me da asco”, “¿Por qué te pasó eso, comes mucho o no te cuidas?” “Estay llena de espinillas, teni la cagá ¿no te da vergüenza?”. Además de esos comentarios, una vez, me pasaron toallitas humedas para que me “limpiara” porque les daba “asco” mirarme. Así fue durante muchos años. Más de alguna vez llegue a llorar a mi casa porque no soportaba tanto comentario y mirada sobre mi piel. Las secuelas fueron y son varias: Un autoestima bajo, crisis de angustia, desconfianza de todos. El mundo era mi enemigo. Yo lo era. Si yo no me quería ¿quién lo haría?”, @mellon.collie__