Durante este 2018 hemos sido testigo como sociedad del grito desesperado de miles de mujeres en Chile y el mundo en contra de la invisibilización, la desigualdad, los abusos, acosos y diversas violencias a las que estamos expuestas diariamente, la cruda historia que nos antecede nos convoca con fortaleza en cada manifestación.

¿Podrá alguna de mis compañeras o compañeros aliados responder la pregunta: Qué es ser feminista? No lo sé, sin embargo, de lo que tengo certeza es que no basta con asistir a la marcha, la asamblea o el foro. El feminismo avanza de manera cuantitativa sumando todos los días miles de personas, como también de manera cualitativa, despertando las conciencias, abriendo puertas y ventanas hacia la reflexión, como también el necesario duro y grueso argumento con el que combatimos la injusticia patriarcal.

Ser feminista no es tarea fácil, desprenderse de lo aprehendido y construir en base a nuevas lógicas una realidad donde la dominación y la hegemonía del hombre, verdad incuestionable, normalizada y naturalizada se desmorona y rompe el muro carcelario es una ardua tarea que comienza en la conciencia, tanto individual como colectiva.

Tener conciencia feminista implica revisar nuestra propia historia, la de mi madre y abuela, la de mi vecina, mi profesora y mi amiga, analizar los episodios de violencia y subyugación que todas hemos vivido y proyectarlos como aquello que no queremos vivir. Pero también es revisar aquello que nos dijeron que era la verdad respecto a la construcción del mundo, esa que dice que las mujeres debemos ser madres abnegadas, que debemos esconder nuestra menstruación, que nuestros pezones son y serán libres para el goce del hombre, aquella que explota cuando a la persona que amamos no tiene un pene, que nos mantiene con felicidad en el espacio privado mientras que el público será un campo minado, fiel reflejo del infierno en cual pecadora arderás si osas presentar tu talento en las materias que son de exclusividad masculina.

Ser conscientes de que aquellas que escribieron no pudieron firmar con su terrible nombre de mujer, aquellas que pintaron fueron despojadas de su obra para ser exhibidas con el nombre de su marido, esas que gustaron del cuerpo de otras fueron apedreadas y quemadas en la plaza pública, que las que no pudieron ser madres “no cumplieron su función en el mundo”, las que lucharon codo a codo contra el patrón fueron olvidadas, unas que se enfrentaron al poder político siempre tomado por los hombres y fueron infantilizadas, todos estos ejemplos que fueron, son, pero no serán, gracias a la conciencia, conciencia feminista.

Hoy luchar por un currículum educacional con perspectiva de género, visibilizar a nuestras artistas, escritoras, deportistas, médicas, científicas, etc. Es reivindicarnos como género, es también una manera de hacer carne el feminismo conversado, y dejar huella para las mujeres futuras, superar la superficie y la coyuntura, marcando hitos, no esperando la nueva sociedad ni reformulando la actual, sino, construyendo aquella donde la explotación de la otra, y del otro, ya no sea natural.

Conocer y reconocer a otras mujeres también es tarea de la toma de conciencia feminista, nuestras diversidades son un abanico de historias de luchas que no podemos obviar, pero por sobretodas las cosas hoy, la conciencia feminista nos exige revisar nuestros privilegios, largo tema para ser redactado en una próxima hoja.

Avanzar a paso firme, reivindicando nuestra historia y proyectando la sociedad feminista es sin duda, crear, tener  y aprehender la conciencia feminista.


Socióloga