La tarde del 31 de agosto, finalmente pudimos conocer por fin el tan esperado informe de la autoridad ambiental sobre los monitoreos de gases a partir del más reciente episodio de contaminación en Quintero.

Hagamos un poco de memoria. El día 21, en medio de una crisis que tenía decenas de estudiantes en la urgencia del hospital Adriana Cousiño, la Seremi de Medioambiente anunció que esa tarde llegaría una máquina capaz de detectar y medir 120 contaminantes distintos. Primera curiosidad: en medio de una emergencia ambiental, lo primero que llega a la zona no es el instrumento de medición, sino una persona con vagos conocimientos medioambientales, a hacer declaraciones; por supuesto, sin mucho sentido, precisamente por falta de lo más necesario. Casi conmovedor que la señora Seremi pensara que la población de Quintero, expuesta a una intoxicación, la necesitaba a ella antes que los datos sobre contaminantes. Esto implicó que el equipo de salud tuviera que manejar la emergencia a ciegas.

El proceso de medición tampoco fue fácil. La máquina comenzó a medir al día siguiente; bastante tiempo después del necesario para detectar algo significativo; sumado, además a la inexistencia de línea base, lo que impedía afirmar que cualquier contaminante encontrado no estuviera ahí desde mucho antes. La máquina llegó al país en enero, se comenzó a capacitar alguna gente en marzo, pero no estaba instalada la capacidad para usarla en este episodio.

Quienes trabajamos apoyando técnicamente la organización local continuábamos a la espera de datos que permitieran saber a qué nos enfrentábamos. Surgió así, por una filtración, la información de que serían tres los compuestos involucrados. De entrada, la historia parecía poco creíble: Cómo era posible que tres contaminantes viajaran por el aire juntos, si cada gas tiene una dinámica distinta, dado que tienen características moleculares distintas. Las autoridades se casaron rápidamente con esa versión, y comenzaron a tejer historias y explicaciones a partir de ella. Incluso especialistas renombrados se apoyaron en ese dato para hacer sus apreciaciones sobre el evento. Las noticias que llegaban extraoficialmente del equipo a cargo los mostraban mucho menos convencidos de que lo que afirmaban las autoridades, siguiendo la filtración mediática correspondiera a lo que realmente había en el ambiente, y menos aún, a un posible agente causante de la emergencia. Digamos que el uso de la máquina sufría el “síndrome del puente Cau Cau”: No basta tener la tecnología; hay que entender el manual.

Pasamos así días esperando la información. El día 23, cuando ya la máquina estaba midiendo, hubo un segundo episodio masivo de síntomas de intoxicación, mayor aun que el anterior. Tampoco esto implicó que Medioambiente liberara los datos de sus mediciones. Como equipo técnico realizamos muchas gestiones, incluyendo hablar directamente con la Seremi, para solicitar estos datos. La autoridad nos prometió que nos daría un informe el día 29.

Finalmente, el día 31, fue difundido – y anunciado con bombos y platillos por el intendente – un documento que se nos dice, contiene los resultados esperados.

Sin embargo, lo que encontramos, no es una sistematización de los compuestos encontrados, sus concentraciones y los lugares de medición para cada momento en que se realizaron dichas mediciones. Esto es lo que esperábamos con ansias, y lo que esperaría cualquiera que quisiera entender realmente la situación del episodio en su conjunto, y la actual.

Nos encontramos, en cambio, con un listado de fechas y horarios, que sólo se refiere a la presencia de “hidrocarburos”, sin precisar de cuáles se trata, y una calificación de “alto”, “medio”, “bajo”, “nada”; en vez de las concentraciones. Tampoco se especifica los lugares de medición.

Se trata, pues, de un intento pueril de hacer pasar por información, algo que no es más que una consigna; sin ningún valor para entender qué pasó y qué está pasando.

Dicha presentación no es casual. Estamos seguros de que se trata de un acto intencional de ocultamiento de información. Entendemos que para el gobierno resulta difícil asumir otro error más, aparte del penoso episodio de “la coma corrida”, que llevó incluso al presidente a anunciar una contaminación por dióxido de azufre, como otro participante de este curioso cóctel tóxico, justo en un momento en que la concentración de éste estaba bastante más baja de lo permitido, y sin duda mucho más baja de las frecuentes transgresiones de dicha norma.

Esto no justifica embaucar a la gente. El llamado “informe” sólo podría calificarse así en su acepción de “sin forma”. Decir que eso es lo que se necesitaba saber, por mucho que vaya adornado de vagas palabras bonitas del intendente al anunciarlo, es un acto deliberado de engaño.

Nuevamente, la autoridad está muy por debajo de cualquier estándar ético en este conflicto.