El jueves 6 de septiembre tuve oportunidad de asistir a una reunión con dos expertas del Centro de Estudios y Desarrollo de Educación Continua para el Magisterio de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, el Vicerrector de Extensión del IN y una cifra lamentable de cerca de 20 madres, padres y apoderad@s de los casi 5000 estudiantes del colegio.

La cita fue hecha originalmente para l@s presidentes/as de curso o miembros de las directivas, pero durante la tarde de ese día, se hizo extensiva para tod@s las madres, padres y apoderad@s. Al recibir esta invitación más amplia, en la que podía participar, inmediatamente me sentí convocada y realicé todos los ajustes necesarios en términos domésticos, para poder ejercer mi deber y derecho a participar activamente de la educación de mi hijo mayor.

Al llegar, el auditorio que puede albergar a 200 personas, tenía sólo 8 butacas ocupadas. Alrededor de 30 minutos después, se habían llenado las otras 10…, esa era la respuesta a la invitación para el proceso participativo y dialogante, que originalmente buscaba responder a la pregunta: ¿debe ser mixto el Instituto Nacional?

Me parecía tan estimulante y relevante, que intenté compartirlo instantáneamente a través de Whats app con l@s apoderad@s de mi curso, sin embargo, las respuestas espontáneas que recibí fueron de resistencia, de tenaz oposición y “desinterés”.

Las respuestas de esta red “social”, fueron muy similares a lo que se decía dentro de la sala: “no queremos que sea mixto, es un colegio de hombres, por eso como familia escogimos este colegio, históricamente ha sido el mejor colegio de hombres de Chile, de aquí han salido los hombres más iluminados de la historia de Chile, las niñas vendrán a distraer a nuestros niños, nuestros hijos se ganaron su lugar aquí por ser buenos estudiantes, los cerebros de las mujeres y de los hombres son diferentes, y un largo etcétera, que hizo referencia en varias oportunidades a las “familias bien o mal constituidas” y su rol en la educación de los estudiantes, a las faltas de respeto a la autoridad y otro largo etcétera….

Todas esas respuestas me hablaron del miedo al cambio. Miedo a no cumplir con las expectativas y mandatos sociales, miedo a equivocarse, miedo a no tener de qué alardear y que por lo tanto, nos habla de baja autoestima, por creer que nuestro valor tiene que ver sólo con un ámbito de acción; que es justamente lo que no nos permite desarrollar los dones y talentos que tenemos posibilidad de descubrir en libertad, mediante la riqueza de la convivencia cotidiana en el respeto a la diversidad.  En fin…, miedo a dejar de ser sujetos de privilegio, ¡para comenzar a ser sujetos de derechos!

Pero también se dijo que la educación pública y de calidad, debe ser considerada un derecho humano fundamental, y esto implica entre otras cosas: que debe ser laica y pluralista, y por tanto respetar la diversidad, promover la equidad y tener acceso a ella; lo que debiera traducirse en  incorporar la educación no sexista en la formación de los estudiantes, que no es sinónimo de mixto, pero que obviamente es muy extraño (por decir lo menos) que a estas alturas de la historia de la humanidad no lo sea.

Se dijo también, que el resultado del proceso que estábamos comenzando a construir como comunidad, era algo de lo que todo Chile estaba pendiente, por ser el Instituto Nacional, el “Foco de luz de la Nación”…. Uffff!! Que gran responsabilidad, que gran peso y al mismo tiempo, ¡qué gran oportunidad y que gran privilegio!.

Esa es una breve síntesis de lo que ocurrió desde mi vivencia, pero lo que yo sentí y luego reflexioné es lo siguiente, y para poder expresarlo de la mejor manera posible, en primer lugar citaré a uno de los pedagogos más importantes de la historia, Paulo Freire:

“El autoritarismo y el libertinaje son rupturas del tenso equilibrio entre autoridad y libertad. El autoritarismo es la ruptura en favor de la autoridad contra la libertad, y el libertinaje, la ruptura de la autoridad contra la libertad, contra la autoridad. Autoritarismo y libertinaje son formas indisciplinadas de comportamiento que niegan lo que vengo llamando vocación ontológica del ser humano”…. “La disciplina, que resulta de la armonía o del equilibrio entre autoridad y libertad, implica por necesidad el respeto de la una por la otra, que se expresa en la asunción que hacen ambas de límites que no pueden ser transgredidos” (pág 73, Paulo Freire, Pedagogía de la Autonomía)

Durante el último año, el “autoritarismo y el libertinaje” del que nos habla Freire, y que a diario acontece al interior del Instituto Nacional, ha sido evidenciado sistemáticamente a través de los medios de comunicación masivos, quienes como sucede habitualmente, hacen un tratamiento intencionado de las “noticias” en favor de lo que los grupos poderosos necesiten lograr con lo que sucede. Por eso, intentaré dar cuenta de lo que creo y siento que está a la base del fenómeno que la mayoría ha visto por la tele, y que todos quienes pertenecemos a esta comunidad escolar hemos tenido que padecer, desde el rol que nos corresponde.

Creo humildemente, que los niveles de violencia entre nuestros niños y sus profesores, entre los varios Centros de Padres y apoderad@s, con los que hemos tenido que lidiar cotidianamente durante este año en el colegio, sólo ponen en evidencia los niveles de violencia social, de los que somos víctimas cotidianamente, y de los que lamentablemente somos inconscientes, porque, como seres humanos, nos acostumbramos a todo…

Al intentar ponerme en el lugar de la mayor parte de nuestr@s niñ@s, adolescentes y jóvenes, no puedo dejar de sentir soledad, ausencia, abandono, rabia y mucha DESESPERANZA, por mirar a su alrededor y saber que sus madres y padres (cuando están presentes) deben estar la mayor parte del día trabajando (y trasladándose a sus lugares de trabajo) para lograr darles a ell@s, las mejores condiciones para que puedan estudiar y con ello, superar la “calidad de vida” que hoy tienen, a través de “profesiones exitosas” que los hagan ganar mucho dinero. Y claro, si en este sistema entendemos a  la “calidad de vida” como sinónimo de dinero, obviamente, es posible que tod@s nos veamos atrapad@s en la necesidad de priorizar nuestros ingresos económicos por sobre la cantidad y calidad de tiempo, que podamos tener con nuestros hij@s y con nuestra gente querida.

El punto es si en algún momento, nos cuestionamos si nuestr@s hij@s son felices o pueden llegar a ser felices con los pocos momentos que podemos compartir con ell@s, y en las condiciones que podemos estar, cuando “estamos”. Seguramente si!! Y lo más probable: todos los días y a cada rato, pensamos y anhelamos, poder trabajar menos tiempo y ganar más dinero, para poder estar más tiempo con nuestr@s hij@s. Este anhelo, que en la mayor parte de la gente se constituye en un sufrimiento cotidiano, podría resolverse con el trabajo decente (OIT), que es uno de los tantos compromisos del Estado de Chile, al ratificar tratados internacionales, para alcanzar la justicia social.

Por eso, y al continuar intentando empatizar con nuestr@s hijos, es posible comprender el por qué este fenómeno que algunos expertos han denominado NINI (Jóvenes que ni estudian ni trabajan). La angustia es uno de los sentimientos que más afloran en los NINI. Según el investigador  argentino Alejandro Piscitelli: “la realidad de los adultos los abruma” y por lo tanto la “constante sensación de sin sentido”, es algo permanente en ellos.

Obviamente, nuestr@s hij@s tienen figuras relevantes que padecen a diario la ausencia de trabajo decente,  en sus colegios y hogares, por lo que la desesperanza por llegar a ser adultos, en las mismas condiciones que sus madres, padres, familiares y profesores, no se constituye en un escenario alentador.

Pero si además, consideramos que por la profunda culpa que sentimos por nuestra ausencia permanente, como adult@s responsables de la formación de est@s niñ@s, hemos criado a una generación que no es capaz de tolerar la frustración, y que por tanto, está centrada en la satisfacción inmediata de sus intereses y necesidades personales; esto se configura en un escenario aún más complejo, violento y peligroso, cuando de aceptar, respetar y valorar la diversidad y los derechos de l@s otr@s se trata.

Recuperar el derecho a la educación pública y de calidad, en nuestros tiempos, pasa necesariamente por despojarse del lugar de “sujetos de privilegio” para constituirse, junto a l@s otr@s en sujetos de derecho; y esto sólo puede suceder, si y sólo si consideramos lo que Paulo Freire postulara hace más de 3 décadas atrás: “Sería impensable un mundo donde la experiencia humana se diera fuera de la continuidad, es decir, fuera de la Historia. La proclamada “muerte de la Historia” implica la muerte de las mujeres y de los hombres. No podemos sobrevivir a la muerte de la Historia, que, hecha por nosotros, nos hace y nos rehace. Lo que ocurre es la superación de una fase por otra, lo que no elimina la continuidad de la Historia en medio del cambio…, Estar en el mundo implica, necesariamente, estar con el mundo y con los otros.” (pág 126 “A la sombra de este mango” Paulo Freire, en “Pedagogía de la pregunta”, 1985). Por eso, naturalmente nuestr@s hij@s, a diferencia de nosotr@s, no aceptan ni aceptarán que se les imponga una realidad que no quieren vivir, y mucho menos, no ser quienes construyan libremente lo que quieren y esperan para sus vidas.

Lo maravilloso y profundamente alentador, es que tod@s nosotr@s tenemos muchas experiencias que nos recuerdan que fuimos capaces de resolver situaciones dolorosas y complejas, en donde nos sentimos profundamente desesperanzad@s, y de las que a pesar de pensar y sentir que no seríamos capaces de resolver, fuimos capaces de salir airos@s y replet@s de aprendizajes significativos, que nos permiten ser y estar en el mundo, con todas las herramientas que hoy contamos.

Y porque estoy convencida de que a l@s hij@s no se les deja sólo dinero para “asegurar” su futuro,  creo que el regalo de esta oportunidad histórica, es que no sólo podemos, debemos ser co- constructores de esta formación y educación integral, creando puentes y no barreras en base a diferencias de sexo, raza, género, religión, clase social, o de cualquier otro tipo, que les entreguen las herramientas necesarias para ser quienes ell@s quieran ser, construyendo así, desde la infinita riqueza de la diversidad, la ESPERANZA de un mundo mejor para tod@s y con tod@s.


Psicóloga comunitaria y apoderada del Instituto Nacional