Desde octubre de 2017, existe una normativa en Chile (Ley de Nueva Educación Pública) que establece -en su artículo 19, que los colegios “no pueden condicionar la incorporación, asistencia ni permanencia de los estudiantes a que consuman algún tipo de medicamento”. Sin embargo, la diputada (PPD) Cristina Girardi se ha propuesto garantizar este condición con una medida específica que incluya también a los establecimientos privados. La propuesta de la parlamentaria, que la semana pasada, recibió un respaldo unánime de la Comisión de Educación de la Cámara, pretende prohibir que colegios y liceos decidan si admitir a un alumno diagnosticado con Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) o al uso del medicamento Ritalin en su tratamiento.

Los niños, niñas y adolescentes que sufren esta supuesta enfermedad, cuyos síntomas son baja concentración, impulsividad e hiperactividad, lo que se simplifica a veces como un mal comportamiento, son tratados con el famoso Ritalin, una especie de remedio “mágico” que contiene como principio activo el metilfenidato (MFD), derivado de la anfetamina. Aunque hasta ahora el Chile no existen cifras oficiales sobre la prevalencia del TDAH, los especialistas clínicos coinciden en que rodea el 10% de la población escolar.

“Valoramos la iniciativa de la diputada Cristina Girardi porque entendió la discriminación a la que son expuestos niños y niñas en nuestro país, asumió este rol protagónico en la defensa y protección de quienes eran marginados por no consumir medicamentos específicos para el control de la conducta o Déficit Atencional”, opinó a El Desconcierto la presidenta de la ONG Red Infancia Chile, Lorena Bustamante.

Para ella, es imprescindible considerar el contexto social en el que viven los niños y niñas antes de apostar por medicarlos: “Hay niños y niñas con problemas conductuales porque el espacio familiar en el que viven no es el más apto”. A su juicio, “no podemos pedir a un niño que esté tranquilo en clases mientras esta siendo abusado en su casa, en el interior de su familia existe drogadicción, o debe cuidar a su hermano pequeño mientras su madre trabaja”. Por eso, Bustamante plantea propuestas como las duplas psicosociales para la atención de la familia o la puesta en marcha de redes de apoyo para abordar estas situaciones.

En 2016, la Superintendencia de Educación recibió 295 denuncias de padres que acusaron discriminación de parte de los colegios relacionadas con el Trastorno de Déficit de Atención de sus hijos, de las cuales 35 fueron por exigencias de medicación. Hasta junio de 2017, cuatro meses antes de aprobarse la nueva ley, las denuncias por este último motivo eran 11. La entonces jefa de Promoción y Resguardo de Derechos de la Superintendencia de Educación, Ximena Bugueño, detalló -sobre estas cifras- que un 54% de las denuncias procedieron de padres y apoderados de colegios particulares subvencionados, el 17% de municipales y otro 9% de particulares pagados.

Tres niños por curso al especialista

El TDAH pasó a ser considerada una Necesidad Educativa Especial (NEE) en 2010, lo que implicó que los establecimientos pasaron de recibir una subvención de $51.138 por un estudiante sin esta “necesidad especial” a triplicar esa cifra hasta llegar a los $141.746 por cada alumno que sí presenta este diagnóstico.

Decisiones como esta influyen, sin duda, en el aumento que en Chile se ha registrado de la importación de este medicamento por su alta demanda. Según datos del Instituto de Salud Pública (ISP) mientras que en 2005 se importaron 98.150 kilos de metilfenidato, en 2016 la cifra aumentó un 350%, llegando a los 441.877 kilos. De hecho, según la Junta Nacional de Fiscalización de Estupefacientes, que depende de la ONU, Chile se encuentra dentro de los 10 países que más consumen metilfenidato y que más sobremedica a sus niños.

“Hemos detectado que prácticamente tres niños por curso a nivel nacional son derivados a especialistas con el único objetivo de que puedan permanecer lo mas tranquilos posibles”, reveló Bustamante. En su opinión, el “problema” va más allá de los establecimientos educacionales: “Es un tema de país y de lo primitivo que es educar en base a las respuestas estandarizadas, basadas en la competencia y no para establecer valores, principios y posibilidades en donde todos y todas puedan desarrollarse en un ambiente sin presiones aumentando las horas deportivas, artísticas, científicas, valóricas”, dijo la presidenta de la ONG.

La activista propone que la sociedad cambie su forma de mirar la infancia y que cambien las lógicas de los colegios que quieren niños tranquilos, que aprendan y rindan para tener buenos indicadores. “Así como hace 50 años los niños eran golpeados con naturalidad para corregir sus supuestas faltas de comportamiento, hoy hay que aparcar la idea de medicar a los niños y niñas y de competir por quien obtiene mejores resultados académicos o el mejor desempeño”, dijo. “Necesitamos hacer una revolución en el aula, bajar el número de niños y niñas por curso y permitir a los profesores educar”, concluyó.