Esta primera parte del año, y a propósito de la histórica convocatoria a la marcha por el aborto libre, legal, seguro y gratuito, diría que han sido meses profundamente esperanzadores. Con esto no me refiero a una reflexión utópica, sino más bien a una convicción real de que construir sociedades feministas es sin duda un proyecto político posible. Y la avanzada fascista de la que fuimos víctimas, a través del ataque cobarde a tres compañeras al finalizar la manifestación, así lo deja en evidencia, pues vale la pena recordar que el feminismo, entendiéndolo como fuerza emancipadora, más que tan sólo incomodar, también se constituye como una amenaza real para quienes rechazan la idea de que las mujeres conquisten legítimamente sus derechos, pues a sus ojos ellas no son más que objetos de dominio.

A fin de contextualizar, sabemos que desde los diversos feminismos, en tanto construcciones teóricas como movimientos políticos, han cuestionado a lo largo del tiempo el orden tradicional sexo/género que relega a las mujeres a situaciones de opresión y subyugación en todas las dimensiones de la vida. Asimismo, entendemos que esto ocurre bajo el beneplácito de un sistema patriarcal que, gozando de su lugar de privilegio, y en muchos casos disfrazado de una institucionalidad neutral, naturaliza deliberadamente esta relación de supremacía, legitimando por consecuencia las múltiples violencias que se ejercen en desmedro de las mujeres.

Pero, a pesar de que la historia oficial no las visibiliza, sabemos que el poder político tradicional por sí mismo jamás ha impulsado acciones concretas para subvertir las condiciones desventajosas a las que se ven enfrentadas las mujeres, sino que cada uno de los avances alcanzados han sido siempre gracias a la presión movilizadora de las feministas organizadas. Porque han sido ellas quienes desafiando de manera constante dicha institucionalidad, arriesgando en muchos casos sus propias vidas, deciden irrumpir en lo público con el objetivo de cuestionar la estructura establecida que las somete constantemente a la precariedad.

En los últimos meses fuimos testigos de cómo el movimiento feminista emergió esta vez desde las estudiantes universitarias y secundarias, quienes prescindiendo de sus respectivas lógicas formales de representación, se autoconvocaron y posicionaron con éxito en el debate público ideas y demandas históricas asociadas al cuestionamiento de las expresiones más arraigadas de violencia machista, aquellas que tienen a la base el sexismo en el sistema educacional. De este modo, se comenzó a gestar una nueva ola feminista en el país. Y en  medio de ella, las 18 ciudades que se manifestaron masivamente el 25 de julio a favor del aborto libre, demuestran que se trata de una lucha mucho más amplia que solo la estudiantil, pues la complicidad que pudimos observar en el símbolo de la pañoleta verde, resultó ser un gesto a nuestra historia y al proceso latinoamericano que estamos viviendo como feministas.

De esta manera, podemos reconocer que las movilizaciones propiciaron diversos procesos de reflexión que pusieron en tela de juicio creencias, actitudes y comportamientos de muchas personas. Pero además, los sectores políticos de izquierda también tienen que sentirse interpelados, y asumir al feminismo como una dimensión intrínseca y transversal de cuestionamiento al modelo neoliberal, y no reducir su potencia revolucionaria sólo a una lista acotada de demandas, tal como lo hizo la derecha en su “agenda mujer”. No obstante, el contexto actual nos ha permitido también ir generando valiosos espacios de encuentro entre feministas. Y ante los últimos actos de odio contra mujeres – y tal como lo ha planteado el mismo movimiento – esos espacios deben fortalecerse a fin de contrarrestar a quienes hoy buscan intencionadamente debilitarnos.

Por tanto, como en los tiempos del movimiento sufragista y del valiente combate de las feministas en dictadura, debemos remirar esas experiencias y seguir avanzando juntas, de tal manera que el miedo que nos quieren imponer, lo podamos superar a través de las acciones conjuntas, sin dejar de reconocer nuestras diferencias, pero asumiendo como objetivo común la superación del patriarcado como estructura represora. Con la experiencia de las que han estado desde antes y con el ímpetu de quienes nos sumamos ahora, construyamos con más fuerza acción política feminista pensando en la sociedad que queremos para el futuro, no tanto por nosotras, sino para las que vendrán mañana. A través de la justicia de su lucha el feminismo va a vencer.


Coordinadora Frente de Género RM Revolución Democrática