Son unas prendas blancas con bordados de flores negras por lo que cobran 200 pesos mexicanos (menos de 8 mil pesos chilenos), pero Zara obtiene 599 pesos de la misma divisa (más de 22 mil pesos chilenos). Esa es la realidad a la que se enfrentan un grupo de mujeres indígenas de Aguacatenango, un humilde poblado de Chiapas, México que denuncia a la marca de “robarle” su trabajo.

Las artesanas, junto a la ONG Impacto, denuncian el “plagio” de uno de sus bordados tradicionales a la tienda multinacional.

Según relata María Méndez, un de las tejedoras de la localidad que mantiene a su familia gracias a los ingresos que logra hacer con sus blusas, “hace dos años vinieron y nos exigieron mucho trabajo, nos pagaron muy poco, vinieron sólo dos veces y ya no aparecieron más”, señaló a ElDiario.es.

De acuerdo al testimonio de la mujer de 39 años y madre de siete hijos, la intervención de Zara ha afectado la siempre frágil economía de la zona porque “la gente ya no nos compra a nosotras, porque lo pueden encontrar en una tienda o nos dicen que son parecidos”.

“Perdemos ese beneficio, que es nuestro principal sustento en el hogar”, explicó la artesana que dice que al mes puede producir máximo cuatro de estas prendas al mes, para así obtener 400 pesos (algo así como 15 mil pesos chilenos). Ella se demora más de 50 horas en fabricar una, mientras que Zara lo hace solo en minutos.

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Desde la ONG, su directora, Adriana Aguerrebere, señalan que el objetivo de la demanda presentada contra la tienda es que se revalorice el trabajo de las tejedoras indígenas, ya que “hay una protección al patrimonio individual con los derechos de autor, pero no al patrimonio colectivo que lleva cientos de años”.

“La legislación no las protege porque no hay una organización colectiva que pueda hacer vinculante una ley y las autoridades no atienden estos casos”, dice la líder de Impacto y que desde 2012 han logrado documentar que ocho marcas internacionales han copiado bordados de pueblos originarios mexicanos.