La Región de Valparaíso es conocida por tener una de las zonas de sacrificio más deterioradas del país, la cual abarca las comunas costeras de Puchuncaví y Quintero. Éstas han hecho noticia por los reiterados episodios de contaminación industrial que han afectado al sistema socio-ecológico de esta bahía, ya sea por emanaciones de gases y material particulado a la atmósfera o por los constantes derrames de petróleo en el borde costero.

Actualmente, en esta misma región, específicamente en la localidad de Los Laureles, de la comuna de Limache, se está gestando un proyecto termoeléctrico llamado “Los Rulos” de la compañía israelí IC Power. Se trata de una central de Ciclo Combinado (CC), operada con gas natural para la generación de energía eléctrica con capacidad máxima de 540 MW de potencia bruta. La central operará principalmente con gas natural y se utilizará petróleo diésel como combustible de respaldo para enfrentar situaciones de emergencias.

Desde que salió el proyecto a la luz en el año 2014, se ha visto enfrentado a varios cuestionamientos y polémicas. Esto debido a que existe una reclinación masiva de la comunidad, una fuerte oposición del alcalde de la comuna Daniel Morales e incluso un férreo rechazo por parte de los servicios públicos.

El mayor miedo de los vecinos de la comuna es que Limache se convierta en una nueva zona de sacrificio, similar a Puchuncaví-Quintero, con la posible llegada de varias termoeléctricas después de “Los Rulos”.

Personalmente me enteré de este conflicto el año pasado, ya que el Estudio de Impacto Ambiental de la termoeléctrica fue objeto de análisis de un ramo de mi universidad. Junto a mis compañeros pudimos viajar al lugar donde se emplazaría el proyecto y recibir el punto de vista de Claudia Arcos, quien es una fuerte activista contra las termoeléctricas y dirigente del movimiento contra éstas.

De la charla que expuso, pude rescatar que lo que más les preocupa a los habitantes, es la contaminación del ambiente que se generará a partir de las emisiones de la planta y una posible afectación a los regantes del sector, los cuales están pasando por la megasequía de la zona central desde el año 2010. Se estima que este proyecto consumirá 310 litros de agua al día y emitirá 110 toneladas de material particulado al año. Por todo esto, los vecinos están seguros de que la instalación de la termoeléctrica será perjudicial para la salud de las personas, el medio ambiente y para la actividad agrícola que se desarrolla en la zona.

Debido a esto, la sociedad se ha manifestado múltiples veces a través de marchas de convocatoria masiva contra la instalación de esta termoeléctrica. Además, el alcalde de la comuna no se ha quedado atrás, ya que, en un acto oficial en la región, le pidió a la ex presidenta Michelle Bachelet que no se materializará el proyecto.

Los servicios públicos también han pedido rechazar la construcción de la central a gas, la Seremi de Salud y Medio Ambiente de Valparaíso y las municipalidades de Limache, Olmué y Quillota han recomendado y propuesto rechazar el Estudio de Impacto Ambiental (EIA). Debido a que carece de una línea base adecuada, sólida y consistente y, por ende, de una consecuente y correcta valoración del impacto y riesgos a la salud de la población.

Uno de los principales problemas del proyecto es que no posee la información del estado actual de la contaminación atmosférica que tiene el valle de Limache. Ya que la empresa tomó como referencia un estudio de mediciones realizadas durante un año, siendo que la zona no posee estaciones de monitoreo reconocidas por la autoridad y la ley exige una estación de a lo menos cinco años, de los cuales se consideran los últimos tres.

Por otro lado, el lugar en donde se emplazará la termoeléctrica es una de las diez zonas en Chile, nombradas como reservas de la biósfera por la Unesco. “La Campana-Peñuelas”, ubicada en un hotspot mundial de biodiversidad, alberga una combinación singular de ecosistemas de distribución restringida y situación vulnerable, propios de la zona central de Chile, por lo que es primordial proteger esta zona.

Otro de los cuestionamientos, proviene de las comunidades indígenas, las cuales acusan que no se realizó una consulta previa, la que se debe realizar ya que existen comunidades originarias situadas dentro del área de influencia del proyecto.

Finalmente, creo que este proyecto presenta muchas inconsistencias, por lo que considero que no se debería llevar a cabo. Aún existen serias dudas de cuál es el real impacto que traerá esta termoeléctrica a la salud de las personas, al medio ambiente y a la economía del lugar. Espero que la ciudadanía no se rinda y no deje de luchar contra este proyecto.


Licenciada en Ciencias de los Recursos Naturales