Camino por Manuel Montt mientras escucho a Payo Grondona. La primera vez que lo escuché fue el año 86 o 87 en un programa donde Pirincho Cárcamo tocaba canciones de rock latino. Payo Grondona ni es latino ni hace rock, aunque para ser sinceros es autor del primer tema de rock chileno que se llama Ayer mataron a mi hermano. Pero lo suyo es la balada, o la canción con guitarra de palo, por llamarla de alguno modo.

En realidad, una de las canciones que más me gustan de él no usa guitarra sino banyo. Se llama La Nelly y el Nelson y habla de una pareja de pololos de Playa Ancha, de donde era el Payo. La Nelly y el Nelson se juntan los días domingo, pues es el único que tienen para ellos.

Es una canción política de alguna manera, claro que para darse cuenta hay que aguzar el oído. Lo único que dice la letra al respecto es: “La Nelly y el Nelson se van despacito hablando de Sandro, del Papa, de Luis, de lo harto que cumple el Chicho, de la pega que hace sufrir”. Por esa parte de la letra, y por la biografía de Grondona, uno supone que fue escrita durante la Unidad Popular. El Chicho no es otro que el Presidente Allende.

No sé si lo que me remece cada vez que escucho es el banyo, la esperanza que tienen los personajes en un futuro o la inocencia de la letra, que nos remite a un mundo pobre, pero feliz. Como tantos, Payo se fue al exilio y regresó, como tantos, quebrado. Era un partidario de la UP, aunque sus camaradas lo deben haber encontrado un tipo raro: tenía humor en un tiempo de urgencias, hacía canciones sobre el sindicato de esperadores de micros, sobre los solterones o recordando la bohemia del restaurante Il Bosco y otras, poco “revolucionarias” para la época. Siempre recuerdo una que habla de la UP diciendo algo así como: “Puede que metamos las patas, pero jamás meteremos las manos”.

El Chile y el Valparaíso al que volvió el Payo eran otros. Bueno, él también. Y así es imposible regresar del todo. En esta nueva etapa, intuyo que estuvo menos a gusto o más extraño aún que en la época de la UP. La mayor evidencia para decir esto son las letras de sus canciones, que no pierden el humor, pero se vuelven mucho más oscuras.

Una prueba es que hace una nueva versión de la Nelly el Nelson. Ya no son pololos, están casados, y no es claro que se amen, pero siguen juntos; y claro, la parte de la letra que hablaba del Chicho, ya no existe, unos acordes dan cuenta de la tragedia, de la que no se puede hablar. El banyo es reemplazado por una guitarra, no como una actualización, sino como una declaración de principios: el presente ya no tiene, ni tendrá, los ritmos que tuvo el pasado. Sólo queda seguir moviéndonos, aunque ya no sepamos muy bien por qué.

Como el eco de sus canciones, Payo Grondona también se extinguió lentamente. Luego de pasar por varios hospitales de la Quinta Región y cuando había sido dado de alta para irse a vivir a un hogar, su corazón dijo no más el 8 de enero del 2014. Hubo muchos homenajes, quizás los que nunca recibió en vida, pero el más importante fue que en su velorio en el Teatro Municipal de Valparaíso se subieron al escenario a cantar sus canciones músicos conocidos y aficionados. La canción que más se escuchó hablaba de una pareja de pololos que se quieren simplemente, se llaman La Nelly y el Nelson.


Documentalista y guionista