El 11 de septiembre de 1973 fue el día del golpe cívico-militar a cuya cabeza estuvieron las Fuerzas Armadas, los principales grupos económicos y los numerosos civiles que buscaban arreglar cuentas con la unidad popular.

Fue el momento en que se consumaron las traiciones, encabezados por Pinochet, a quién Allende había nombrado Comandante en Jefe del Ejército.

Ese día asoma el Pinochet siniestro, quien se apodera del cargo de presidente para controlar el gobierno por diecisiete años. El y sus corifeos deciden bombardear la moneda donde Allende pasa sus últimas horas, antes de repetir el noble gesto de Balmaceda y Recabarren.

Allí, en la mañana, realiza su último discurso, aquel donde habla del cierre momentáneo de las “grandes alamedas”.

Además, tumbado en el suelo, dispara contra las tropas que se abalanzan hacia el palacio.

Allí llora a su amigo Augusto Olivares, quien no puede soportar la trágica derrota, asumiendo la muerte, anticipando con ello el gesto del presidente.

El 11 de septiembre comienza la tragedia, la larga dictadura contrarrevolucionaria y terrorista, pero con proyecto.

Una que es, al mismo tiempo, institucional y de caudillo. Una que es de las fuerzas armadas en su conjunto, pero con Pinochet en el puesto de mando; dura allí desde el momento anterior al golpe hasta 1997, en que deja de ser Comandante del Ejército, cargo que ocupa por largos 24 años.

Se trata de una dictadura que cuestiona tanto las reformas antioligárquicas del gobierno de Frei Montalva como el avance hacia el socialismo dentro del sistema institucional, puesto en práctica por el gobierno de Allende.

Nacionalización del cobre, estatización de la banca por medio de procedimientos mercantiles, creación del área de propiedad social y fomento de la participación popular, a través de los comandos populares y los cordones industriales, fueron las principales tareas realizadas.

Por ello se produce el golpe militar, porque era un gobierno que no solo hablaba de revolución, sino que la ponía en práctica.

La dictadura cívico- militar tiene además un carácter terrorista o, dicho de otro modo, un carácter fuertemente represivo. Ello significa encarcelamientos masivos, torturas frecuentes, desapariciones constantes, múltiples procesos realizados contra militares constitucionalistas.

Pero además se trata de una dictadura con proyecto, el cual es puesto en práctica a partir de abril de 1975, momento en que los denominados “Chicago boys” se hacen cargo de la política económica, otorgándole una orientación neoliberal o, habría que decir más bien, liberal extrema.

Ese tipo de política económica se combina con una cultura mercantilizada.

El rasgo principal de esta última es la sustitución de las pasiones ideológicas de los sesenta por las pasiones ligadas al consumo; facilitadas por la existencia de tarjetas de crédito o debito y por el funcionamiento de grandes centros comerciales cuyas vitrinas exponen los productos para seducir a los paseantes.

Lo más interesante es que esa dictadura no fue derrocada por la política de “rebelión popular de masas” planteada, a partir de 1986 por el partido comunista sino por un plebiscito organizado por la propia dictadura, el cual tuvo lugar el 5 de octubre de 1988.

A partir de esa fecha comienza la llamada transición. Esta última termina el 2005, cuando a finales del gobierno de Ricardo Lagos se elimina parte de los llamados enclaves autoritarios, entre ellos los senadores designados y el consejo de seguridad nacional con capacidad de acción en situaciones de crisis.

Pero se sigue aplicando el modelo liberal extremo, por ello puede hablarse (como lo hace Manuel Antonio Garretón) de “liberalismo corregido y progresismo limitado”.

La eliminación de alguno de los enclaves representa un avance, pero no significa un viraje. Y así sigue funcionando el Chile actual, hasta nuestros días.

Por ello la derecha que nos gobierna no necesita realizar un giro copernicano, como no lo hizo en su primera administración y no lo hará ahora.


Sociólogo, Premio Nacional de Humanidades 2015. Docente Escuela de Sociología de la U. Academia de Humanismo Cristiano