Por supuesto que no iba a ser tema por parte de los medios tradicionales de comunicación la decisión de no transmitir por televisión el Te Deum ecuménico ya que esto implicaría según los criterios editoriales de los canales ser arte y parte de la noticia, como si esto fuera una máxima propia de esa venta de pomada que nos han hecho creer de que los espacios noticiosos son por excelencia objetivos.

Hagamos un poco de historia: desde la dictadura en adelante éste espacio comunicacional se ha transformado en una instancia digna de la llamada sociedad del espectáculo donde los conductores de noticias se transforman en rostros ancla, líderes de opinión y sujetos/objetos de consumo desde lo que dicen, hacen, con quien andan y como se visten – recordar la portada del diario “Las últimas noticias” en que aparece Humberto Sichel reconociendo una relación con Macarena Pizarro transformándose así por parte de los medios en algo así como un imaginario propio de la prensa rosa, nuestra pareja soñada de las noticias-. A finales de los setenta y parte de los ochenta se mostraba a Raquel Argandoña como lectora de noticias donde la importancia radicaba en sus constantes cambios de look transformando el espacio noticioso en una pasarela. Ustedes me dirán: ¿a qué viene todo esto? La respuesta es fácil, por lo menos para mí. Al parecer mostrar y exhibir a los lectores de noticias como objetos noticiosos no es problema pues eso sigue profundizando la construcción y la idea de que la televisión más que ser una industria cultural que tiene y conlleva un rol y una responsabilidad social, es simplemente una industria cuya productividad se mide en tanto rating y niveles de reconocimiento (la credibilidad seamos honestos, importa poco) que tengan sus subproductos los rostros. Desde esta perspectiva las temáticas a tratar si implican decisiones editoriales que establecen construcción identitaria y social es mejor no profundizarla ocupando la pantalla. Que se hable de romances, ropa y otras frivolidades da lo mismo, pero explicar el por qué se decide no emitir un acto cívico que históricamente ha sido mostrado por la pantalla chica implicaría dar demasiadas explicaciones que podrían resultar engorrosas. Tesis hay varias, algunas de las que yo creo son las siguientes:

1-. Dejar en evidencia el sentido puramente comercial que tiene la televisión como medio de comunicación, donde en definitiva poco importa el análisis que hay que hacer respecto a la evidente crisis de la iglesia católica, sin mencionar lo ocurrido en el Te Deum evangélico respecto a la  libertad de prensa y a las diferencias de trato en relación al gobierno de Michelle Bachelet y Sebastián Piñera.

Es decir establecer claramente que lo que importa, más que informar es el negocio puramente comercial que hay detrás de cada transmisión de algo en nuestro país. Para que mencionar que más de una hora en los noticiarios centrales de hoy fueron ocupados por la lluvia y la imposibilidad de carretear como se debe éste 18 de septiembre. O sea nuestros noticiarios centrales son un gran infomercial que potencia el consumo.

2-. Incapacidad de los comunicadores para desarrollar un análisis acabado respecto a lo que está sucediendo en nuestro país escudándose en una suerte de falsa objetividad a la hora de plantear temáticas complejas y controversiales, como dejar entrever que efectivamente somos un país laico y que desde esa perspectiva no es necesario dar tribuna a manifestaciones religiosas de ninguna índole. Entendiendo que la noticia está en cómo la sociedad civil ha cuestionado y dejado entrever su molestia respecto a la corrupción de toda índole al interior de ésta institución religiosa. Cuento aparte el poderío del mundo evangélico respecto al quehacer político, social y económico.

3-. Viene de la mano con mi segunda tesis. El poder económico y las clases más acomodadas de nuestro país tienen una clara relación con el mundo católico, desde esta perspectiva y cuidando el negocio es mejor, como diría Luca Prodan del extinto grupo de rock argentino: “mejor no hablar de ciertas cosas”, es decir, dejar que se especule, hasta que dicha temática muera por si sola. Total pronto vendrán otras instancias temáticas frívolas para seguir adormeciendo a una cada vez más aletargada sociedad chilena que a la hora de la idea de hablar de juicio crítico se pregunta con un poco de lata: “¿Y qué es eso?