Lux Moreno es la escritora argentina de “Gorda Vanidosa”, un libro donde relata experiencias personales y reflexiona sobre las trabas y prejuicios que debe enfrentar en una sociedad que criminaliza el cuerpo de las mujeres que no cumplen con cierto estándar.

“Las personas con corporalidades gordas aparecen en un doble juego: son invisibilizadas por no cumplir con los estereotipos corporales y desechadas del mercado del deseo“, comenta en entrevista con The Clinic la profesora de filosofía por la Universidad de Buenos Aires y activista por los cuerpos diversos.

Moreno advierte que “al gordo cualquiera puede señalarlo violentamente como aquel que no ha logrado llevar adelante los mandatos corporales, ofendiéndolo, denigrándolo, con total impunidad”.

¿Y dónde se ejerce el control y se expone la discriminación? Según la autora hay una “conjunción de dispositivos de control”, es decir formas que tiene la cultura de disciplinar qué es lo correcto y qué no, que son “la belleza estereotípica, la industria de los alimentos dietéticos y el fitness”.

Y si todo se lo ponen más difícil a las personas que se escapan a esos estereotipos, la esfera de la sexualidad no se escapa a esto. “Los espacios de deseo deben ser disputados para que las personas gordas podamos dejar de ser excluidas. Esto significa que los gordos debemos ocupar sin complejos nuestro espacio en el mundo y a desear y ser deseados sexualmente, como cualquiera”.

“La belleza que norma estos estereotipos es la pauta para ser o no deseados. En el caso de las mujeres, el asunto es más sanguinario aún, ya que la historia de los movimientos de mujeres ha desenmascarado una serie de prácticas sobre el cuerpo de la mujer”, apunta Luz Moreno.

En la misma línea, subraya que “las mujeres se han transformado en objetos de consumo hipersexualizados por una serie de sujeciones que propaga la cultura heteropatriarcal“.

Otro tipo de violencia que existe contra las personas que se escapan del este tipo de canon de los cuerpos, es la gordofobia, la que según ella no sólo se ha normalizado, sino que se ha interiorizado”: “Todos somos policías de los cuerpos: tanto de los nuestros o de los de los otros, siempre estamos midiendo si corresponden o no a los estereotipos. La resistencia a esas prácticas está cuando empezamos a dar cuenta de cómo esas violencias sostienen jerarquías entre los cuerpos que hacen a algunos más o menos visibles en el espacio social”.

Finalmente, señala que su reconciliación con el cuerpo llegó cuando se dio cuenta que nunca terminaban las demandas y exigencias de cómo debía ser. “Nunca se es lo suficientemente delgado o bello para este sistema de valores, con lo cual me parecía una tontería seguir presionándome. Mi cuerpo es una coyuntura que va modificándose y así también su interpretación del mundo”.