Cambiar de opinión, de ideología o de partido político es completamente legítimo. Pero no es legítimo afirmar haber participado en una organización política cuando no ha sido así. Lo anterior es simplemente mentir y normalmente es parte del arsenal de un mitómano. El caso de Mauricio Rojas  ilustra ampliamente esta situación. En Suecia vendió un pasado político que no era verdad que por lo demás era muy atractivo para la derecha. Por supuesto, para la derecha era una muy buena compra. El lector seguramente reflexiona de cuan excitante debe ser para la derecha reclutar a un ex militante de la izquierda radical latinoamericana. Un militante que reconoce de que estaba equivocado. Es importante reiterar que nadie se molesta de que alguien cambie de partido político, lo que genera malestar es cuando alguien miente aludiendo un pasado político que no es cierto. Quienes vivimos en Suecia fuimos por años testigos de cómo un individuo mentía sobre su pasado político. La gente del MIR sabía que este personaje nunca había militado en las filas de la organización. Lo anterior lo certificó el ex secretario general del MIR Andrés Pascal Allende en un comunicado en La Tercera (12/08/18). Al respecto, en aras de probar su militancia afirma Mauricio Rojas que  Miguel Enríquez estuvo dos veces en su casa (¿). Aunque esto fuese verdad no lo habilita para calificarse de ex-mirista. Lo cierto es que nunca ha podido mencionar con quien militó y en qué consistió su activa participación,

Debo admitir que esta historia nos aporta una lección. Nos muestra que la mitomanía bien usada permite hacer carrera política. Al menos así lo demuestra la persistencia de Rojas. La categoría de mimado de la derecha sin embargo fue mermando debido a su personalidad. Con el tiempo  comenzó a perder el sentido de las proporciones. Su comentario hostil y mal fundado sobre la inmigración y los inmigrantes generaron fuertes asperezas con la juventud del partido liberal lo cual  explica en algún sentido su alejamiento de Suecia. Al parecer supo irse a tiempo del país. De lo contrario debemos preguntarnos, si era tan exitoso porqué se fue para España.

Sin embargo, lo anterior le permitió aterrizar en Chile con un abultado curriculum y buenos contactos, entre ellos, Mario Vargas Llosa. Entre sus pergaminos, miembro del parlamento sueco. Por cierto, esto despierta mucha admiración en Chile. Conquistar un escaño en el parlamento en Chile implica la interacción de muchas variables difíciles de conseguir. De manera que la reflexión natural de un chileno es: si llegó a ser parlamentario en Suecia por algo debe ser. Ciertamente Rojas fue parlamentario, pero es relevante comentar que las elecciones en Suecia no son al estilo chileno. En principio, el voto personal no existe en Suecia, se vota por un partido. En los locales de votación sobre una mesa se encuentran bultos con votos de cada uno de los partidos políticos participantes, cada voto del partido en cuestión presenta una lista de las personas elegibles. Comúnmente la gente deposita su voto en la urna sin marcar a nadie en particular. En estas condiciones logró llegar al parlamento y en un último periodo reemplazo a Lars Lejonborg (cuando este ocupó un cargo ministerial). Sí, fue parlamentario pero no como la mayoría en Chile asocia con ser elegido parlamentario, es decir, gente que grita y agita el nombre del candidato, afiches por toda la ciudad con el candidato, etc. No así no fue, en tales eventos el pueblo sueco no voto por él y mucho menos los chilenos residentes en Suecia.

A manera de resumen, la mitomanía practicada durante un largo tiempo se transforma para el sujeto en cuestión en una verdad, el entorno interesado (en este caso la derecha) compra convencido de que el producto es fidedigno. En otras palabras, vendedor y comprador maximizan respectivamente beneficios y utilidades, el primero gracias a la mitomanía y el segundo a la ingenuidad.


PhD en Economía. Universidad de Gotemburgo