– ¿Qué opinión te parece el momento político en el que estamos?

Partiría de la siguiente idea: Chile vive una crisis de credibilidad institucional que es más profunda que incluso lo que los más críticos puedan señalar desde el ambiente político y que han denunciado. Si uno piensa que el actual gobierno que lleva recién seis meses y tiene de aprobación casi la mitad del padrón electoral que votó. Si el parlamento hace rato ya vive una crisis de valoración pública. Que las instituciones como la Iglesia Católica, así como las Fuerzas Armadas, nos han mostrado que hay una crisis institucional que creo que es la consecuencia de haber construido un país con una democracia sobre la base de la institucionalidad que heredamos de la dictadura.

-Desde tu experiencia como ex dirigente estudiantil ¿Cómo viste el 2011 y las consecuencias políticas que incluso se habla del fin de la transición?

Desde la lógica de la lucha social y de la posibilidad de realizar transformaciones, el 2011 es un año clave por el cuestionamiento al modelo neoliberal. Se produce un quiebre con los 90 donde hubo una izquierda que estuvo excluida y no sólo me refiero al PC, sino también, a toda una cultura de izquierda que no adscribía al modelo de la Concertación y que ya venía siendo crítica al único modelo posible que nos presentaron. Es probable que el 2011 lo que sí existiera fue la movilización, la fuerza de poder decir mira esto se puede cambiar. Recordemos que lo que se dice es educación gratuita y se plantea como un posible. Todo eso va ganando adeptos porque de alguna manera lo que ocurrió es que esta política de la escalera o esta simulación de meritocracia estaban haciendo agua porque no funcionaba como un modelo de mayor igualdad social.

– ¿Qué te pareció la irrupción política del Frente Amplio que logró sumar 20 diputados y un senador en las últimas elecciones, además de un expectante tercer lugar de su candidata Beatriz Sánchez?

El Frente Amplio que a mi modo de ver es un conglomerado que tiene que depurar y tiene que decantar. Creo que en algún minuto aplican el modelo de la Concertación, con eso de que todos caben de a fines de los 80, donde estaba la derecha con Armando Jaramillo hasta el Partido Socialista, eso tiene que decantar porque me parece poco sincero pensar que uno puede construir un proyecto político transformador con la derecha adentro de un mismo conglomerado. Creo que eso corre tanto para la izquierda del Frente Amplio como corre también en los partidos que insisten en construir proyectos programáticos con sectores de la Nueva Mayoría que son francamente de derecha y que no tiene tapujos en eso. Y parece que eso es transversal, no sólo cabe para los Walker o los Zaldívar, en otros partidos también hay gente que el proyecto neoliberal les acomodó.

– ¿Reconoces entonces que hay prácticas políticas en las nuevas generaciones que no te agradan?

Creo que aún hay una lógica de colocar la orgánica por sobre la idea. Me explico, hay mayor adscripción a un movimiento o a un partido  político que a una idea transformadora determinada. Me parece que es precisamente una de las principales lógicas de la vieja política que tanto se ha criticado y hoy día hay dirigentes políticos jóvenes que mantienen esta misma lógica. El problema es que cada vez se parecen más a lo que critican y a las lógicas de la política que tanto daño le han hecho a la democracia en Chile.

-Gabriel Boric remeció a la izquierda con su texto sobre los Derechos Humanos en la misma semana que el gobierno de Sebastián Piñera debió cambiar a su ministro de Cultura por sus dichos sobre el Museo de la Memoria. ¿Qué opinión tienes sobre la interpelación del diputado?

En los liderazgos más jóvenes hay una suerte de necesidad de hablar. Yo entiendo que la política se hace también a través de los medios de comunicación, pero también entiendo que cuando no tengo nada que decir no tengo porque hacer uso de los medios de comunicación. Comparto la idea de que hay una serie de declaraciones o de ideas que se lanzan que no logran sostenerse en el marco de una discusión de un proyecto, por ejemplo a propósito de Boric, me parece tan desacertado juntar a Cuba con China, como también me parece desacertado que alguna izquierda pretenda o insista en defender al gobierno de Daniel Ortega cuando es un gobierno de derecha, que ejerce una violación a los Derechos Humanos que más se caracteriza a los gobiernos militares de derecha que a cualquier gobierno de izquierda que haya llegado por urnas o mediante revoluciones al ejercicio del poder.

– ¿Discrepas de la oportunidad y también del contenido del texto de Boric?

Hoy día plantear como discusión de que la izquierda chilena, la cual en el marco de los Derechos Humanos ha tenido un comportamiento ejemplar, y sostener que tiene que partir pidiéndole disculpas a la ciudadanía me parece un despropósito que no tiene sustento, pero por sobre todo es un airecito que se le da a la derecha por haber sacado del campo la responsabilidad política que ha tenido ese sector con las violaciones a los Derechos Humanos en Chile y a la vez, haber trasladado esa discusión hacia la izquierda. Probablemente fue una ayudita, a lo mejor involuntaria del diputado Boric al gobierno de Piñera en desmedro de la lucha por los Derechos Humanos que tanto ha costado  sostener. Eso reafirma lo que dije respecto a que hay una necesidad de tener opinión para todo y de tener todo tan claro, aunque lo plantee desde la duda.

– ¿Qué te pareció el devenir de la izquierda en los 90?

Las izquierdas transitaron entre dos caminos. Una que se institucionalizó, que se embriagó con la posibilidad de ser gobierno y con mucho complejo a veces crítica y muchas veces acríticas hacia un proyecto neoliberal. Me refiero a la izquierda que estuvo en el gobierno y aclaro que siempre hay excepciones. La otra agrupa a izquierdas excluidas que no tenían ninguna capacidad de establecer puntos comunes como para poder avanzar en conjunto y ser una alternativa a la otra izquierda. Me refiero ahí al PC, a la Surda y a movimientos universitarios que quedaron fuera después de los 90. El principal rasgo de ambas izquierdas de ese período hasta ahora es la ausencia de un horizonte utópico, porque de alguna manera la utopía no sólo queda dañada, queda extinta, queda afuera de cómo te imaginas un país. Es cosa de ver cómo fueron los programas de gobiernos donde todo tenía que estar financiado y obviamente a partir de eso nadie podía soñar y la política es sueño también.

– Eras uno de los dirigentes emblemáticos de la FESES en los 80 y reconocido líder de las Juventudes Comunistas donde militaste desde los 14 años ¿Cuándo y por qué te alejas del PC?

Aclaro que lo que estoy diciendo es la mirada de un hombre de 47 años y no necesariamente es lo que me motivó a los 20. Hay una crisis de modelo donde la izquierda se caía donde nosotros habíamos crecido pensando que ese era el camino y se había caído no sólo a nivel internacional, sino también, muestro proyecto. Yo me declaro un hijo de la política de Rebelión Popular del Partido Comunista y probablemente mi generación ingresó al PC por la política de Sublevación Nacional  y lo que nos sucede a fines del 89, aunque yo me voy en el 90, es que la política de Rebelión Popular y a pesar de que el partido se demoró años en decir que ya no seguía, en concreto ya no tenía ninguna posibilidad de ser aplicada. Por lo tanto, la realidad hace que se desmorone para mí el instrumento que en este caso es el partido y para mí es una parte que no es menor. Es sentir estar en un espacio donde no tenía ninguna incidencia porque parcialmente si tú quieres mi proyecto había sido derrotado.

– ¿Crees que tu generación política no fue reconocida?

Somos una generación difícil y que nos tocó estar en un período que ni siquiera alcanzamos a ser bisagra, sino que pasamos a ser absolutamente invisibilizados, porque somos la generación que está entre la generación de los 60 y 70 que en los 90 en democracia viene a hacerse cargo de otro proyecto, pero son los mismos que participaron de la Unidad Popular. Y a su vez, veinte años después aparece una generación como los millennials en la cual nosotros tampoco somos parte de eso. Hay un cambio de época donde a mi generación le ha costado mucho encontrar alguna voz, encontrar un lenguaje para poder intervenir en política sin el mote de los testimoniales.

-Hace un año estrenaste el libro “Sentencia Judicial 39.122-87. Operación Albania”, en el cual describes uno de los hitos represivos más cruentos de la dictadura que terminó con la vida de 12 militantes del FPMR a manos de la CNI, ¿Sentiste en peligro por tu vida en esos años?

No sé si tenía conciencia de que podía morir, a pesar de que nos tocó la muerte de compañeros de manera muy cercana, pero probablemente uno eso lo escondía desde la lógica del costo, porque uno sabía que podía morir. Tuve otros miedos, pero no tengo claridad de temer morir, pero si le tuve miedo a ser torturado, de que me detuvieran por más tiempo y probablemente si hubiera tenido más miedos habría hecho menos, yo hice lo que un tipo de 16 o 17 años hacía y que tenía una participación política en ese tiempo.

– ¿Cómo compañero de generación qué opinas de Ricardo Palma y lo que sucedió con él después de la dictadura?

Yo tengo distancia del Negro Palma en términos políticos, sin embargo, no tengo distancia en términos generacionales ni en su modo de pensar, aunque no esté de acuerdo con su accionar. Él hizo lo que está en nuestra guata, en algunos casos, parte importante de nuestra generación también habría hecho si hubiese tenido otra lectura política. El Negro Palma es un luchador social y político, que reconocer la realidad o que la derrota se había impuesto en los 90 le costó un par de años en asumirla. No tengo un juicio moral o ético y las acciones en las que él participa se hacen en el marco de una democracia tremendamente débil, que tenía todavía muchas características de dictadura, sólo basta recordar las acciones de La Oficina o los aniquilamientos que se hicieron en el gobierno de Aylwin. Ojalá se quede en Francia y pueda reconstruir su vida de la manera más armoniosa posible.