El año 2000 Carmen Frei hizo una intervención en el Senado. El ambiente estaba tenso e incómodo: Allí habló por primera vez de las dudas de la muerte de su padre. Citó al historiador Cristian Gazmuri y su libro “Eduardo Frei Montalva y su época”. Carmen refutó varias aseveraciones de esa publicación que lo hacían quedar mal, como por ejemplo que era cercano al golpe militar, entre otras cosas. Además, para la investigación, había colaborado Patricia Arancibia Clavel, hermana del fallecido ex agente de la Dina, Enrique Arancibia Clavel. Pero lo más importante fue que ese día empezó su convicción.

Quizá, mientras hablaba, aparecieron los flasbacks, las imágenes de las primeras dudas de todo: El doctor Max Muller Vega entrando a la habitación de la clínica Santa María junto a un hijo, con la finalidad de hacer la máscara mortuoria que no había sido encargada por ningún miembro de la familia. Ella intentando ingresar a la pieza, una puerta que se abre y la cierran de manera violenta desde adentro. La situación le llamó la atención, sin embargo, en medio del duelo, ese momento pasó desapercibido.

18 años después las acusaciones siguen, el caso puso en el ojo del huracán al recién nombrado subsecretario de Redes Asistenciales, Luis Castillo (ya había sido embestido con el mismo cargo el 2010) por su supuesta complicidad -cuando era Director de la Red de Salud de la Universidad Católica de Chile- en el ocultamiento de la autopsia del ex presidente Eduardo Frei Montalva. El martes, el magistrado Alejandro Madrid ya adelantó que podría haber una nueva indagatoria con el caso, lo que complicaría aún más la situación de Castillo.

En agosto del año pasado, el juez dictó acusación por homicidio contra seis procesados, entre ellos el chófer de Frei, Luis Becerra, reclutado por la CNI, y su médico, Patricio Silva Garín y el caso avanzaba hacia una etapa final.

Uno de los episodios más oscuros de la muerte del ex presidente Frei Montalva es precisamente el que involucra al actual subsecretario Castillo

Miércoles 21 agosto en el Colegio Médico, una hora dura la conversación entre Carmen Frei y la presidenta de la institución, Izkia Siches. La ex senadora- acompañada de su hija María Paz Ortega Frei- sale al patio colmado de periodistas y con la voz parsimoniosa comenta el objetivo de su reunión. “He entregado antecedentes que me parecen relevantes que conozcan, evalúen y vean como entidad lo que corresponde hacer con algunas actitudes de médicos que, a mí juicio, no actuaron correctamente y no siguen actuando correctamente en lo que se refiere al asesinato de mi padre. He entregado fotocopias de distintas partes del sumario del expediente del juez que hoy día es público, porque han pasado muchos años y hay tantos antecedentes que se olvidan o se tergiversan o se mal interpretan, y por eso quería yo en persona entregarles a ellos lo que a mí me parece relevante que ellos conozcan”.

Se le ve cansada. Ya en la salida de la calle Esmeralda, contesta algunas preguntas a un par de periodistas mientras su hija se fuma un cigarro. Se despiden y se pierden por Enrique Mac Iver.

Durante años, Carmen Frei batalló sola junto a su marido Eugenio Ortega por conseguir la verdad sobre la muerte de su padre, ese proceso significó enfrentarse a la traición de personas que fueron íntimas a la familia y debían velar por la salud del ex mandatario o su seguridad. En su búsqueda fue tirando de las hebras que develaron el oscuro manejo de los servicios secretos de Pinochet y la intrincada operación, de médicos, enfermeras, el químico Eugenio Berríos y el pacto de silencio del ejército. A eso sumó la falta de apoyo de la Democracia Cristiana.

A poco más de 15 días de su nombramiento, Luis Castillo se encuentra en medio de unos los episodios más vagos del caso Frei.

-Dentro todo el proceso, es justamente ese, el momento más vacío: no se lograba dilucidar la actuación de los médicos de la Universidad Católica, ni por qué fueron a la clínica a hacer esa intervención, ¿quién les pidió esa intervención? ¿Quién los recibió en la Católica? Dijeron que se encontraron con los médicos de Frei, ¿quiénes fueron esos médicos? Hay distintas versiones y son contradictorias sobre lo que pasó con el informe de autopsia-, recuerda Álvaro Varela, quien fue abogado de la familia Frei.

Un supuesto embalsamiento, las respuestas evasivas de los implicados, un tomo de autopsias sin nombre y el testimonio de Carmen Barahona, la secretaria del Departamento de Anatomía Patológica siguieron como elementos dentro de la investigación. Ella declaró que el informe que le mostraron no es el que tipeó y que el doctor Helman Rosenberg se lo había entregado años después. Él, a su vez, reconoció que lo tenía oculto en su escritorio.

-Lo único concreto que había en un momento, era que estos dos médicos y un auxiliar llegaron a la clínica, entraron derecho a la habitación, la cerraron por dentro y colgaron al presidente Frei y le sacaron todos los órganos-, dice Varela al otro lado de la línea.

El abogado recuerda que cuando se inició la investigación, él le preguntó a la familia Frei qué elementos tenían para comenzar a desenmarañar la madeja.

-Solo las dudas-, contestó Carmen. No había datos precisos, algo tangible y desde esa desventaja, Varela destaca esa tenacidad de Carmen Frei y su marido que se metieron de cabeza en esa búsqueda del esclarecimiento de todo. Una investigación que de a poco fue dando frutos, como por ejemplo el parámetro de conducta respecto a la toxina botulínica: El envenenamiento de los presos que ocurrió el siete de diciembre de 1981 y Frei ingresa por segunda vez a la clínica al día siguiente.

-Era como si estuvieran ensayando-, se interrumpe Varela.

Con el tiempo los hechos fueron dejando convicciones en el ministro Alejandro Madrid. Todo era clandestinidad, omisiones y verdades incompletas. También se comprobó la participación del Hospital Clínico de Universidad Católica. El 2002, Varela recibió la información de una persona -que bajo secreto profesional- le confesó que la necropsia estaba oculta en el Hospital de la UC.

Carmen Frei insistió en diversas ocasiones que las autoridades de la universidad no querían colaborar con la investigación, hasta que el año 2003 se pudo realizar una incautación de los documentos donde se constataba el análisis de las vísceras del ex presidente. En ese momento, se dilucidó que la autopsia había sido realizada por los patólogos Helman Rosenberg y Sergio González.

Antes en el 2000, Varela recuerda que el diario La Tercera hizo un reportaje con el tema y se comunicaron con el doctor Martín Etchard y él negó que en la Católica se hubiese hecho la autopsia.

-Hubo negativa total y Luis Castillo le dice a González que el informe se entregará solo a los familiares, cuando ellos estaban pidiendo a gritos de manera pública más información-, dice Varela.

Cuando fue interrogado por el juez Madrid sobre si había realizado alguna acción para informar a los familiares sobre este hecho, Luis Castillo respondió negativamente. “No realicé ninguna gestión ni encomendé hacer tampoco nada por cuanto no recibí ninguna petición sobre esto, nadie me lo pidió”. En su declaración González reconoció esto y que tras esa conversación tomó la autopsia y la guardó en su escritorio. En el 2004, el juez Madrid comprobó que la autopsia había sido adulterada.

-La instrucción para la autopsia de un cadáver debe tener una autorización formal de la familia, hay un documento en el proceso firmado por todos los hermanos Frei donde dice que no entregaron ninguna autorización para que se realizara. Los médicos encabezado por Rosenberg llegaron a la Clínica Santa María a las 17:20. Porque lo que Rosenberg y su equipo médico indican es que partieron desde el Hospital de la UC a la Clínica alrededor de las cinco de ese día. Y el informe de autopsia tiene las seis de la tarde como hora de inicio. Otra cosa es que en la ficha clínica deberían haber dejado constancia de la autopsia, pero alguien la arrancó la hoja y sobrepuso otra para que eso no pasara. Todo fue una operación tan clandestina y encubierta- explica Varela.

Abogado Álvaro Varela

El cruce entre dos magnicidios

De esa batalla por desentrañar la verdad de Carmen Frei, el abogado Eduardo Conteras recuerda al esposo de la ex senadora, Eugenio Ortega, en una incesante búsqueda por reunir las piezas del caso. Contreras está sentado en el living de su casa de Ñuñoa, en lo alto de la pared que da paso al comedor, tiene colgada una foto de Pablo Neruda abrazado al ex presidente Salvador Allende.

Recuerda que Ortega murió el 27 de septiembre del 2013 y hasta sus últimos días se dedicó de lleno a esta investigación, el abogado cree que hoy, esa labor, la ha tomado la hija de Ortega, María Paz. Contreras recuerda que lamentó la noticia desde Uruguay, donde en ese tiempo era embajador.

Contreras y el ex diputado conversaron en algunas ocasiones y tejieron una amistad donde cruzaron datos y cotejaron algunos nombres intentando encontrar más pistas del equipo médico de la clínica Santa María. Uno de esos hallazgos fue la figura del doctor Sergio Draper, quien ordenó la inyección de Neruda y declaró en el caso Frei en donde dijo que fue llamado para hacerle una oclusión en el vaso arterial al ex presidente, después que un médico internista de la UCI lo llamara porque Frei Montalva tenía un pequeño sangramiento. Un hombre que estuvo dos veces en el momento y el lugar equivocado.

Para Contreras, las declaraciones que prestan las personas en los procesos criminales se analizan a la luz de los dichos e igualmente de las omisiones y en su opinión, Luis Castillo debería ser procesado como encubridor.

En el marco de ese cruce de información con Ortega y, en la lectura del expediente, se dio cuenta de cada una de “las barbaridades” en los procedimientos del caso: el embalsamiento, el ocultamiento de sus restos, el informe escondido en una oficina y en definitiva la cadena de omisiones.

– No sé si Castillo llegará a ser procesado como encubridor, técnicamente debiera ser, pero lo que es impresentable, cualquiera sea la decisión judicial, es que siga en el cargo que está. Lo que entiendo es que la determinación del juez no debiera de pasar de fin de año -comenta.

Lo último que recuerda Álvaro Varela es la persistencia de Carmen Frei, más que esa tenacidad, también una fortaleza de hierro, ya que en la medida que se tenían más antecedentes, más ominosa se volvían la posible verdad. A principios del 2003, antes de que se enteraran por la prensa, fue él quien tuvo que contarle sobre la autopsia a la familia Frei.

-Tuve que decirles cómo había sido todo, fue impactante para ellos, quedaron totalmente shockeados, iba a salir un reportaje en Informe Especial. Tuve que decirles que lo habían colgado y desangrado, que lo habían tratado como a un animal-, concluyó al finalizar la entrevista.