Estadio Roberto Bravo Santibáñez, Melipilla, 8 de Septiembre. Un sol idílico baña las tablas añejas del sector oriente y a los cuerpos que nos sentamos sobre ellas. Los Meliadictos cuelgan lienzos y telas albiazules que delimitan su espacio en la galería, justo en el centro, donde mejor se ve el fútbol. Animan con el bombo la salida del potro, que es finalizada con estruendosos petardos que sorprenden especialmente a niñas y niños, que con los oidos aturdidos y los ojos bien abiertos miran de lado a lado, incrédulos por esta repentina alteración de la realidad.

La misma sensación embargaría a todo el estadio casi dos horas más tarde. Melipilla, en un partido sobrio, logró imponerse por 1-0 ante Unión San Felipe y encadenó su segunda victoria consecutiva, pasando de la crisis a la ilusión en sólo dos semanas.

Héctor Adomaitis, técnico responsable del renacer Melipillano, ha actuado con sensatez, entendiendo que la primera tarea en una temporada llena de exabruptos es dar confianza a un equipo titular, nunca encontrado a lo largo de este torneo. Fuentes; Vásquez, Lauler, Sotomayor, Norambuena; Fuenzalida, Cabión, Vidangossy, Sandoval, Meneses; y Pinto -en desmedro del paragua Servín- dibujaron un 4-5-1 más atento a las coberturas a lo largo del campo que de imprimir vértigo y volcarse al arco rival. Por su parte, Unión San Felipe inició con un 4-3-3, apretando por 10 minutos bien arriba a la defensa del Maipo, lo que se diluyó mediando el primer tiempo hasta que el técnico San Felipeño, Christian Lovrincevich, recogió sus dos punteros externos, esbozando un 4-3-2-1. Lógicamente un mediocampo tan densamente poblado generó una refriega permanente, manteniendo al balón lejos de las áreas y al espectáculo ajeno a las emociones.

El delantero Mathias Pinto no tenía con quién jugar una pared y asediado por hasta 3 hombres del “Uní-Uní”, quedó condenado a la irrelevancia; mientras que los del valle del Aconcagua buscaban quedar hombre contra hombre, confiando en los desbordes del destacado delantero uruguayo Adolfo Lima, más veloz que cualquiera de sus marcas. En el 34’ pivotea el delantero Cisterna dentro del área, dejándola servida para que Franco Caballero voleara pifiado por arriba del arco. Los cien San Felipeños presentes se tomaban la cabeza, era un golazo y la más clara de un pálido primer tiempo que no registraría más acciones de riesgo.

Adomaitis mueve la pizarra en el entretiempo y reemplaza a Vidangossy por el debutante paraguayo Gustavo Guerreño, para darle compañía a Pinto y descongestionar la línea de volantes. Minuto 46, San Felipe mal parado y quedan tres contra tres, con Fuenzalida picando al vacío, pero Pinto, comilón en esta ocasión, patea al arco y desvía. En la jugada siguiente, con el “Uní-Uní” nuevamente mal ubicado, entre Guerreño y Pinto aprietan al central que apurado toca al arquero, quién se enreda y se la deja en bandeja a Pinto. Suave toque y a abrazarse.

El gol remece la quietud del primer tiempo y sacude a Unión San Felipe que salió durmiendo de camarines. El elenco de los cuatro espíritus, como es la tónica, regaló la cancha tras el tanto y los visitantes, en actitud revulsiva salieron a buscar impetuosamente el empate. Y la fortuna se hizo presente, tal como la fecha pasada contra el Rangers. Minuto 7 y 8, ¡dos veces la pelota dio contra el palo izquierdo de Fuentes! Primero Lima se lo pierde a 4 metros del arco y luego, el volante argentino Pino, de técnica exquisita, golpea el balón entre empeine y tres dedos, de arriba hacia abajo, haciendo que trazara un vuelo en línea recta de 25 metros antes de estrellarse a media altura contra el vertical del arco norte. Otro golazo ahogado que hacía respirar a los cerca de 1.500 melipillanos/as que implorábamos un paso acelerado del tiempo restante.

Pero el rezo no hacía efecto, y al contrario, los minutos se sucedían sin ningún apuro para una escuadra Melipillana jadeante, con clara vocación defensiva. En el 27’, en una patriada Meneses encara, elude a un defensor y deja solo a Pinto, quién remata al bulto ante el agresivo achique de Jonathan Salvador. Los del Aconcagua también mostraban los efectos del trajín de los minutos jugados y no lograban incomodar a la defensa rival. Y desde el 30’ Deportes Melipilla mostró oficio, sacando a relucir las herramientas más selectas del manual sudamericano para enfriar partidos. Aparecieron los calambres -reales y convenientes-, los alegatos, los balones que tardaban en volver a la cancha, el arrinconarse contra el córner para no soltar la pelota y todas esas acrobacias dispuestas para el deleite de la nerviosa hinchada. Unión San Felipe colaboró pues en el 45’ Soto no quiso aguar la fiesta y se comió un gol absolutamente solo, en lo que sería la última acción de peligro del encuentro.

El sol se iba escondiendo, esperando atento hasta el último minuto antes de retirarse por completo y dejar de dar calor a la parcialidad melipillana.  Con el pitazo final, en el zenit de la exaltación se coreó el grito más feliz de la jornada “Ohhh, tenemos aguante, somos huasos y atorrantes”, una y otra vez, excediendo las telas que delimitaban el área meliadicta. A viva voz o con las palmas se sumaban familias completas, niñas y niños bailando al ritmo del bombo, y los más viejos, sacándose el audífono de la oreja, para levantarse con cuidado y despedir al equipo que se acerca a la reja para retribuir a su gente. Hermosa jornada en el Roberto Bravo Santibáñez, que deja al potro provisoriamente en noveno lugar, con 30 puntos, a San Felipe muy cerca, con 32 y a la liguilla de promoción a un par de buenos partidos. Impensado hace tan poco, el fútbol está en orden, la suerte de nuestro lado y los hinchas, esta vez avalados por la realidad, creyendo en lo imposible.