Bandera Negra es la nueva obra de la compañía La Teta Teatro (Puerto Cisnes-Aysén), dirigida por Antonietta Inostroza. La invitación es a una experiencia con la Memoria, una construcción de un relato y compromiso entre el pasado y el presente, que se invade de olvido y que no debe diluirse. Hacer comunidad después de la dictadura ya no sabíamos, pero esos días nos vieron, Chile nos vio; no éramos la turística Carretera Austral, éramos Aysén, y tu problema –de veras- era mi problema.

Dicen que el pasado está plagado de duelo y olvido. Como coyhaiquina fui protagonista de los lugares que presenta esta obra, un mosaico de emociones y de historia, de cuando gritamos, cuando nos intervinieron los teléfonos, cuando nos persiguieron, cuando nos torturaron, cuando nos amenazaban con sus armas, cuando hacíamos turnos para mantener el movimiento. Nos cortaban la luz, nos cortaban internet, pero se supo, todo se supo y escucharon en La Moneda y se hicieron los sordos, era más fácil enviar tropas para cansar a la población a que alguien negocie.

En Puerto Aysén familias completas resistían en el puente, estratégicamente para que no muera nadie, había un orden perfecto, detectar puntos débiles, trabajar con el viento, algo que los enemigos (el Estado enemigo) no sabía. Las piedras reunidas en las orillas, las hermanas y madres, atrás, cocinando, los más fuertes en primera línea, con planchas de zinc, esperar, defenderse y matear con sopaipillas en el emblemático puente Presidente Ibañez, territorio icónico de luchas sociales. Nos destacó a los patagones la fuerza inusitada que tuvimos, recordé a nuestros más antiguos que llegaron –desde Argentina y Chiloé- creyendo en una tierra prometida a principios del siglo veinte.

Los ayseninos vivimos una queja histórica; la insularidad, pese a habitar continente, es cotidiana. Fue en el 2012 el verano que extremamos la soledad ¿Cómo narrar? Aquellos cuarenta días, casualmente un número bíblico/macondiano, como muchos pasajes de nuestra historia (siempre) reciente. Expusimos la fibra a Chile y nuestro movimiento se volvió un eco país ¿Cómo decirlo sin que se nos cuele la desesperanza y la ingenuidad política? Esa fe que pusimos en las calles desabastecidas, cuando cerramos las fronteras, cortamos los caminos, expusimos nuestras demandas, y amamos, amamos en esa primavera en verano. Nos militarizaron con fuerzas especiales, aviones Hércules y maquinaria bélica que habíamos conocido durante nuestra resistencia contra Hidroaysén. Fuerzas especiales alojadas en regimientos como en un estado de sitio, ocupando las calles, sembrando el miedo, aplicación de la Ley Antiterrorista (18.314) por unirnos en una causa común. Nos avergonzaron, desnudaron a las mujeres detenidas, nos golpearon en los buses, en plural, porque las familias se extienden por toda la región, unidos; pero perdimos desde tan cerca esa cercanía pendiente. El resto no es lo que explora esta aguda obra que en un lenguaje poético abarca emociones colectivas, y que no pretende hacerse cargo de una versión unívoca de la historia, por eso la poesía en la dramaturgia, por eso la obra se completa con el cuerpo y con el espacio, por eso hay que experimentarla.

Si bien la Memoria absoluta es imposible, el trabajo poético e íntimo, sumado al uso del espacio y la puesta en escena nos permite rememorar un pasado que sostiene no solo la identidad de una región, sino de un país donde urge el diálogo y el enriquecimiento de la Historia. El 2012 quedará en la historia de la Patagonia, para muchos, como símbolo de derrota, como la última marcha que harían, como la última esperanza contagiosa que nos llenó de orgullo, mil doscientos cuarenta kilómetros unidos para que un Estado escuche, y aunque algunos levantaron banderas argentinas, nuestros corazones vestían banderas negras.

La ANEF tomó un rol preponderante, se convirtió en el centro telúrico donde chocaban los balines de acero, mientras en Puerto Aysén la gente luchaba y en cada barricada, en cada corte de camino en las diez comunas se resistía. El hospital permanecía sitiado, en la ANEF atendían voluntarios médicos y paramédicos, los delantales blancos de corazón con Bandera negra, resistíamos; todos, porque muchos no alcanzaban a llegar a casa, no había locomoción, entonces la ANEF se convirtió también en el puesto, un lugar de paso donde se quedaban hasta que amanecía y acababa ese toque de queda no declarado, y el fuego de las barricadas se apaciguaba y llevábamos banderas negras nuevamente a nuestras marchas diarias, a las que se sumaban los gauchos y huasos a caballo que llegaban desde otras localidades. Nos surgió una comunidad que nunca vimos, nos surgió un amor tan imposible como el que se explora en Bandera Negra de La Teta Teatro. Era el Estado el enemigo, cerramos nuestras fronteras.

La puesta en escena juega también en esos bordes, en un espacio íntimo, repleta de simbolismos y detalles que nos remiten a la revolución y al amor, porque el amor acontece también en las marchas, en medio de gases, guanacos, persecuciones, abrazos y llantos. Vinieron los fragmentos de esos días en que marchamos miles. Bandera Negra circunscribe un territorio desde el que se puede decir aún más, escribir aún más, narrar aún más, desde también el profundo silencio que quedó luego de esos cuarenta días. Ojalá sea esta una ventana: resistencia artística, discursiva y creativa desde la Patagonia. Si está en Coyhaique, véala; y si se mueve (eppur si muove), sígala. El teatro desde Aysén recuerda la nueva dramaturgia chilena, aquella que ha convertido la poesía en movimiento.

Directora: Antonietta Inostroza – inostrozagarabito@gmail.com

Dramaturgia: La Teta Teatro.

Actores: Cristian Lira, Carlos Galdames, Amelia Osorio, María José Vivero

Próximas funciones: 28 y 29 de septiembre, Coyhaique.


Poeta, periodista, Licenciada en Comunicación Social; Magister en Literatura Hispanoamericana, mujer patagónica de origen mapuche-huilliche.