La palabra verbo me es obligatoriamente familiar producto de mi profesión, veta humanista, placer lector o incipiente carrera de escritor. Clase de vocablo además, dotado de variadas acepciones. Por un lado, utilizado para expresar acciones, procesos, estados, por otro denota oratoria, capacidad de expresarse. Hay una más. Tomado bíblicamente como metáfora de Cristo. Todas y cada una de éstas se manifiestan en la intervención homónima del artista visual Pablo Carreño Grendi realizada en la Escuela de Bellas Artes de la ciudad de Viña del Mar y dentro del proyecto PEV (Ponte en vitrina) organizado por la Sala Carlos Hermosilla de la ciudad jardín. La obra sorprende por su coherencia y vigor ante uno de los tantos flagelos que sufre no solo la educación chilena sino nuestra sociedad. El lucro. El filósofo francés Jacques Rancière lo ejemplifica en la siguiente reflexión: “La ley del lucro capitalista reinaría en el mundo por que el hombre democrático es un ser de desmesura, devorador insaciable de mercancías, de derechos humanos y de espectáculos televisivos.” Nada más acertado a mí parecer.

La vitrina se yergue ante nuestros ojos con un fondo en azul y rojo, réplica del logo ministerial  que  luce la alegoría de un sacapuntas y lápiz grafito simbolizando la escuela y el pico en el ojo que hemos sufrido desde los tiempos de la alegría ya viene (o mucho antes) donde a todo se le puso un precio y todos (o la mayoría) se vendieron o pusieron un precio a sus cabezas y a sus almas siguiendo el tenor religioso, una de las vertientes de la muestra. Vienen a mi mente los años de dirigente estudiantil durante la Revolución Pingüina del año 2006 o las movilizaciones contra el lucro en la educación del 2011. En esta última, ya siendo profesor, me despidieron precisamente por apoyar una toma de los alumnos. En otro colegio la sostenedora con voz de sabiduría me dijo cierta vez: “Si están en contra del lucro, tampoco ustedes debiesen cobrar su sueldo.” Una de las iluminadas reflexiones que he escuchado en mi tránsito por el sistema educativo chileno. Han pasado siete años, no ha cambiado mucho.

Vuelvo a la obra. Escrita en el logo la conjugación del verbo lucrar, emergen Yo lucro, Tú lucras, Él lucra, sobre todo Ellos lucran. Pienso en los sostenedores que se sostienen a ellos mismos y sus parasitarias familias donde el desfile de hijos, cuñados, hermanos y hasta nietos copa los puestos directivos cual carrusel del pituto chilensis. Nunca les ha importado la educación, sólo sus bolsillos, su negocio. Se está rompiendo el techo del gimnasio. Hagamos un bingo dijo un tal Varela.

Es interesante y sumamente actual reitero, el conjunto de elementos dentro de la intervención, donde cada uno de ellos cumple una función discursiva tanto en su individualidad como su conjunto. La presencia de un cáliz, el vaso más importante entre los vasos sagrados lleno de monedas y cubierto por un purificador, expresa la inequívoca denuncia como el dinero corrompió desde la época de los mercaderes de Cristo algún intento de ayudar al hombre a través de la religión, solo con buenos actos sin dinero mediante. Cáliz lleno de monedas, otras esparcidas sobre el corporal y el paradójico mandamiento no robarás. Fichas de cien pesos compuestas de 92% de cobre, 6% níquel y 2% de aluminio. En casi su totalidad elaboradas con el llamado “Sueldo de Chile” el mismo del 10% de la ley reservada del cobre, el Milicogate, las altísimas pensiones de Capredena, el patrimonio inexplicable del ex Comandante en Jefe Juan Miguel Fuente – Alba, el desfalco en Carabineros y puedo seguir toda la columna. ¿Qué manera de lucrar no? O robar mejor dicho.

Como señalaba, el cáliz y el vino contenido en éste, se usa a menudo como si fuese sinónimo de la sangre de Jesús. Que haya monedas y no vino en el recipiente es sinónimo que todo se puede comprar incluso el recuerdo y la dignidad de los niños violados por sacerdotes o de la sangre derramada cada vez que en este país se luchó por hacerlo un poco menos injusto y desigual.  Delante del vaso es interesante la presencia del confort de la colusión, el de las siete lucas, el que me pide pagarle la sostenedora amante del billete (según ella para ahorrar) en el particular subvencionado quilpueíno y tantos otros desperdigados por este país. Irrumpe el no robarás estampado de bordes dorados en un corporal blanco. Imagen del cambio de auto cada dos años, mientras las salas se llueven, escasean los datas o no hay confort (como señalé) y somos artífices de cuanto bingo y plato único se les ocurre a estos mercaderes de la educación para no tocar sus bolsillos, sino el de los otros, los del apoderado arribista que está dispuesto a pagar lo que sea por mantener su estatus y la del profesor (a)  lameculos en esa normalización de ponerse la camiseta a costa de incluso gastar de su miserable sueldo para salvar la institución, “la familia”. Los sujetos actuales no se resignan a instalarse, sin más, en la vacuidad del binomio consumidor/asalariado señala el filósofo francés Alain Badiou, no salen de ese margen. Los dueños del sistema lo saben y explotan esto. Nos hacen jugar su juego, con sus reglas, vencedores y vencidos.

Pero hay una esperanza, siempre hay una luz al final del túnel, en este caso del apagón cultural chileno. Completan la intervención un velón blanco y dos velas rojas. Desde tiempos antiguos la vela se ha usado como un símbolo de la luz de Cristo. Están apagados, hay que encenderlas, salir de la caverna, des-normalizar la ignorancia, el consumismo, el aparentar. Desacralizar el lucro. ¿Será posible? Si Cristo volviera lo crucificaríamos de nuevo. Estoy seguro.


Profesor de Lenguaje y Comunicación. Profesor de Castellano UPLA