La biodiversidad proporciona bienes y servicios esenciales para las personas y la economía, provee de alimentos, nutrientes y polinizadores, brinda aire limpio, agua para subsistir y valores culturales y espirituales. Sin embargo, la biodiversidad sigue perdiéndose en todo el mundo, a pesar de ser fundamental para sostener la vida, todas las vidas.

La protección de la biodiversidad es una preocupación global. El Convenio de Diversidad Biológica, ratificado por nuestro país, propone 20 acciones concretas para abordar este problema a través de las “Metas de Aichi” que, entre otras, buscan que al año 2020 el 17% de las zonas terrestres y de aguas continentales y el 10% de las zonas marinas y costeras, se conserven mediante sistemas de áreas protegidas, al año 2020. En Chile, aunque un buen porcentaje de superficie está protegida, aún estamos bajo la meta y la Estrategia Nacional de Biodiversidad 2017-2030 se ha dado plazo para el 2030 para su logro, es decir, 10 años después del escenario de consenso.

Para proteger la biodiversidad existen diferentes figuras: Monumentos Naturales, Santuarios de la Naturaleza, Reservas Nacionales y los más populares entre la población, los Parques Nacionales, cuyo Día Internacional se celebra cada 24 de agosto. Estas figuras se encuentran dispersas en la institucionalidad (dependen administrativamente de diferentes reparticiones) y, usualmente, cuentan con escaso financiamiento para funcionar, situaciones que son graves si queremos cumplir nuestros compromisos internacionales.

Para agravar esta situación, dos nuevos servicios públicos están enfrentados en la lucha por tener o mantener la administración de las áreas protegidas. Por un lado, existe el proyecto de ley que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Silvestres Protegidas (SBAP), única institución que falta para completar la reforma a la institucionalidad ambiental que se inició en 2010. Éste busca hacerse cargo de todas las figuras de áreas protegidas del Estado, quedando un solo ente responsable por ellas. El proyecto de ley respectivo ingresó al Congreso el 2014 (¡2014!) y no ha tenido avance significativo desde octubre de 2017, cuando fue despachado a la Comisión de Hacienda. Por su parte, y como respuesta a los graves incendios que afectaron al país a inicios de 2017, el proyecto de ley que crea el Servicio Nacional Forestal (un “nuevo CONAF”) ingresó el mismo año, y aunque su tramitación avanzó con más celeridad, quedó estancando en enero del presente año, y no se esperan avances, hasta octubre, mes que se dio como plazo para recibir indicaciones.

Ambos nuevos Servicios esperan ser los administradores de Parques, Reservas y las áreas que hoy conforman el SNASPE (Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado). Tiene sentido que todas ellas estén bajo la tutela de un mismo servicio, como sería el futuro SBAP, pero se desconocen las garantías que ofrecería, pues el proyecto de ley ha experimentado muchas modificaciones (se hicieron más de mil indicaciones en 2017) y no se ha publicado la versión actual del proyecto en medios oficiales. Por otro lado, los guardaparques de CONAF argumentan –con la historia a su favor–  que es su experiencia y compromiso los que dan mejores garantías del efectivo cuidado de las áreas protegidas.

Para bosques, desiertos, lagos, ríos, aves, mamíferos, insectos, el agua, el aire y los suelos, esta discusión se ha alargado demasiado tiempo. Es urgente que tanto el Ejecutivo como el Legislativo pongan manos a la obra para destrabar y definir los ámbitos de acción de estos organismos, y comprometan los medios y recursos necesarios para que la protección de la biodiversidad no quede en el papel. El cuidado y gestión sustentable de la biodiversidad es una inversión para el país y las personas, no una restricción ni un impedimento.

Celebramos el reciente anuncio de la (re)creación del Parque Nacional Salar del Huasco, pero quedamos atentos a verificar que se le entregue el presupuesto que necesita para dotarlo de personal e infraestructura que le permitan ser y funcionar como un Parque. Así como el Salar del Huasco, nuestra biodiversidad no debe esperar más.