Que era colorín, de patillas perfectas, ojos claros nariz respingada, corpulento y de estatura promedio. Esa es la imagen que desde siempre nos han transmitido de Bernardo O’Higgins, el líder libertador de Chile que junto a José de San Martín, pero, ¿es ese el verdadero?

Esa proyección que se tiene de O’Higgins proviene de una pintura realizada en 1820 por Gil de Castro, la versión aceptada y canónica del director supremo de Chile y que está en todos los libros de textos históricos de colegios y archivos, pero ahora hay un nuevo antecedente que viene a cuestionarlo.

Se trata de otra pintura que se encuentra en un museo de Filadelfia, en Estados Unidos, que tiene en sus paredes colgadas parte del trabajo de Francis Drexel, quien escribió en su libro “Diario del viaje a Sudamérica, 1826 y 1930” el encuentro que tuvo en abril de 1827 con O’Higgins cuando éste ya se encontraba en Perú, según narra el reportaje de Tele 13.

En este nuevo retrato, se ve a un hombre identificado como O’Higgins con pelo oscuro, ojos negros, mas bien bajo, de rasgos toscos, blancos, nariz más gruesa y cejas prominentes.

Bien diferente a la primera pintura, un tanto más europeo, que está tanto en la escultura que hay de él en el palacio de gobierno, en las monedas de 10 y 50 pesos y en el imaginario colectivo.

Además, estos datos se complementan con los que entregan desde el Museo Histórico Nacional, donde se encuentra la ropa que usó O’Higgins, de la que se puede inferir que el ancho de su espalda era de 38 centímetros, por el tamaño de su chaqueta se sabe que era de estatua mas bien bajo y que no era delgado y que medía alrededor de 1,63. ¿Cuál es el verdadero Bernardo O’Higgins?

La pintura de Gil de Castro (1920)

La pintura de Francis Drexel (1928)