Mary E. White era su nombre. La ciencia su profesión. 92 la edad que tenía. Barbara Eckersley el nombre de su hija. Nada de eso importaba, la demencia desembarcó en su cabeza y no había forma que de que retuviera esa o cualquier otra información sin olvidar todo a los segundos.

Así fueron los últimos años de la mujer australiana que fue encontrada muerta en la pensión donde vivía por un empleado durante un noche.

Tres días después de encontrar el cuerpo de White, la policía detuvo a su hija. La pregunta que pasó por la cabeza de la policía, de la prensa y del resto del país era una sola: “por qué”.

Según los cercanos a ella, habría sido un acto de “compasión”, “un acto de misericordia, sin malicia”, dijo Jenny Goldie, una amiga de White, a The New York Times.

¿Crimen o muerte asistida? El debate está abierto en Australia, donde solo algunos estados cuentan con una ley que lo permite, sin embargo en New South Wales, se ubica el pequeño pueblo Bundanoon de 2.700 habitantes, al sur de Sidney, no lo está.

Las sospechas cayeron sobre Eckersley una vez que la Policía dio con que la familia consultó en el hogar de ancianos sobre el procedimiento de eutanasia.

Según detallan medios internacionales, la noche del 5 de agosto, Barbara habría entrado a la pieza de su madre y su puso a su lado como tantas veces lo había hecho antes. Pero esta vez, le suministró una combinación de medicamentos que provocó su muerte.

La hija fue liberada y no ha emitido declaraciones, sin embargo, los cercanos a la familia piden a las autoridades que entiendan la situación, que se trató de una muerte asistida, no de un homicidio.